Es difícil calzarme la lupa con la cual describir un estado alterado, un mundo cada semana un poco más convulso, podrido e inmoral, y un marco institucional, político e incluso social en nuestro territorio que, definitivamente, no arranca.
No hay caso, libertos. No arrancan. Y si encienden unos instantes el motor y avanzan la máquina algunos metros, sólo es para estrellarla contra la siguiente pared. Como un sketch de Los Tres Chiflados… pero, para pesadilla popular, son los que nos gobiernan y en tales circunstancias deciden acerca de nuestro propio devenir colectivo. Mientras tanto, el tiempo no para.
El coche no enciende. Permanece en punto muerto a mitad de una colina con una pendiente de 45 grados, y cada segundo de inmovilidad aumenta el riesgo de que la gravedad haga lo suyo.
Hace falta demasiada templanza de espíritu para situarse en el rol de observador cuando, a diario, se es arrastrado como víctima irredenta junto a millones de postergados en esta Argentina en rápido movimiento helicoidal descendente. Allí, los degenerados financieros y los parásitos rentistas de nuestro oro verde -es decir, nuestra pampa húmeda- se vuelven más y más ricos y dañinos, en una carrera de egos de poder y obscenidades de palacio sin final aparente.
Son el punto de no retorno nacional. O se los amputa definitivamente del control de las riquezas de la patria, o el país tal como lo hemos conocido comienza a disgregarse, a languidecer raudamente… y a desaparecer.
Algunos se aferran a sostener un velado apoyo a cuanta aventura “antipopulista” clave sus garras sobre el Estado nacional, con aquel latiguillo de la “corrupción” supuestamente exclusiva de los que construyen al otro lado del mostrador. Al respecto, recupero desde la amplia erudición de Julio Fernández Baraibar una definición que brindó Aldo Ferrer, en referencia al trasfondo del caballito de batalla de aquellos que -como señalaba al inicio de este párrafo- luego terminan entronizando a gobiernos destructores de todo lo nacional.
Veamos en palabras de la sabiduría de Ferrer qué es “corrupción” para unos y otros, y cuáles son sus verdaderos alcances:
“En el modelo nacional y popular, la corrupción es vernácula: se manifiesta, principalmente, en ilícitos vinculados a transacciones en el mercado interno. En el neoliberal es cipaya, porque tiene lugar principalmente a través de la especulación financiera con el exterior y la extranjerización de la explotación de los recursos naturales y los servicios públicos. Es decir, éstos agreden la soberanía”.
(Le Monde Diplomatique, marzo de 2016).
Datos duros que ayudan a entender el tránsito hacia la nada misma
Los bancos podrán descontar directamente de los salarios las cuotas de créditos personales, según habilita el artículo 36 de la reforma laboral libertaria. La medida extiende a las entidades bancarias la modalidad de descuento por nómina que hasta ahora estaba reservada a mutuales sindicales. El ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, celebró el cambio afirmando que permitirá “ampliar la oferta de préstamos y facilitar el acceso al crédito con posibles tasas más bajas mediante deducciones directas del salario”.
Traducido a lenguaje llano: el salario como garantía automática del sistema financiero.
A su vez, la suba de la morosidad ya enciende alarmas en el propio sistema que promovió esta arquitectura. Los principales bancos privados muestran deterioro en sus balances y sus acciones cayeron hasta un 30% en Wall Street en lo que va del año. El derrumbe alcanza al 10% en tarjetas de crédito y préstamos personales, más del 20% en billeteras virtuales y 9,3% en créditos a familias. También se triplicaron los cheques rechazados sin fondos.
El Grupo Galicia reportó pérdidas netas por 83 mil millones de pesos y el Banco Supervielle volvió a cerrar el trimestre en rojo. La recesión, la caída del consumo y las dificultades de pago en la industria se convierten así en el telón de fondo de una mora bancaria que ya supera más del doble de la registrada hace apenas un año.
En otras palabras: mientras se amplía la red para capturar salarios, el propio sistema financiero empieza a crujir bajo el peso de la economía real.
En tal contexto, que se va moviendo hacia un inexorable desmadre económico integral, el ministro de Economía Luis Caputo le pide oxígeno al FMI. Solicitó que la revisión de metas sea anual y no trimestral. No es un detalle técnico menor: Caputo viene incumpliendo las metas de reservas de dólares que acordó con el organismo desde junio de 2025.
Dicho de otro modo: la arquitectura económica oficial reconoce que ya no puede cumplir el cronograma que ella misma firmó.
Uno trata de no odiar, pero a la vez procura no olvidar a quienes mayor daño nos han hecho -o siguen haciendo- tanto en el presente como de cara al futuro.
El entramado absolutamente siniestro de empresarios, service orgánicos e inorgánicos, jueces corruptos, prensa ensobrada, resentimientos personales en tropa propia, carpetazos que vuelan por el aire todos los días sin excepción, transas a granel tanto legislativas como fuera del Congreso… no son de ahora. Seamos claros en esto. Nada nació de un repollo reciente.
Ni terminará jamás.
Son cuestiones intrínsecas a los sistemas de gobierno demoliberales. Y los que no lo son también tienen sus propias y profundas miserias. El mundo no fue ni será el paraíso que cándidamente auguraba La Internacional. Esto, claro está, excepto para las miradas binarias que romantizan o justifican todo lo que se le oponga a quienes ellos fustigan: binarismo del tipo yanquis malos, rusos buenos; chinos estratégicos versus Occidente decadente; opresión aceptable versus libertades civiles en nombre del antiimperialismo… y más parole, parole, mientras las bombas no paran de caer y los muertos se cuentan por miles.
Para empaquetar aún más al globo en un sendero de angustiosa incertidumbre y una carpeta de sangre a nuestros pies, emerge lo que bien puede definirse como un “Ceo-Nazismo” de Estados Unidos e Israel, de la mano de sus máximas dirigencias del mundillo financiero, informático y militar.
Pero todas esas balas que pican para todas partes, no terminan de impactar de lleno en los pasos incoherentes que da nuestro gobierno nacional. Y hay factores que ayudan a que eso suceda, a pesar de todo.
Es evidente que, en lo que al pago chico respecta, viene ganando el discurso de la unilateralidad, tan afecto a todas las variables de derechas ultras y moderadas liberales, y vastos sectores del falso “centro”, e incluso numerosos cuadros del aún autodenominado campo nacional popular.
Esto es: arrastrarse más o menos explícitamente hacia el alineamiento sistemático con Washington, so riesgo del advenimiento de una “barbarie” jamás verificada en la práctica, y confiar a cualquier precio en que dentro de algunas décadas el derrame acontezca y seamos potencia mundial.
Claro está que para entonces, estaremos casi todos muertos.
Lo más absurdo es que, para amplias franjas de nuestro pueblo, tamaña insensatez sigue siendo sinónimo de “ofrecer futuro”, incluso aunque en el fondo nadie se lo tome demasiado en serio. No hay forma de hacerlo.
Pero con eso -seamos muy claros-, con eso les sigue bastando.
Así de débil es (somos) aquello que se le sigue plantando, con lo que puede y con lo que tiene a mano, desde la vereda de enfrente, a esa cofradía de déspotas y apátridas plenamente convencidos de lo que son, lo que hacen y hacia dónde apuntan a llevarnos.
