Hago en esta ocasión una mención especial a mi abuela, Haydee Salatino, por su cumpleaños el martes pasado y de quien Hugo del Carril fuera su cantor favorito.

Nació un 30 noviembre de 1912, en el porteñísimo barrio de Flores, en la Capital Federal. Ya muy jovencito comenzó en la radiofonía argentina, primero como locutor, alternando esta actividad con la de cantor, vocación que traía ya en el alma y que se nutriría, acrecentaría y afirmaría en su admiración por Carlos Gardel, y de la que terminó finalmente haciendo profesión.

Como cantante, actor y director, su contribución al cine nacional fue inmensa, convirtiéndose en uno de los artistas más completos y versátiles de su generación. Su carrera cinematográfica comenzó a mediados de la década de 1930, y su figura se mantuvo vigente hasta bien entrados los años 60. A lo largo de su vida, del Carril protagonizó y dirigió una serie de películas que no solo dejaron una huella en la historia del cine, sino que también le permitieron proyectar su talento a nuevos horizontes artísticos.

Inicios Musicales: Los Primeros Pasos en la Radio

Nacido como Piero Bruno Hugo Fontana, creció en una familia modesta, donde desde niño mostró interés por la música. En sus primeros años, buscaba abrirse camino en un ambiente competitivo y se dedicaba a cantar en cafés y teatros de barrio, acercándose al tango casi de manera autodidacta. Durante los años 30, cuando el tango vivía un momento de auge, encontró su primera oportunidad importante en la radio.

Fue en la Radio Nacional donde su voz comenzó a resonar entre los oyentes porteños. Al principio, interpretaba tangos de otros autores, muchos de ellos con la música y letras de las grandes orquestas de la época. Su presencia en la radio no pasó desapercibida, y su estilo interpretativo, cargado de una melancolía íntima y una fuerza expresiva particular, lo diferenció de otros cantantes. Esto le abrió puertas para grabar su primer disco en 1935, comenzando una carrera discográfica que sería extensa y llena de éxitos.

El Estilo de Hugo del Carril: Una Voz Profunda y Emotiva

Uno de los grandes méritos de Hugo del Carril fue su capacidad para dotar al tango de una expresividad única. Su tono grave, profundo y resonante, cargado de emoción contenida, era ideal para interpretar tangos cargados de nostalgia, como aquellos que hablaban de amores perdidos, la soledad o las penurias de la vida urbana. A diferencia de otros cantantes de tango que cultivaban un estilo más decorativo, del Carril prefería una interpretación directa y sincera, apelando a las fibras más sensibles del oyente.

Este enfoque le permitió desarrollar un estilo propio en la década de 1940, un momento clave en su carrera musical. Las letras de tango, muchas veces plagadas de imágenes de tristeza y recuerdos, encontraban en su voz la autenticidad necesaria para conectar emocionalmente con el público. Temas como «Nostalgias» y «El último organito» fueron algunos de los éxitos que mostraron su capacidad para transmitir esa mezcla de tristeza y belleza que define al tango.

Además de su habilidad interpretativa, del Carril fue reconocido por su versatilidad. Aunque el tango fue su gran amor y el género que más lo identificó, también se acercó a otros ritmos argentinos como la milonga, el vals criollo y las canciones folclóricas, mostrando su amplio rango musical. Esta diversidad lo hizo popular no solo entre los amantes del tango tradicional, sino también entre quienes apreciaban la música popular argentina en general.

A lo largo de su carrera, Hugo del Carril grabó más de 500 canciones, muchas de las cuales se convirtieron en grandes clásicos del repertorio tanguero. Algunas de las canciones más recordadas incluyen:

«Nostalgias»: Una de sus interpretaciones más icónicas, donde del Carril muestra su capacidad para transmitir una tristeza casi tangible. La letra, que habla del anhelo de un amor perdido, encontró en su voz el tono perfecto para expresar la desesperanza de quien no puede olvidar el pasado.

