Cualquiera de todos ellos y nosotros, podemos comprender que los festejos por tales estadísticas y por mantener “planchado” al dólar, mientras los productos de la canasta básica no paran de incrementarse con un vértigo absolutamente obsceno, terminan resultando en una afrenta contra la propia sociedad y su batería de necesidades elementales en constante aumento.

Cualquier ciudadano debería indignarse con las declaraciones de la canciller Mondino, en un vetusto programa de nuestra agonizante TV abierta, cuando planteó que no ve la necesidad de sostener los préstamos para personas de la tercera edad, ya que supuestamente no los necesitarían, ya que “se van a morir” más pronto que tarde, por así decirlo de un modo menos violento que el que utilizó la funcionaria de muy alto rango.

Y es una afirmación para nada desafortunada, sino plena de malicia y provocación sin límites morales de ninguna índole, segura de que puede tensar la cuerda más y más, y aún así, continuar en su gestión antinacional sin mayores riesgos de ser eyectada de su cargo, fruto de un incontenible clamor popular.

Pero no. Nada de eso estaría pasando.

Y mientras tanto…

“Yo me chupo el quinto dedo / y un ministro es procesado por querer / llevarse a casa su sillón…” (“Mientras tanto”, Víctor Heredia)

Causa escozor ser contemporáneos de dirigentes y funcionarios con tamaño nivel de hipocresía y oportunismo en un todo de espaldas a las necesidades y demandas de amplias franjas de la sociedad.

Por un lado, muchos de éstos se rasgan las vestiduras hablando de la salud de la república, las instituciones democráticas y mantantirulirulá, corren detrás de la agenda multimediática de la hora presente, que es por enésima vez la lucha contra el narcotráfico, actualmente con enclave principal en la ciudad de Rosario, y después no bajan a dar quórum a la cámara de Diputados de la Nación, para siquiera debatir herramientas que contribuyan a dar esas luchas entre todos. Y eso por no mencionar a los promotores de la dolarización, escenario magnífico para una más eficiente acción de lavado de activos, entre otras procedencias… del mismo narcotráfico al que se declama perseguir.

Pero no. Eso tampoco termina de conmover las tripas de buena parte de nuestra ciudadanía.

Y el sobreactuado constitucionalismo demócrata del conjunto de la oposición política, irrita en su discreta (o deliberada) lentitud a quienes peor la pasan en esta querida tierra en vías de ya no ser digna de ser llamada patria, y con tales actitudes fomentan aún más la abulia social más o menos generalizada, a esta altura de los acontecimientos.

Pero cuidado, no sea que el efecto de “olla a presión” siga su derrotero desde abajo, y cuando inexorablemente no pueda aguantar más, explote para todos lados, y no haya quién, o quiénes, puedan controlar y enmendar el gran desastre social y estructural concretado en términos de país, que avanza firme, a paso de ganso, día a día y con escasos escollos que se animen a interrumpir ese andar con resabios de otros tiempos.

Un andar que no tiene nada de novedoso. Un andar que honra aquellos versos que dicen “yo veo al futuro repetir el pasado / veo un museo de grandes novedades / y el tiempo no para”.

Y así van transcurriendo estas semanas. Con  buena parte del pueblo aturdido, golpeado, humillado, desencantado y justificadamente escéptico, ya desnudo y privado de proyectar el más mínimo de sus sueños y modestísimos deseos, mientras los mismos de toda nuestra historia y sus viejos-nuevos socios de circunstancia, no cesan de transferir riquezas como nunca antes en nuestra historia, absolutamente protegidos por sus empleados predilectos del Poder Judicial y los grandes multimedios formadores de opinión, y hasta sentido de la realidad… y siguen de parranda, disfrutando de una nueva y más brutal versión de su fiesta, tan inolvidable para unos… como cruelmente interminable para otros.

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