Inauguramos esta sección destinada a la opinión de la comunidad lectora de nuestro medio. En este caso, la opinión de un vecino de la localidad de Haedo
Por: José, vecino de Haedo «Pepe Patrio»
Los 70 nos llevaron por el camino del derramamiento de sangre entre compatriotas. Con voces que, hasta hoy, sin ninguna maduración por lo vivido quieren o seguir argumentando para validar las barbaridades hechas, justificándolas inclusive hasta pretender reiterarlas. O continuar reclamándole alguna vara de justicia a una sociedad que por acción y/u omisión nos sacó de aquellos tiempos, sociedad que hoy mayoritariamente está constituida por jóvenes que no vivieron esos tiempos, y a los que ya nos les importan viejas historia y teorías.
Pero la política y los políticos parecen que no entienden (Porque las viejas ideas se les siguen cayendo dentro de la agenda pública) que los tiempos son otros y que hay nuevas generaciones que tienen búsquedas, expectativas y demandas que ya nada tienen que ver con esos tiempos, que aquella vieja violencia que anidó y todavía azuzan, nos trajo también a estas épocas: la cultura de los fierros que potencia la violencia en el delito, algo de lo que todos ya estamos hartos, violencia en el delito que se paga con sangre de inocentes.
Si hubo algo que marcó el fin de los 70 y sus protagonistas fue el derramamiento de sangre de inocentes y la falta de aceptación de ello por parte de la sociedad civil.
Los 80, desterrando por la voluntad civil la violencia, nos trajeron una democracia que hasta hoy nos dura; democracia que todos quisimos y que no fue patrimonio de ningún partido. Y en esa década del 80 la democracia, que trastabilló por suerte sin caerse, no resultó lo suficientemente apuntalada por la política y el establishment, por lo cual no sorprendió que, una vez más, fuera la sociedad civil la que le pusiera el hombro.
Los 90 nos dieron nuevos aires, pero también una continuidad de protagonistas de vieja data y viejas mañas que le dieron un gran oxígeno a la corrupción y al enriquecimiento de la clase política y dirigente. Nos llevaron a una salida en crisis, que fue soportada y resistida por la sociedad civil, con una clase dirigente y política de absolutamente todas las facciones, partidos y sectores, que no estuvo a la altura ni de los tiempos ni de las circunstancias. Lo cual derivó en aquel “Que se vayan todos”.
A partir de los 2000 nos encontraron en el fondo del mar, empujando entre todos una salida a la gran crisis, y nuevamente fue la sociedad civil la que empuño el remo. Vivimos todos estos años del nuevo siglo atónitos por las viejas rencillas y el reflujo de dogmatismos arcaicos, en un mundo que avanza a paso acelerado y nos deja cada vez más atrás en el universo, sinónimo de un futuro oscuro para las nuevas generaciones, que miran asombradas conducir a los gerentes de la corrupción, el nepotismo, el desorden, la falta de valores, la continuidad de los fracasos, el favoritismo, la pelea por las cajas por sobre los ideales, la falta de alternancia, la falta de búsqueda de convergencia social, el enriquecimiento de la clase social vinculada al manejo del estado a través del reparto de puestos y cargos, la falta de apego a la ley, el sostenimiento de los mismos de siempre en los lugares que debieran ser de todos y para todos, el amiguismo que conduce al defender la falta de mérito y condiciones personales, de la falta de funcionamiento de las instituciones y los poderes del estado, tener la letra completita pero nunca encontrar el compás de la música.
Va llegando la hora de que empecemos a dejar de fracasar, ya todos sabemos todo, cuando lo que está mal no sale en los diarios, sale en la tele, o sale en la radio, o ahora en las redes sociales que ya no dejan verdad o pecado sin ocultar y cuando no, nos inventan lo suficiente con las FakeNews como para inculcarnos un nuevo credo; o sin que nos lo cuenten ya todos nos habíamos enterado, por que todo llega por algún lado en estos tiempos, o por todos, al mismo momento.
Hay todavía un país y un futuro por construir. Lo que vendrá no está hecho: que lo nuevo, lo joven, lo meritorio y lo bueno para todos pondere por sobre todo lo otro; eso es una revolución. Que lo arcaico, lo viejo y lo tóxico que venimos soportando de la mano de lo mismo de siempre y de “Los Mismos de Siempre” se empiece a morir de una vez por todas. La Casta es solo un apodo para algo que ya todos conocíamos. No hay nada más fácil redituable y berreta que agrietar y transar para no ponerse de acuerdo, que no siga siendo esto la política. Demos el paso adelante, por la Patria y por Nuestros Hijos.
