Aristarchus está de retorno. Años atrás, más exactamente en nota fechada el 20 de abril de 2022, revelábamos desde la querida y ya desaparecida revista Huellas Suburbanas, que este cráter lunar había viajado de vacaciones a la Tierra, y le había encantado la ciudad de Morón para alojarse y darle rienda suelta a unas merecidas vacaciones luego de millones de años de aburrimiento en la Luna.

Pasó el tiempo, Aristarchus se retiró, el cráter dejó de estar entre nosotros, si bien había prometido dejar algunos retoños, una numerosa prole creciendo y expandiéndose cual mancha voraz por toda la región.

Esta tarde verificamos que aquel deseo del anciano turista extraterrestre se hizo realidad: Ha vuelto Aristarchus, y le gustó tanto aquel hospedaje donde se había alojado en el centro de Morón, que escogió nuevamente la misma esquina de 25 de mayo y Bartolomé Mitre.

Aristarchus está otra vez entre nosotros, acaso haya venido para descansar pero también para pasar revista y comprobar el crecimiento y multiplicación en paz de sus retoños a lo largo y a lo ancho del municipio de Morón. Sin que nadie les impida el derecho a permanecer…

Aristarchus posando para el fotógrafo en abril de 2022, 25 de mayo esquina Bartolomé Mitre

Esta era la presentación en sociedad que nos obsequiaba Aristarchus allá por abril de 2022 desde Huellas Suburbanas:

Hola vecinos humanos! Mi nombre es Aristarchus y soy un cráter lunar, hijo adoptivo del astrónomo griego Aristarco de Samos. Giovanni Riccioli me bautizó con este nombre en el siglo XVII pero jamás imaginó que algún día, yo me aburriría de tanta quietud y falta de diálogo en mi tierra natal… una interminable siesta apenas interrumpida por las hostilidades del crudo ambiente cósmico y algún que otro residuo mecánico terrícola.

Lo cierto es que apuré ahorros de mi pensión universal jamás utilizada, compré un pasaje en un cohete económico de Elon Musk con la vuelta en suspenso, y el último tramo hice trasbordo en un Flybondi básico, como para que me sobren algunas chirolas… por si acaso.

Una noche, casi sin que nadie lo notara, me autodeposité en una esquina céntrica de una localidad terrícola llamada Morón, no sin antes dejar pequeños retoños para expandirme por múltiples recovecos dentro de la misma región. Para no sentirme tan solo, ¿Vio?

Les quiero contar que esta es una experiencia maravillosa, los vehículos me acarician todo el tiempo, permitiendo mi gradual expansión territorial. El agua me lava y me regala la novedosa sensación de convertirme en una lagunita mezclada con aceites, barro y residuos varios que los humanos arrojan todo el día por cualquier parte, y varios de ellos deciden venir a mi por las noches para hacerme más entretenida mi estadía.

Don Elon, que todo lo sabe y puede, me había advertido para que no me haga demasiadas ilusiones por la extensión de mis vacaciones en la Tierra, pero cuando yo le dije que el destino final que ya había elegido en el paquete turístico era la Argentina, entonces él me obsequió una amplia sonrisa, me tomó suavemente en sus enormes y múltiples brazos, y me dijo “abuelo, te daré un consejo: finge ser un bache en el asfalto, y tu estadía se prolongará por todo el tiempo que desees. Has elegido el lugar indicado para una feliz y extendida experiencia en nuestra vieja y querida Tierra. Disfruta!”.

Y aquí estoy, creciendo junto al cariño de los humanos que me regalan golpecitos con el chasis de sus vehículos cada vez que pasan sobre mí, en esta esquina de Bartolomé Mitre y 25 de Mayo, a escasos metros de un enorme centro comercial, lo cual posibilita que todo el mundo pueda verme y saludarme. Algunos ponen caras serias y dicen no sé qué cosas, a veces me parecen hostiles pero después me doy cuenta que esos gestos no son contra mí en particular, sino contra otros humanos bondadosos que permiten que yo pueda prolongar mis vacaciones aquí sin límite de extensión.

De todos modos, ya llegará el tiempo de volver a mi tierra de origen, pero he dejado muchos retoños, como les decía al comienzo de esta carta, a los que considero mis hijos del corazón, y que van creciendo y multiplicándose de a poco… por todas partes. Esto es muy divertido, no me arrepiento de este amor… de esta elección de vacacionar en la Tierra.

Gracias Morón! Ha contribuido a la felicidad de este curioso y viejo cráter lunar.

Atentamente,

                              Sir Aristarchus, un humilde servidor.

Automovilistas se corren hacia la izquierda gentilmente, en señal de bienvenida para nuestro visitante lunar

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