Hay películas que siempre recomiendo más allá del tiempo transcurrido desde su estreno o de su persistencia en la memoria colectiva. Es que el tiempo es un poco injusto y cuando se las califica: “vieja”, “nueva”, “pasada de época” o se usan otras palabras, poco significa el contexto de una obra que es recomendable volver a ver.

Así me pasó cuando, no hace mucho, volví a conversar con unos amigos sobre Malayunta, una película argentina estrenada originalmente en 1986[1]. Recuerdo que cuando decidí verla, el solo hecho de echar un ojo a su elenco me atrajo casi inmediatamente. En ese sentido y, en mi caso, suelo engancharme por ese lado más que por las críticas que nunca leo, porque entiendo condicionan innecesaria e injustamente.

Lo cierto fue que aquel año comprendido dentro de los tiempos del retorno a la democracia, volver a visitar ciertos trabajos, incluso ver en acción algunos actores que habían estado prohibidos pocos años atrás, alimentaba la salida al cine como una suerte de liberación. Ese año de la naciente y turbulenta democracia, además, personalmente había sido padre por primera vez y había pocas posibilidades de escaparle a las obligaciones. No obstante, el cine siempre abría una puerta.

Ya afuera de los años de su estreno, aquella película,  me resulta atractiva, con su imagen bastante oscurecida en algunos sectores. No dudo en que ese recurso diera cuenta de lo siniestro de la interioridad opaca de ciertas vidas y los modos de ver a los otros. Si uno extrapola un poco el ánima de aquellos personajes puede encontrar representada una micro-sociedad muy propia de la época y de la actualidad

En 1986 muchos temas que aparecen en «Malayunta» como constantes de un clima de época, incluso hoy son parte de una mirada incisiva y presos del recorte o del blanqueo. Temas duros sobre los cuales no hay un criterio unánime para considerar y que lo ocurrido en torno a estos, ha acallado todas las voces.

El sustrato subversivo del arte que va de la mano de la libertad, antagoniza con fuerzas represoras que nacen en el interior de las personas y que vienen a regular cualquier desviación de alcances peligrosos e inmanejables. Podría decirse que vivir en una sociedad donde coexisten factores tan antagónicos hacía parecer por esos años que la naciente democracia fuera una utopía.

Seguramente, al menos eso es lo que creo, la película pueda interpretarse atravesando las capas que uno quiera o pueda, pero es indudable que una mirada desde la superficie y sin tomar partido la hará un elemento insoportable del que se espere se termine rápido, y poder así escapar lo más pronto posible de esa situación tan angustiosa.

La película fue dirigida por José Santiso quien junto a Jacobo Langsner escribieron el guión. Tuvo en los roles protagónicos a Miguel A. Solá, Federico Luppi, Bárbara Mujica , Florencia Firpo, Edgardo Moreira entre otros.


[1]En los roles protagónicos: Bárbara Mujica, Miguel Ángel Sola y Federico Luppi.

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