Nostalgias (1936) Música de Juan Carlos Cobián y letra de Enrique Cadícamo

Hugo del Carril, en la película «La noche y tu»

«Pobre mi madre querida»: Este vals cuenta la historia de un hombre que expresa su dolor por la difícil vida de su madre, marcada por la pobreza y el sufrimiento. En la canción, el protagonista manifiesta su arrepentimiento por no haber sido capaz de darle a su madre una vida mejor, y expresa su amor y respeto hacia ella.

Hugo del Carrill, en la película «Pobre mi madre querida»

  • «Caminito»: Uno de los tangos más populares de la historia, compuesto por Gabino Coria Peñaloza y Juan de Dios Filiberto, fue interpretado por del Carril en numerosas ocasiones. Su versión sigue siendo una de las más destacadas por su tono lírico y su emoción contenida.

Caminito (1926) Música de Juan de Dios Filiberto y letra de Gabino Coria Peñaloza

Además de estos éxitos, del Carril grabó muchas canciones que fueron parte de la banda sonora de las películas que protagonizó, lo que reforzó su imagen de artista integral, capaz de combinar su talento vocal con su presencia en la pantalla.

Colaboraciones con Grandes Orquestas del Tango

La carrera musical de Hugo del Carril no puede entenderse sin hacer referencia a las grandes orquestas con las que trabajó a lo largo de su vida. Algunas de las más importantes incluyen la de Francisco Canaro, uno de los compositores y directores de orquesta más célebres de la historia del tango, y la de Aníbal Troilo, conocido como «Pichuco», cuya orquesta fue una de las más influyentes en la evolución del género.

Trabajar con estas orquestas permitió a del Carril destacar aún más su talento, al contar con acompañamientos musicales de altísima calidad. La interacción entre la potencia de su voz y las orquestaciones de figuras como Canaro o Troilo creó algunas de las interpretaciones más memorables de la época dorada del tango.

El Inicio en el Cine: De Cantante a Actor

La incursión de Hugo del Carril en el cine fue una extensión natural de su creciente fama como cantante de tango. En la década de 1930, mientras consolidaba su carrera musical, el cine argentino también estaba en auge, y del Carril fue una de las figuras que supo aprovechar el potencial del séptimo arte para ampliar su presencia en el ámbito cultural.

Su debut cinematográfico llegó en 1936 con la película Los muchachos de antes no usaban gomina, dirigida por Manuel Romero, un éxito de taquilla en su tiempo. El film, basado en una exitosa obra de teatro, mostraba a un joven Hugo del Carril en el papel de uno de los personajes principales, lo que le dio una enorme visibilidad. En esta película, del Carril exhibió no solo sus dotes para la actuación, sino también su carisma en pantalla y su capacidad para interpretar personajes intensos y románticos.

La popularidad de Los muchachos de antes no usaban gomina le abrió las puertas para que Hugo del Carril continuara su carrera en el cine, donde rápidamente se estableció como uno de los actores más importantes del momento. A partir de ese momento, el cine argentino encontró en del Carril un talento actoral que podía encarnar tanto la sensibilidad melancólica de un amante frustrado como la fuerza del héroe popular.

Los Grandes Éxitos: Estrella del Cine Popular

En los años 40, Hugo del Carril alcanzó la cima de su popularidad como actor. Durante esa década, protagonizó una serie de películas que lo consagraron como una de las figuras más queridas del cine nacional. Entre sus trabajos más recordados se encuentran filmes como La canción de los barrios (1941), La vida de Carlos Gardel (1949) y La cabalgata del circo (1945). Este último film, dirigido por Mario Soffici, fue uno de los más importantes de la época y contaba en su elenco con una joven Eva Duarte (futura Evita), en uno de sus últimos papeles como actriz antes de dedicarse a la política.

La cabalgata del circo: Es una de las películas más emblemáticas de su carrera, y representa una fusión perfecta entre el cine popular, el tango y la pasión argentina. Del Carril interpretaba a un hombre del pueblo, con una historia de amor y lucha, lo que consolidaba su imagen como un héroe cercano al público. En el film, su presencia en pantalla era magnética, destacándose tanto en las escenas dramáticas como en las más románticas.

