Finalmente la novela entre el Club Atlético Boca Juniors y Valentín Barco, que ya llevaba más de un año y medio, llegó a su fin. El juvenil talento de las inferiores xeneizes notificó al club que tiene decidido irse; o Boca acepta la oferta del Brighton, equipo menor de la liga inglesa, por 9 millones de dólares por el 90% del pase o ejecutará la cláusula de rescisión fijada en 10 millones de dólares.
Así las cosas cabría preguntarse: ¿Es Barco quien pone a Boca contra la espada y la pared? Bien, si se revisa la génesis de esta historia, podríamos aproximarnos a una respuesta muy rápidamente. A mediados del 2022 el Consejo de Fútbol de Boca inició, sin éxito y soportando rechazo tras rechazo, los intentos para renovar el contrato de Barco. Recién en febrero del 2023 Barco decidió obligar a Boca a renovarle contrato hasta diciembre de 2024 con la condición impuesta por su representante Adrián Ruocco, de que se mantenga una cláusula de rescisión baja, fijada entonces en 10 millones de dólares, y que Boca se vio obligado a aceptar para no pagar el costo político de que Barco, ya por entonces inflado por los medios deportivos hegemónicos dominados por Juan Cruz Ávila y Mauricio Macri, se vaya gratis. Así se dió la renovación de Barco con Boca y se vió claramente, sobre todo en el receso invernal de 2023, que el escenario actual era inevitable, dado que ya en ese momento otra vez ESPN, sobre todo esta señal televisiva, agitó los fantasmas de una ida prematura de Barco al Manchester City para presionar sobre la dirigencia de Boca en plena etapa final de Copa Libertadores. Y hoy Barco se va por la cláusula que su representante fijó. Y se va casi como un Gareca/Ruggeri del siglo XXI. Entonces, sí, ahí surge la respuesta a la pregunta inicial: Barco y su representante ponen a Boca contra la pared. El futbolista es consciente de lo que pasa, de sus deseos materiales y de los intereses a los que sirve.

Es de hacer notar, antes de terminar este breve racconto de extorsiones, que el señor Ruocco que representa a Barco, es el mismo representante del señor Carlos “eólico” Tévez, empleado y socio de Mauricio Macri. Lo cual indica que será un año donde el club de la Ribera deberá mantenerse con la guardia alta permanentemente. Parece ser que, muy lejos de resolverse, la disputa por Boca como un espacio de poder político-económico y social recién comienza, tras el amplio triunfo del riquelmismo en las elecciones de diciembre pasado. La salida forzada de Valentín Barco se inscribe, sin ninguna duda, en el marco de aquella pelea, y es una muestra de que los tiempos que se avecinan serán complicados para el cuadro xeneize. Atento a todo Riquelme; a los árbitros, al VAR, a las sanciones, a la justicia. Serán tiempos de lucha, y el actual presidente de Boca ya demostró que decir, movilizar y masificar la participación colectiva es algo que sabe hacer perfectamente.
