Los que nacimos en el universo Gutemberg, bajo la regla de que estudiar o leer mucho y de todo era el boleto a una comunidad de culturas compartidas, estamos trabados en el nuevo y bravo “mundo meme”.
Es dudoso que llegue a ver esto alguien joven con la “cabeza” puesta en la pantalla. Un/a trabajador/a dependiente de las redes, un/a Uber que esperan la próxima cita, un jubilado sin lentes de mirar de cerca, no digo ya una persona que dice con orgullo que no le interesa la política. Pero todos somos sujetos con voto, y debemos crear un criterio para optar cada dos años por la oferta política de personajes y propuestas. Uno mismo puede ser parte de esa oferta en sus múltiples escalones de responsabilidad.
Quien pone sus ideas en orden para exponerse a debates, se pregunta: ¿A quién le escribe? ¿Qué derecho tenemos a poner a circular nuestros pensamientos en medios abiertos? ¿Son ideas suficientemente interesantes, y uno las leería con algo de interés? ¿Están bien presentadas, clara y dignamente? ¿Significan algo para alguien? Esto es, un uso responsable de lo que se comparte, con honradez y apostando a lo mejor de la especie.
Por otra parte, los usos del humor, desde el cinismo elaborado hasta el chiste fugaz, han sido armas permanentes de los que no tienen poder, y están sujetos a las decisiones de otros. ¿Pero qué pasa cuando el que te carga o se burla de lo que te pasa es el que tiene la manija, la guita y tu destino en sus manos?
¿Cuando el mismo Presidente construye su sillón en base a chistes visuales, insultos y metáforas repugnantes, pero viralizables por propios y extraños? Sobre todo cuando arma un muñeco de cartón a quien todos podemos acercarle fósforos y tirarle nafta, pero que es sólo un muñeco…
Dijo “casta”, pero su equipo viene de los mismos lugares de poder que acusó. Dijo “dolarización”, pero no tiene ni para comprarse otra campera, sino es con la ayuda interesada de sus empresarios aportantes. Dijo “economista experto” y sostiene principios no probados en ningún país en la historia registrada.
Y los hermanos presidenciales se dan el trabajo cotidiano de acusar a quien no los aplauda con fotitos trucadas, mensajitos y twits, casi metaforizando la escena de arrojarles tomates podridos a la cara del otro, del que piensa diferente.
Sus fracasos en gestión son tácticas de francotiradores miopes. Sus diálogos con otras fuerzas políticas, pantomimas de ogros chiquitos.
La “Comandante-destapa-calles” se midió con los sindicatos, y sólo llegó a emitir rugidos de roedora. El 24 de enero, un millón –largo- de personas pusieron el cuerpo y la voz en la calle. Muchas noches lxs cacerolerxs, días calurosos con seres humanos al borde de la malnutrición alzando sus banderas y pecheras para decirle pacíficamente que ya no se aguanta. Se está cociendo algo en la calle y la única respuesta ha sido el chorro de gas que quema, y las consiguientes balas de goma.
Desde los municipios, todas las fuerzas que asumen compromiso con la producción y el trabajo, con un proyecto de desarrollo compartido, se reúnen periódicamente a medir la temperatura del clima social, y pronto empezarán a acordar proyectos e ideas para superar las consecuencias del tornado enloquecido de precios y destrucción por igual de sueldos e industrias.
Nuestros gobernadores están asumiendo que esto no se podrá sostener, por más buena voluntad y llanto seco de cordobeses, silencios jujeños o correntinos, apoyos culposos de buena parte de radicales y todo el conjunto de amarillos.
El bloque patriota está sólidamente unido y fue una roca frente al intento de arrasar con todo de la ley ómnibus. Falta desarbolar el mega-decreto que permite dinamitar todo lo que, bien o mal, se construyó en estos años.
La unidad de la CGT y las CTA le dio respaldo a medidas cautelares para proteger derechos, pero no alcanzan para frenar despidos, congelamientos salariales, destrucción de salarios y jubilaciones, falta de financiamiento de gobiernos provinciales y locales… sin el émbolo o la turbina de la herramienta política, es vapor que se puede dispersar. Los compañer@s de las banderas rojas han estado dignamente en la calle, pero se autoanulan hasta que no comprendan que su fuerza es útil si logran unirse al conjunto nacional y popular, para desde ahí, incidir en el debate de ideas.
Hoy no hay todo o nada, sino lenta negociación y construcción de fuerza organizada que respalde cada propuesta… y la defienda en mediano plazo.
Sólo falta la masa crítica del descontento popular, hoy aún expectante de que el cambio prometido no sea una mochila de uranio sobre otra espalda. Y nada de esto entra en ningún meme… pero te afecta igual.