Hugo del Carril y Eva Duarte en La cabalgata del circo

Su relación con el tango en el cine también fue crucial. Del Carril no solo actuaba, sino que en muchas de sus películas también interpretaba canciones de tango, lo que lograba una sinergia única entre su faceta de cantante y actor. Las escenas en las que cantaba tangos, como en La vida de Carlos Gardel, una biografía ficcional del mítico cantor, eran particularmente aclamadas por el público. Para muchos, del Carril logró llevar a la pantalla el espíritu del tango, encarnando a personajes que, como el propio Gardel, representaban los anhelos y tristezas del pueblo.

El Salto a la Dirección: Un Cineasta Comprometido

A comienzos de los años 50, Hugo del Carril decidió ampliar su carrera artística dando un salto audaz hacia la dirección cinematográfica. Su debut como director fue en 1952 con la película Historia del 900, pero fue con su siguiente film, Las aguas bajan turbias (1952), que realmente marcó un hito en la historia del cine argentino.

Las aguas bajan turbias: Es una de las obras más importantes y comprometidas del cine nacional. Basada en la novela El río oscuro de Alfredo Varela, la película aborda la explotación brutal de los trabajadores yerbateros en el noreste argentino. Del Carril, en un claro gesto de compromiso social, decidió llevar esta historia a la pantalla con un enfoque realista y crudo, presentando las injusticias sufridas por los peones rurales a manos de los patrones. La película, a pesar de ser un éxito, fue fuertemente censurada por el gobierno de la época, ya que sus temáticas sociales eran vistas como una crítica directa a las estructuras de poder y las desigualdades sociales que imperaban en el país.

El film se destacó no solo por su contenido social, sino también por su calidad cinematográfica. Del Carril demostró un gran dominio del lenguaje visual, utilizando la fotografía y los escenarios naturales para transmitir la dureza de la vida en el campo. Su estilo narrativo, cercano al neorrealismo italiano, fue aclamado por la crítica, y Las aguas bajan turbias se convirtió en un punto de referencia para el cine argentino de la época.

La Etapa como Director: Arte y Política

A partir de Las aguas bajan turbias, Hugo del Carril se consolidó como uno de los directores más importantes del cine argentino. Su compromiso con las temáticas sociales y su cercanía con el peronismo marcaron esta etapa de su carrera. En sus películas, del Carril abordó los problemas de la clase trabajadora, la opresión y la lucha por la justicia, temas que resonaban fuertemente en una Argentina atravesada por profundas tensiones políticas y sociales.

Una de sus obras más destacadas en esta etapa fue Amorina (1961), una película que cuenta la historia de una mujer del pueblo que lucha contra la adversidad y la injusticia. Al igual que en sus películas anteriores, del Carril utilizó el cine como una herramienta para reflejar las vivencias y dificultades de las clases populares, logrando crear personajes humanos y cercanos que conectaban profundamente con el público.

Hugo del Carril con Juan Domingo Perón y María Estela de Perón

Sin embargo, su estrecha relación con el peronismo también le trajo dificultades. Tras el golpe militar de 1955 que derrocó a Juan Domingo Perón, del Carril fue perseguido y su obra fue en parte censurada. Durante los años de la dictadura, fue marginado del ambiente cinematográfico, lo que limitó su producción. A pesar de ello, continuó dirigiendo películas hasta bien entrados los años 60, demostrando una vez más su tenacidad y su compromiso con el cine como herramienta de transformación social.

Hugo del Carril falleció el 13 de agosto de 1989 por problemas cardiacos y tras episodios depresivos por la muerte de su esposa 3 años antes. La cultura argentina perdía a uno de sus hijos y nacía la leyenda. ​Su contribución al cine, al igual que a la música, lo convirtió en un verdadero ícono de la cultura argentina. Como artista multifacético, del Carril supo trascender las fronteras de los géneros y disciplinas, convirtiéndose en un símbolo de talento, compromiso y dedicación. Hoy, sus películas continúan siendo estudiadas y apreciadas, no solo por su calidad artística, sino también por su valentía al abordar los problemas de su tiempo.

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