Documento para la reflexión que aporta la Red de Comunicadores del Mercosur

Parece necesario precisar, entonces, que las mismas formatean un escenario de disputa. Un lugar donde, mayoritariamente, el enemigo tiene el control del territorio, compuesto por redes sociales e innumerables herramientas digitales y tecnológicas. Esto no presupone no valorar los esfuerzos y desarrollos propios, la militancia que allí “combate”, la guerrilla comunicacional en un terreno adverso.

Si la comparación es permitida, podríamos decir que, frente a los nazis y sus aliados, estaban allí los partisanos, los maquis, la resistencia en cada país, que fueron importantes para sostener la ofensiva aliada y la posterior invasión por Normandía o el avance incontrastable del frente soviético.

Ahora bien, ¿Desde dónde el campo nacional y popular latinoamericano elabora su propio armado político/comunicacional y con quien construye la ofensiva que pueda dañar táctica y estratégicamente a los sectores de poder?

Por lo tanto, no estamos haciendo referencia solamente a medios y herramientas, sino fundamentalmente a contenidos, y como los mismos deben ser expresión de construcciones colectivas y niveles de articulación, y no de decisiones individuales, de militancia que sentada con una computadora y con más o menos fierros tecnológicos, crea y genera productos para las redes.

No sólo hablamos de reproducir de distintas maneras consignas, hechos, decisiones de gobiernos y organizaciones político y sociales, sino de una síntesis dialéctica entre la comunicación y la organización, de cualquier tipo; pero donde el requisito fundamental es la interrelación de ese sujeto o esos sujetos con una metodología y un accionar de conjunto, expresada en sindicatos, cooperativas, partidos, expresiones sociales, etc.

Y esto no es hacer un basismo conceptual, sino tener un “cable a tierra”, retroalimentado, y en donde los mecanismos de participación popular, frentes de masas, de estructuras que evalúen, sistematicen y sinteticen experiencias, impactos, prácticas, deben ser elementos insustituibles para la gestación de una comunicación liberadora, no sólo de una difusión exitosa, o de una producción intensiva de videos, registros masivos en Instagran, Facebook y demás dispositivos.

Si la batalla es de redes con redes, de difusión y/o respuestismo a lo que plantean los grupos de poder, encajamos en su lógica y en los lugares adonde quieren llevarnos y posicionarnos, que no los elegiremos ni definiremos nosotros.

Entonces ese compañero o compañera que milita, crea y usa distintas redes debe tener una relación orgánica que permita expresar con seguridad, elementos y noticias que potencien a la propia organización y legitimen las producciones que se generan.

Tan necesario como escuchar más y hablar (de diferentes formas) menos, es el “parar la pelota” y repasar lo trabajado y rediseñar las acciones a futuro, priorizando el criterio de corroborar en esa práctica concreta, el impacto, las consecuencias y la valoración que la población hace de lo que hemos hecho, con las diferentes herramientas, en cada sector, franja etaria, o campaña realizada.

Sin una organización que sustente nuestra tarea, por más creatividad y recursos que se tengan, tarde o temprano, la capacidad de gestión y respuesta del enemigo nos golpeará y nos aislará, debilitando nuestras posiciones y accionar. Por lo tanto, la definición de impulsar espacios y ámbitos de coordinación es un elemento prioritario a la hora de avanzar con nuestros procesos en comunicación.

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