En gran parte de la sociedad prima una idea de una economía lineal en la cual en cada una de las fases del ciclo productivo, se generan desperdicios o “basura”, que poseyendo posibilidad de reutilización y reciclaje se entierran o queman, generando contaminación ambiental. Los ámbitos rurales y periurbanos no escapan a esta situación generalizada, más aún en un contexto económico y social en el cual predomina la idea de un crecimiento ilimitado a partir del usufructo de los bienes naturales, lo cual genera una puja entre el capital y el trabajo y entre el capital y el goce de los bienes; el aire, agua, suelo y de la naturaleza toda. En este sentido, se evidencia una naturalización de los problemas ambientales, en la cual diferentes actores participantes del campo de acciones, a partir de su capital e intereses plantean estrategias de acción, a fin de mejorar su posición, por ejemplo, incrementar la cantidad de capital monetario o, en oposición; restringir su exposición a los plaguicidas. En el caso de la agricultura, el proceso de expansión de los monocultivos y su consecuente paquete tecnológico se haya relacionado con los procesos y políticas públicas que lo contienen y trascienden. Una situación similar puede darse en el caso de la minería a cielo abierto o en las actividades petroleras.

En presencia de un conflicto ambiental, surgen reacciones, hay intereses que se ven afectados y que son contrapuestos. Es probable que, para una parte de los residentes, tomadores de decisión y los productores/as de las zonas afectadas, hayan naturalizado los “accidentes” relacionados por ejemplo, con el manejo de plaguicidas, es así como frente a los casos de intoxicación aguda, el nacimiento de niños con malformaciones o la pérdida de biodiversidad, se tomen como parte inherente o propia de las actividades agrarias. Cabe destacar que, cuando nos referimos a que algo es natural, nos referimos a que es propio o relativo a la naturaleza, también a aquello que está conforme a la propiedad o calidad de las cosas o aquello que sucede con cierta regularidad. Ahora bien, el concepto de naturalización según Marqués (1981), 1refiere a un fenómeno que lleva a los seres humanos a considerar sus acciones y sus creencias como naturales o ligadas a la naturaleza. Esta naturalización puede considerarse como un discurso dominante en la mayoría de las sociedades actuales. Al atribuir causas naturales a los hechos sociales, y a sus relaciones entre actores como las que surgen el proceso de producción, los individuos y los grupos se alejan de la compresión de las reglas sociales que guían los comportamientos de la sociedad, y que pueden por ejemplo, impactar en el medio en el cual nos desenvolvemos.

En referencia a la percepción del efecto de las sustancias tóxicas en el ambiente, y en consecuencia a la participación en acciones y actividades destinadas a regular, prohibir o restringir actividades económicas que generan subproductos y/o residuos contaminantes no resulta una tarea ni sencilla, ni agradable convocar a la comunidad a compartir sus percepciones, opiniones, visiones a acerca del impacto del modelo económico en general y de las sustancias tóxicas en particular. Muy por el contrario se trata de una tarea sembrada de escollos, dudas, contradicciones, temores, de idas y vueltas como en cualquier relación humana. Una enumeración de las variables que propician el proceso de percepción de problemas ambientales y participación ciudadana incluyen: a- El grado de inclusión que los seres humanos establecemos respecto de la naturaleza y desde allí las relaciones que mantenemos con ella. B- El vínculo establecido con las actividades productivas. C- La actividad laboral desarrollada. D-La zona de residencia, su proximidad y relación con las actividades productivas. E- La posibilidad del desarrollo de enfermedades existente en cada ser humano. F- La diferente capacidad de percibir síntomas de enfermedades

En relación a los cambios en la cosmovisión de los seres humanos respecto a su inclusión en el ambiente, es posible afirmar que se produce un proceso acelerado de escisión. En este caso pareciera que, desde una visión inclusiva que marcaba cierto respeto a los ciclos y relaciones naturales se pasa a una relación instrumental en la cual se juzga posible pasar de las relaciones circulares a flujos lineales de extracción- producción, consuno y desecho. La no emergencia de conflictos socioambientales dentro de algunos territorios y comunidades de la Argentina, los cuales conviven con actividades contaminantes, puede deberse a la naturalización de los problemas, y esta situación se vincula con la dotación de capital, el lugar ocupado por los actores, individuales y colectivos, en el campo de acciones y sus propios intereses que no siempre son económicos. Se toman como naturales procesos y relaciones sociales que, en conjunto con los efectos ambientales, derivan de la distribución desigual de capital y el acceso a la información. Por último se invisibilizan problemas que impiden el desarrollo de una vida plena a las actuales y futuras generaciones.

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