Duele tener que llegar a bordear ciertos extremos en la tarea del escritor, aún cuando las circunstancias nos vienen empujando rumbo a cierta toma de posiciones. Así las cosas, es imposible omitir lo siguiente: Estamos siendo gobernados por un conjunto de personas de elevada peligrosidad, signados por un profundo cinismo en cada una de sus declaraciones y preanuncios de un drama social aún mayor para los próximos meses.
Un necesario guiño a Umberto Eco, por contribuir al pensamiento crítico de varias generaciones
No conformes con ya haberse atrevido a meterse con la paz y la salud (física y mental) en la mesa de cada familia argentina y lo más sagrado, que es el derecho al acceso a una alimentación sana y adecuada en un país productor de alimentos… gozan explícitamente con la pérdida de capacidad de ahorro de los sectores medios, congelan de facto ingresos de millones de seres humanos al boicotear la reunión del Consejo del Salario, en clara connivencia con los grupos empresarios allí en pugna.
Ni siquiera ya se puede calificar de “desinterés” cada medida que se toma y que van directamente en desmedro de las amplias franjas de nuestra población que sobreviven malamente día a día, en muchos casos con menos que un salario mínimo.
Adiós a la Paz
Somos, o fuimos hasta recientemente, un país de paz. Impulsores por décadas de la no intervención en conflictos de otras regiones, o en todo caso con destacados desempeños en la promoción de la solución de tales conflictos por vías pacíficas y diplomáticas, actitud que se convirtió en un estandarte de orgullo nacional durante mucho tiempo, sólo vituperado en contadas y muy nefastas ocasiones pretéritas.
Hoy ya nada de eso importa: En un santiamén, la actual cartera gubernamental de la coalición compuesta por “libertarios”, miembros del PRO y reivindicadores de nuestra última dictadura cívico militar, amén de colaboracionistas varios, nos metieron de lleno en dos compromisos que humillan nuestras tradiciones antes señaladas, y hunden al país como parte integrante de dos conflictos armados, el que involucra a Ucrania y Rusia (entre otros países beligerantes), y el de la eterna invasión y exterminio que, las más de las veces valiéndose de diversos argumentos, realiza el Estado de Israel sobre territorio palestino en la actualidad… y desde hace más de 70 años, aparentemente sin solución de continuidad, o hasta concretar una completa limpieza étnica.
Y ese maremágnum anda dando vergüenza a propios y extraños la República Argentina a través de sus máximos representantes institucionales, inmiscuyéndose en conflictos que nada tienen que hacer en nuestra realidad, tomando partido activo por algunos de aquellos bandos, lo cual implica arengar en aras de profundizar las acciones de guerra, cuestión que redunda en avalar más masacres y muertes de seres, en su mayoría inocentes miembros de las poblaciones civiles.
Mientras tanto, sigue el plan de saqueo y transferencia total de riquezas hacia los mentados “héroes” del señor Milei, que no son otros sino ese gran empresariado local y multinacional, expertos en exprimir plusvalía hasta el límite de toda dignidad humana. Y si se les presenta el contexto favorable, ir más allá también, cuales señores feudales que, en esencia, disponían en su poder de los designios de aquellos habitualmente famélicos “siervos de la gleba”.
Y así caminamos, un poco a tientas en estos días sin sol y muy escaso horizonte para las grandes mayorías.
Mientras el gobierno explota su dominio del uso exhaustivo de la dinámica de redes sociales, y escogen sparrings para confrontar desaforada y rústicamente, acaso en aras de transformarlo todo en una constante pelea llena de agravios brutales entre usuarios de dichas redes… y a espaldas de todo ello, saquean los salarios, celebran que la clase media pulverice sus ahorros en dólares, desatan un aquelarre de tarifazos impagables para millones de compatriotas, y ni que hablar del incremento de hechos de elevada violencia social en las calles de las cuales somos testigos cotidianos. Diversos ejes que contribuyen a que no cese de incrementarse la inseguridad ciudadana, y que los podemos experimentar incluso en carne propia a diario.
Avanzamos, no tan lentamente, hacia la pauperización socioeconómica de las grandes masas y la consolidación de subculturas de la violencia y el individualismo intolerante, en niveles jamás experimentados en toda nuestra historia.
¿Hasta dónde llegará todo ello? No se puede saber. No existen límites para el descenso a los infiernos. El único límite lo pone el conjunto del pueblo.
Durante muchas décadas se acusó a las expresiones políticas de izquierda de ser promotoras del “cuanto peor, mejor”. Sin embargo, quienes han vuelto a instalar aquel axioma, con crudo pragmatismo, son las fuerzas conservadoras y de la ultraderecha gobernantes. Cuanta mayor crisis y desmembramiento social y cultural, más sencillo permanecer en su “línea” hasta cumplir sus objetivos trazados en su plan de marcada raíz multinacional. Y para todo lo demás, confían en continuar disponiendo del archi consabido recurso de las prácticas represivas a manos de las fuerzas de seguridad.
Es un proyecto tan insensato como de imposible resolución decorosa. Sólo puede sostenerse de la mano de una porción de la población que avala, sólo provisoriamente, dichas prácticas (y eso no es ninguna novedad. Digamos todo: Cada una de las dictaduras asumieron con importantes apoyos de sectores de la población civil), y cuentan con la trascendental complicidad de la gran mayoría de los “formadores de opinión” en los principales multimedios nacionales.
A lo anterior se le suma una esperable laxitud silenciosa de las principales figuras del Poder Judicial, y el oportunismo de gatafloras de una parte de la oposición parlamentaria, dispuestos a realizar variadas concesiones en distintas ocasiones… que cual sainete de poca monta, honran aquella definición del gran Tato Bores, cuando señalaba que dichos actores se paraban del lado “de la vereda del sol”.
Periodismo: Un camino con severas bifurcaciones
Desde un periodismo genuinamente autónomo y libre-pensante, podemos hilvanar diagnósticos de nuestra actualidad y alertar por el inicio ya palpable de un camino lleno de espanto y dolor para nuestro pueblo. Aunque por ello se nos tilde de “apocalípticos”.
La otra opción, evocando el título de esta editorial, es “Integrarnos” a la nueva ola neoliberal autodefinida anarco-capitalista, sacar buenos réditos financieros disfrutando de las mieles del pertenecer, y asesinar nuestras propias almas, quedándonos sin sensibilidad alguna frente al drama y al dolor que se yergue por todas partes.
Contra viento y marea, seguimos firmes en nuestra opción por bancar nuestro lugar de minorías comprometidas con nuestro tiempo, y hacer periodismo y comunicación con el corazón puesto en el pueblo trabajador, del cual formamos parte.
Imagen de portada: Santiago Ibarra Art Station


Querido compañero Daniel: excelente editorial. Lo más preocupante es que una parte de la sociedad no comprende como sus dificultades económicas están directamente relacionadas con las decisiones políticas de este gobierno, y apoyan el desguace del estado, el recorte de contención social y la represión.
Jóvenes trabajadores que creen que se salvan por si mismos y que «siempre hay que laburar, que va’cer», y que no queda otra que liberar todos los precios y pasarla mal por un tiempo…