Esta mañana comenzó a vivirse un verdadero caos en Morón. Pudieron verse extensas colas para cargar saldo y registrar la SUBE en torno a la estación del FF.CC. Sarmiento. Quedaron cortadas la calle y las vías. Intervino la Policía Federal para ordenar la situación.
Mientras tanto, el gobierno nacional avanza en la desregulación total del precio de los pasajes en el transporte público urbano y suburbano, ya inocultablemente comprometido en asestarles más y más duras descargas al pueblo trabajador del ajuste inédito que vienen desarrollando, el cual redunda en una formidable transferencia de divisas hacia unos pocos grupos empresarios, caracterizados por tratarse de multimillonarios a la cabeza de los mismos.
Por si ello no fuese suficiente, el actual ministro de Economía, en clara respuesta a la dura derrota parlamentaria padecida dos días atrás con respecto a la mentada «Ley Ómnibus», se apresuró a recargar el tinte amenazante sobre el conjunto de la población, al aseverar que «Vamos a profundizar el ajuste (…) hoy la gente votó un cambio y está claro que un sector de la política no lo quiere, pero eso no implica que no va a salir… la política va a entender que esto es lo que la gente quiere».
En simultáneo y cual telón de fondo del contexto general, las personas saltan molinetes, desesperan por tramitar la actualización de su tarjeta Sube, la APP sigue detonada en su funcionamiento, y ya podemos ser testigos del dramático acrecentamiento de las «otras» filas, las más humillantes para la esencia de la dignidad humana: Las filas interminables que por estas últimas semanas podemos encontrar de compatriotas mendigando una pequeña vianda de comida en diversas instituciones solidarias que se dedican a dicha labor.
Emerge, inexorable e inevitable, un necesario cambio de eje en nuestra pregunta. Ya no es más «¿Por qué?», sino, «¿Hasta cuándo?»

