Argentina, diciembre 2023. Alrededor de 48 millones de habitantes. La mitad aproximada, envuelta en la pobreza, un tercio de la misma ya sepultándose en la indigencia. Se avecina un desenlace imaginado, aunque más exótico de lo previsto, con el cambio de gobierno en ciernes. Y, al igual que en muchos pequeños rincones de nuestra patria, en el oeste del conurbano, un emprendimiento de ribetes cooperativo y en este caso, periodístico, llega a su fin, extenuado y ahogado financieramente.
Constituciones, andares y los monstruos
A pesar del bajísimo punto de partida que poseíamos, con absoluta conciencia del mismo, nos la jugamos e iniciamos varias semanas de subterránea intensidad de trabajo: armado y diseño del nuevo sitio web, nostálgico cierre del anterior, intensas gestiones diarias para conformar un amplio y bien diverso equipo, reuniones varias, los teléfonos al rojo vivo, hasta terminar de poner todo a punto, todo en su debida sintonía, y todo rigurosamente a pulmón, sin perder cierto espíritu artesanal en nuestro modo de construir periodismo y comunicación, gestionando literalmente sin un centavo en tiempos donde los costos para pensar y encarar cualquier clase de emprendimiento, devinieron en obscenos… y frente a lo cual, no pocos actores sociopolíticos, habrían preferido que este “revival huellero” jamás aconteciera. Las cosas como son.
Y como monstruo marino mitológico, cruzando transversalmente esta gran barca nacional, en apenas poco más de un mes, hemos sido víctimas ultra directas del estropicio deliberado que aplicó la gestión gubernamental vigente, casi con saña y buscando darle un golpe de nocaut a todo aquel habitante que no pertenezca a su “clase” o al menos al colectivo de adláteres circunstanciales, jamás permanentes, en su evidente afán de resolver la puja histórica a su favor y de modo significativamente rápido. Para lo cual precisan desplegar todas las formas de violencia, habidas y por haber contra el conjunto del pueblo trabajador. Naturalmente, también contra sus propios votantes, como era harto sabido con tan sólo repasar un poco los hechos de toda historia del ser humano, y las inexorables traiciones de los poderosos hacia sus subordinados.
Hay quienes aseveran que, considerándose que ha salido éste con tanta intensidad desde el minuto inicial en su práctica depredatoria de todo bien nacional, el gobierno encabezado por Javier Milei no ha logrado lastimar ningún cimiento de resistencia del pueblo argentino, al menos aquella amplia franja del mismo que no acepta ser ratones de este laboratorio ultra-neoliberal, humillados y aturdidos ante los ojos expectantes, curiosos e inquietos del resto del mundo. Aunque también es cierto que la actual gestión nacional está ocasionando un inmenso dolor y desesperación temprana en amplias franjas de nuestra sociedad. Lo que, lejos de resultar en la –esperada- resignación, abulia y sometimiento pasivo psico-mental tan ansiado por los más elevados grupos de poder real, local y multinacional, ello vuelve a despertar una cada vez más formidable oposición ciudadana activa, popular, democrática y pacífica, no dispuestos a tolerar, sin al menos dar la justa lucha de pie, que una cofradía de megamillonarios digiten mediante movimientos de eximios marionetistas a una dirigencia vernácula con diversos resortes de poder, todos prestados sólo momentáneamente, pero que a cada crisis de histeria puertas adentro, revelan del modo más abyecto que no son más que un núcleo de adinerados- cuadrángulos-intelectuales, llenos de prejuicios propios de otras épocas ya tan lejanas como superadas sociocultural y educativamente por la mayoría de nuestra sociedad. O al menos eso es lo que se pensaba, cuali y cuantitativamente, hasta poco tiempo atrás.
Las horas se suceden, más febriles que saludables, y lo que durante décadas fue una gran pulseada imaginaria sostenida en un tenso y prolongado punto de equilibrio, pretenden convertirla en una lucha ya sin concesiones de ninguna índole, a todo o nada, como suele repetir uno de los peores exponentes de la cartera de ministros de la nación actualmente vigente.
Y en ese maremágnum de amenazas oprobiosas y llantos, indignación y espíritu de reconstrucción colectiva que ya asoma desde las entrañas de nuestro pueblo, quienes construimos Diario Huellas nos mantenemos firmes en nuestros principios de apelar a la honestidad intelectual en todo momento y circunstancia, sin banderías definidas, desde un muy amplio pluralismo promotor de los valores democráticos y participativos, lejos de conceptos vacíos, que rasgan vestiduras enunciándose, tales como “institucionalidad”, “gobernabilidad”, y demás habladurías propias de políticos profesionales que hacen sus réditos individuales de espaldas a las necesidades más genuinas de la mayoría del pueblo argentino.
En definitiva, el peso de los propios acontecimientos se encargan de empujarnos una y otra vez a que, desde nuestra ética periodística y cívico-democrática, tomemos posición ante los atropellos de unos pocos contra nuestras mayorías, normalmente tan silenciosas como tolerantes y pacientes. El propio peso de la realidad pone, invariablemente, todo en su exacto lugar, incluyendo a los comunicadores que no aceptamos cobrar por debajo de la mesa para distorsionar tal realidad según los deseos de algunos pícaros irredentos.
Argentina, enero 2024. Alrededor de 48 millones de habitantes. A la mitad anterior de compatriotas en situación de pobreza, debemos añadirle no menos de un par de millones de nuevos pobres, producto de las políticas y el determinismo salvaje pergeñado por el actual gobierno nacional desde el minuto cero de su mandato, tan esperado por muchos como exótico en su composición y neblinosa propuesta, apenas un mes atrás. Amplios sectores de dicha población se rebelan ante la injusticia y un rumbo que ya, claramente delimitado, expone un drama y desigualdad no sólo aún mayor al presente, sino incluso sin probables equivalencias en nuestra historia de país regido bajo estándares constitucionales.
El pueblo gana las calles de todo el país un 24 de enero, y aplica un cimbronazo que, con su sola presencia masiva a la vista de propios y extraños, deja aturdidos y encolerizados a las máximas autoridades y todas sus segundas y terceras filas de dirigentes. En simultáneo, en el oeste del conurbano bonaerense, nace un nuevo emprendimiento informativo, a puro pulmón, optimizado y enriquecido sobre la base de la experiencia caída apenas un mes antes.
Sea cual sea el desenlace de todo lo anterior, el conjunto del pueblo trabajador –dentro del cual todo el staff que compone Diario Huellas es parte integrante – sabe que, una vez más, está a su alcance aprender de las experiencias, aciertos y errores de sus historias, y darse una nueva oportunidad. Descartando errores y malas dirigencias, aprendiendo sobre la base de lo ensayado previamente, puliendo aciertos, y consolidándose como bloque impermeable a los continuos cantos de sirena que, lejos de seducirnos, sólo buscan seguir engañándonos para devorarnos en tanto pueblo, en tanto comunicadores, en tanto nación soberana.

La comunicación en manos de trabajadorxs. Hablando con nuestra propia voz. Bravo Daniel!!!