Una población adulta, con objetivos y sueños por cumplir, apuesta por el retorno a los estudios de nivel medio en un noble desafío que se articula con sus saberes previos, sus tareas cotidianas tanto laborales como familiares, y tantas otras responsabilidades. Pero redoblan esfuerzos en pos del crecimiento, desde lo personal hacia lo social en términos más amplios.

En eso destaca la labor que se lleva adelante desde las distintas variantes de la educación para adultos, a los fines de facilitar herramientas para culminar esa etapa de sus trayectorias educativas, y que de ello emane el disparador para nuevas proyecciones, tanto en sus competencias profesionales como laborales, así como en el enriquecimiento integral de su formación como ciudadanos en pleno ejercicio de sus derechos.

En ese rumbo, quienes desarrollan ámbitos para que germine y prospere el Plan Fines aportan a una auténtica épica sociocultural que pulsa a favor de nuestro pueblo, en tensión con un marco institucional nacional que, en esta etapa específica, luce obstinado y decidido a degradar y desfinanciar todos los niveles educativos, sin excepción.

Pero, en la práctica, al Fines lo sostiene la contracara de ese escenario nacional, hoy atravesado por políticas de sesgo libertario con fuerte anclaje en intereses transnacionales. El gobierno bonaerense, en cambio, sostiene la decisión política de dar impulso a estas herramientas fundamentales para la educación popular de adultos.

Y ahí entra en juego el ejemplo concreto del Fines que construyen, con dedicación e inocultable amor, las compañeras del MUP Ituzaingó en el barrio San Alberto, en la UB Carlos Caride, donde quien escribe estas líneas tiene el honor de colaborar, aportando conocimientos y sumándose a un proceso de aprendizaje colectivo junto a un extraordinario grupo de alumnos y alumnas.

Construir educación popular es, quizás, una de las sendas más transformadoras en términos estructurales, con proyección a mediano y largo plazo. La gran pesadilla de las oligarquías y de sus extensas redes de aliados de mil banderas: que nuestro pueblo continúe decidiendo formarse, adquirir herramientas culturales y técnicas, y situarse en condiciones de mayor igualdad, no sólo para la siempre ardua disputa en el restringido mercado laboral vigente, sino también para construir, poco a poco, a las futuras generaciones de dirigentes desde y para el pueblo.

Cada vez que un compatriota adulto decide “restarle” horas a su descanso para ir del trabajo al ámbito educativo, una nueva estrella parece encenderse en el firmamento para alumbrar este sendero. Y para recordarnos a todos quienes participamos de este proceso que, tras cada caída, indefectiblemente, vuelve a nacer la esperanza.

Porque cuando un pueblo decide volver a estudiar, no sólo desafía al cansancio o a las carencias: desafía a quienes lo quieren de rodillas. En cada aula del Fines no se repasan únicamente contenidos; se disputa sentido, dignidad y futuro. Y ahí, justamente ahí -donde algunos inmundos pretenden apagarnos la luz- es donde vuelve a encenderse, terca e indomable, la llama de la esperanza colectiva.

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