Según testimonios difundidos en grupos barriales y redes sociales, personas aún no identificadas estarían arrojando trozos de carne con fragmentos de vidrio en la vía pública, una trampa brutal que ya habría provocado la muerte de varios perros y gatos del barrio.

La modalidad es tan simple como salvaje. Pedazos de comida mezclados con vidrio molido o fragmentado aparecen en veredas, al pie de árboles o en pequeños espacios verdes donde los animales suelen olfatear. Cuando un perro o un gato ingiere esos restos, el resultado es una tortura interna: perforaciones en el aparato digestivo, hemorragias y una agonía dolorosa que muchas veces termina en la muerte.

Las denuncias apuntan principalmente a la zona comprendida por las calles Castilla, Lorenzini, Chopin, Aristizábal, Los Aztecas, Juramento y Don Cristóbal, aunque vecinos aseguran que los episodios podrían extenderse a otras cuadras cercanas. En distintos mensajes barriales se mencionan casos de mascotas que murieron tras ingerir estos restos y otros animales que debieron ser trasladados de urgencia a veterinarias con síntomas compatibles con ingestión de objetos cortantes o sustancias tóxicas.

La bronca es comprensible. Porque detrás de estas maniobras no hay “bromas pesadas”, sino actos deliberados de una crueldad miserable. Quien arroja comida con vidrio para que la ingiera un animal indefenso demuestra una mezcla de cobardía, sadismo y un raquitismo moral difícil de disimular. No se trata sólo de irresponsabilidad: es la conducta de personas capaces de provocar sufrimiento por pura mezquindad.

Veterinarios advierten que, ante casos de ingestión de vidrio o veneno, los animales pueden presentar vómitos —a veces con sangre—, dolor abdominal, sangrado por boca o heces, convulsiones o decaimiento repentino. En todos los casos recomiendan trasladarlos de inmediato a una clínica veterinaria, ya que la rapidez en la atención puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte.

Además del daño a las mascotas, la presencia de vidrio en alimentos abandonados en la vía pública representa un riesgo para niños y animales callejeros. Organizaciones de protección animal recuerdan que provocar deliberadamente la muerte o el sufrimiento de animales constituye un delito en Argentina, tipificado por la Ley 14.346, que prevé penas de prisión para quienes envenenen o maltraten animales.

Mientras tanto, los vecinos piden extremar precauciones, denunciar cualquier situación sospechosa y, sobre todo, que quienes cometen estas prácticas aberrantes sean identificados y respondan ante la justicia. Porque la crueldad contra animales no es una travesura: es un acto brutal que una comunidad no puede tolerar.

Este es el flyer que están haciendo circular por distintas redes sociales

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