(Un hombre con inquebrantables convicciones)
En ocasiones, hay historias que por alguna razón se le «escapan» a uno. A principios de la década del ochenta estuve un poco distanciado del pago chico moronense. Y hubo situaciones o hechos con los cuales fui perdiendo contacto. Con el tiempo, un hecho fortuito puede rescatarlos del olvido. Eso fue lo que me pasó, leyendo en el facebook oficial de Los Matreros sobre Graham Mourie, y sobre él se va a tratar este relato.
Para ir entrando en clima, hay que saber que por aquellos años, en Sudáfrica regía el apartheid (lit. ‘separación’ en afrikáans). Era un sistema de segregación racial establecido por la raza blanca (21% de la población) para mantener su exclusividad el poder. Consistía en la creación de lugares separados, tanto habitacionales como académicos o recreativos, para los diferentes grupos raciales.
El deporte sudafricano era boicoteado deportivamente entonces por una gran mayoría de países. En ese contexto, su seleccionado nacional de Rugby fue invitado a realizar una gira por la Federación Neozelandesa del deporte del balón ovalado.
La sociedad neozelandesa estaba profundamente divida entre los partidarios y los opositores a la gira. El primer ministro australiano, Malcolm Fraser, llegó a prohibir que el avión que llevaba a la selección sudafricana repostara en su país. A toda esta trama convulsionada, había que agregar que Sudáfrica hubiera prohibido la presencia de jugadores maoríes en su país años antes, para jugar un simple partido de rugby. Fue entonces cuando 150.000 neozelandeses firmaron el manifiesto “No Maoris, No Your”.
El 19 de julio de 1981 el seleccionado de Sudáfrica llegó a Nueva Zelanda para disputar tres encuentros. Incluso dentro de los All Blacks, hubo posturas irreconciliables. El partido a disputarse en Hamilton debió ser interrumpido debido a la invasión del campo de juego y enfrentamientos con la policía, que luego continuaron por las calles. Durante el cotejo, manifestantes habían sobrevolado el estadio en avioneta y lanzaban ‘bombas’ de harina sobre los jugadores, llegando a alcanzar incluso al All Black Gary Knight.
Antes de que se disputara el primer encuentro de la gira, el capitán de los All Blacks, Graham Mourie pasó varias noches sin dormir pensando en el rugby y el racismo. Fue entonces cuando tomó una decisión difícil, pero decidida: renunció a jugar contra la selección sudafricana de rugby de los Springboks durante su gira. En ese momento, Graham era capitán de los All Blacks. Después de haber leído libros sobre Sudáfrica, de investigar y averiguar sobre personas que habían visitado aquel país, tomó la decisión. Creo que uno de los problemas de nuestra sociedad es que, en general, somos hedonistas y hacemos lo que nos hace sentir bien, en lugar de lo que sabemos que es correcto», dijo. Su compañero Bruce Robertson le siguió los pasos.
Siendo integrante de un deporte de equipo, a él le preocupaba naturalmente decepcionar a sus compañeros. «Tenía muchos buenos amigos que salieron a jugar y que se habrían sentido defraudados personalmente. Algunos lo entendían. A otros les habría gustado no jugar, pero no se sentían capaces de hacerlo. Mark Donaldson me hizo saber que estaba bastante disgustado por lo que había hecho y que no deberían volver a elegirme».

“La gente tiende a tomar decisiones personales sobre su estilo de vida, en lugar de fijarse en la ética y la moral”, manifestó Graham. «Dicho esto, en lo que respecta a la gira del 81, no fue sólo la situación sudafricana, fue también el propio rugby».
Mirando hacia atrás, la gira sí perjudicó al rugby. «No era difícil tener razón», aseguró. «Desde el punto de vista neozelandés, se vio como un balón de fútbol político para que Robert Muldoon (Primer Ministro en aquel entonces), lo utilizara como quisiera».
A raíz de su postura personal, Graham recibió cartas de odio. Más de 20 años después, se ríe de ello. «Probablemente recibí tantas como cuando era entrenador de los Hurricanes. También recibí mucho apoyo».
No siempre de sus allegados. «Mi padre y miembros de mi familia pensaban que estaba siendo un poco imprudente al hacerlo». Pero no hubo mayores consecuencias. «No creo que se pierdan amigos por ese tipo de cosas; puede que se pierdan conocidos».
En 1976, Mourie había visitado Argentina siendo el capitán de los All Blacks, en la primera gira de los neozelandeces por el país. Aquí conoció a Claudia María Servín, quien luego sería su esposa. Un año después, la pareja se reencontraría en Francia. El, mientras jugaba rugby en París y ella estando de vacaciones. Claudia siguió a los All Blacks a Nueva Zelanda, pero el matrimonio duró tres años.
En 1981, Graham Mourie se encuentra en nuestro país. Fue invitado especialmente por la U.A.R. (según consta en la Memoria de la entidad) a una reunión de la que participaron los capitanes de la División Superior, en la que disertó acerca de las funciones, responsabilidades y personalidad del capitán.
En mayo de ese año participó de un partido en la Segunda División. Graham Mourie fue titular del primer equipo de Los Matreros que doblegó a Biei por 25 a 7. Hizo reconocimiento de cancha el jueves anterior al partido, y cuenta la anécdota que al tomar contacto con la dureza del campo de juego, decidió no utilizar su técnica de “Sneak-Kneeks” (deslizamiento en rodillas) que hacía furor en N. Zelanda y le permitía rescatar pelotas sin perder velocidad. Dicen que le costó adaptarse un poco a la áspera técnica y táctica del crudo juego de los moronenses. Estaba acostumbrado a un juego muy rápido, y Matreros desplegaba un sólido juego de control y mantenimiento de pelota.
He oído por ahí que disfrutó y quedó encantado con el tercer tiempo de “té con papas fritas” y flautines de mortadela de “Doña Gladis”, panadería que en épocas de severo amateurismo, sponsoreaba clandestinamente al equipo de la Primera.
Matreros terminó el año en el segundo puesto. Jugó dos partidos reclasificatorios con el Belgrano A.C. En el primer partido cayó 10 a 9 y el segundo fue un empate en 6. De ese modo, Belgrano A.C. conservó así su puesto en 1ra.División.
A su vez, Mourie volvió al seleccionado de su país. Jugó contra Rumanía y Francia en una gira en la que ganó la serie durante el verano de 1981-82 y terminó su carrera con los All Blacks con una victoria ante Australia en Auckland, en la serie de la Bledisloe Cup en Eden Park en el invierno de 1982.
Fue entrenador a nivel de club, provincial y Super rugby, y en 2003 fue nombrado miembro de la junta directiva de rugby de Nueva Zelanda.También, Presidente del Comité de Selección de Oficiales de Partido de World Rugby.
