Hace instantes, un integrante del equipo de Diario Huellas recorría Castelar norte por avenida Sarmiento, y encontró la cortina metálica de un comercio de cercanía, llena de papeles manuscritos. Al acercarse, comprendió todo a la perfección…

Nos informa Javier Argolo que en ese local comercial funciona un autoservicio de barrio, cercano al colegio Sagrado Corazón de la citada localidad; su encargado, llamado Sergio, atraviesa inconvenientes de salud. Y tal como atestigua la fotografía, recibe numerosas muestras de afecto de parte de vecinos y clientes habituales.

La imagen enmarca un vínculo que conmueve. La profunda sencillez del amor más genuino. La búsqueda del acompañarse entre buenos vecinos, hacerse presente «en las malas» con el corazón.

Como nos comenta el Consejero Escolar que captó esta instantánea, «En épocas de hipermercados, de consumismos, esto muestra el vínculo de ese viejo almacenero con sus vecinos, que son mucho más que meros clientes».

Delante de esa cortina metálica, en esta fría noche del conurbano oeste bonaerense, los automóviles pasan, cada uno ensimismado en sus micro-universos. Acaso arrastrando urgencias de lo más dispares. Pero esa cortina cobra sentido propio, late de modo imperceptible para los apurados de aquí y allá… allí, estoicas al viento, esas esquelas rebosan vitalidad, y le hacen llegar a Sergio, lo mejor de ellos. En un palmario ejemplo que, una y mil veces, lo más maravilloso que tenemos, somos nosotros mismos en tanto pueblo. Y ni la peor de las tempestades -institucionales, porque siempre emanan desde arriba- logrará extirpar estos valores tan dulcemente aprehendidos por tantos hombres y mujeres anónimos que, simplemente, aún están comprometidos en desearle el bien al prójimo.

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