El gobierno norteamericano ha dejado claro que hasta que no abandone el Swap chino no habrá más apoyo, pero eso es el grueso de las reservas y lo dejaría con depósitos mermados y toda clase de deudas. O nos alineamos con el bando perdedor, o quedamos al garete.

No pueden imaginar siquiera cómo aprovechar el reagrupamiento de la Celac con la Dalia blindada de México, Claudia Sheinbaum, el poeta guerrero de Colombia, Gustavo Petro, la fortaleza insigne de Cuba, Díaz Canel, los avances de Maduro o la prudente estabilidad de Lula. O el éxito creciente del BRICS con nuevos mercados y comercio con monedas propias.

Aquí la economía no crece: el consumo se desploma, salarios y jubilaciones por debajo de la inflación en dólares, los precios subirán más por el efecto de la devaluación y la calle se llenará aún más de demandas.

Aunque señores blancos habitantes de torres y barrios cerrados desfilen por los canales diciendo  en difícil que todo va bien, algo se puede corroborar en cualquier góndola o comercio, el movimiento obrero organizado se apresta a una manifestación de masas en unidad y con alianzas crecientes de cara al Primero de Mayo.

Después de tres paros generales (la forma máxima de protesta social) la movilización social asumió las demandas de universitarios primero, género y diversidad luego y finalmente de los DDHH el 24 de marzo. Son pasos que deben estimarse en toda su dimensión, toda vez que es la principal fuerza organizada y respaldo clave para elevar y sostener un gobierno afín a las necesidades populares.

La presencia y protagonismo de Walter Correa en el gobierno provincial es un gesto con más peronismo que cualquier opinión florida o insultante de las ortodoxias. Al contrario, la escasa comparecencia de diputados y senadores de origen sindical es otro símbolo de cómo el frente nacional y popular abandonó tradiciones y fortalezas. Algo para meditar a la hora de decidir listas. Basta ver las acciones, palabras y votaciones de Yasky, Palazzo, Carro o Siley… hasta, incluso Del Plá o Vilca, para ver coherencias ideológicas y compromisos con causas, donde otros exhiben compra-venta de votos y ensayos con pelucas.

El origen de clase no determina qué persona serás, pero el compromiso con las organizaciones que expresan intereses de clase te ubica en un lado u otro de la lucha de clases. Y, por favor, convénzame que eso es perimido. Por lo tanto es imprescindible caracterizar qué intereses expresa y defiende cada factor de nuestro frente. Desde un empleado de fondos buitres, hasta universitarios cuya única experiencia laboral es el empleo público, hay una variedad de conveniencias en el movimiento nacional y popular. Gobernadores de origen rural (y no como peones), intendentes de origen laburante, profesionales de todo tipo… El origen de clase y la adscripción a un estrato social e identidad profesional debiera ser un factor a considerar a la hora de decidir quién puede defender mejor nuestras propuestas.

Y en ese rubro, ya debemos comenzar a preparar las condiciones para decidir soluciones: si no vamos a pagar la deuda, hay que organizar las fuerzas sociales que soportarán sus consecuencias. Si vamos a controlar mejor el comercio externo o la circulación de dólares, hay que explicarle a la militancia el motivo de la necesidad y la forma de organización para neutralizar a los portavoces de la fuga, empleados con micrófono de la embajada y adoradores del dios dólar.

Dejar de lado el debate paralizador de quién hace las listas  y empezar a planificar qué haremos cuando esto se caiga.

El 2001 fue una manifestación de masas, inesperado incluso para las centrales sindicales, y la salida de De la Rúa nos agarro a medio del río. Nos costó quemar un Duhalde con ciertas capacidades y mucha experiencia, y las vidas de Kosteky y Santillán, la emergencia de un Néstor y una Cristina venidos del lejano sur. Ahora tenemos a Axel acumulando saberes en la provincia motor de la producción, a Gildo o a Quintela en la reserva o fuerza auxiliar.

La calle es nuestra, las condiciones maduran para asumir transformaciones profundas a favor de los que no comen, no tienen casa, trabajo o futuro. Falta el estado mayor que sintetice, se ponga al frente de la esperanza con un plan de salida de la crisis.

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