Errar en el arco contrario, y colaborar para que te conviertan de algún modo en el propio, la tendencia de esta oxidada versión invernal del Deportivo Morón
El equipo dirigido por César Monasterio acumuló su tercera caída consecutiva y se sigue hundiendo en las posiciones, disputadas 30 fechas de la dura temporada 2024 de la Primera Nacional.
En esta ocasión, le tocó visitar el famoso “Cementerio de los Elefantes”, partido a priori muy difícil, con un gallito que llegaba con numerosas bajas por lesiones en un plantel ya de por sí abundante en limitaciones en todas las líneas, en tanto Colón de Santa Fe se encontraba en medio de una caída pronunciada, pasando de ser el indiscutido líder y candidato durante la primera ronda , con toda la obligación de ascender saliendo campeón, a este presente en la 6ª posición, lleno de complicaciones y con un público decepcionado y molesto por este presente imprevisto pocos meses antes.
Así las cosas, el partido se desarrolló bastante a pedir de Morón. Con un Colón nervioso y sin ideas, intentando doblegar a la visita pero muy lejos de lograrlo, sin generar peligro. Incluso varias de las mejores oportunidades habían estado en los pies de jugadores del gallito, todas desperdiciadas, una tras otra.
El partido iba rumbo a uno de esos 0-0 “mete gol gana”, que en el caso de haber tenido alguna solución para convertir en el arco rival, Morón quizás hasta en una jugada se podría haber encontrado con la victoria.
El desarrollo del segundo tiempo profundizó estas tendencias, hasta que llegaron dos situaciones que desencadenaron esta nueva derrota para los del conurbano oeste:
En primer medida, el inexplicable cambio de Santiago Sala para el ingreso de Emilio Lazza: Y no me refiero al “gran nivel” del delantero que se lesionó (y que ya está probado que no aporta soluciones en la ofensiva), sino al puesto del jugador entrante, retrasando inevitablemente al Gallo en el peor momento de Colón, y de este modo, cediendo innecesarios metros al rival.
El segundo factor, fue la “amateur” expulsión de, justamente, Emilio Lazza, quien de modo grotesco y sin mayores explicaciones racionales, saltó y golpeó duramente sobre la espalda a un rival en la mitad de la cancha. Era una de tantas jugadas intrascendentes. Tras cartón, de ese mismo tiro libre, y en una serie de inexplicables rebotes, un jugador de Morón la baja mal de cabeza hacia atrás en su propia área, otro “la acomoda” en un pésimo cierre, y le dejan literalmente servida la pelota a Nicolás Talpone , quien de este modo y ya transcurriendo el minuto 85 del partido, logra encontrar el gol, para desahogo de un Colón repleto de nerviosismo, que muy lejos estaba de poder convertir, e incluso siquiera generar una situación clara contra el arco defendido por Rojas.
Dentro de lo cada día más difícil que resulta analizar desapasionadamente a este equipo, sobre el final vendrían 2 acontecimientos dignos de apagar el televisor. Morón, con 10, va y “corajea” hasta el final, Colón defiende mal, se suceden las situaciones propicias para alcanzar un empate y, paralelamente, amigarse con la red ajena: Rodrigo Arciero remata, y un jugador aparece “milagrosamente” para despejarla, interponiéndose en el trayecto de la pelota hacia el arco. ¿Puede ocurrir? Sí, pero en este caso, no fue un defensor del sabalero, sino que quién apareció para despejar fue… Matías Romero, que a su ya probada dificultad para llegar al gol, ahora también le añade la “capacidad” de despejar remates de sus propios compañeros.
El segundo acontecimiento ocurre un minuto después, cuando luego de un despeje fallido del equipo local, Morón empuja, la pelota queda boyando en el área, Iván Vaquero entra a la carrera sin marcas, acaso en una posición mejor que la de un penal en movimiento, pero la “calza” muy abierta… y para pesar suyo y de todo el equipo, la pelota viaja 3 metros arriba del arco santafesino.
Y caída del telón. Por tercer partido al hilo, un gol fortuito o “sacado de otro partido” fue suficiente para que el 1 a 0 se inamovible.
Perdió el Gallo, que cada vez preocupa más, el reducido ya es un sueño de ingenuos, y el descenso es un fantasma que podría llegar a golpear la puerta, a menos que otros dos rivales de paupérrimas nos salven.
Un equipo al que le convierten mayormente por yerros propios “errores no forzados” como le llaman, y que por impericias varias, “evita” sus propios goles, no es para nada extraño que a esta altura del certamen, ya dependa de otros para no peligrar su permanencia, y enrarecer aún más el clima general entre su hinchada y masa societaria.


