Vicisitudes de derroteros amistosos por diversos cafés moronenses
Muchas veces, mis derroteros de eterno caminante me llevan a lugares donde, fruto de la persistencia en frecuentar tales rincones del conurbano, se van creando complicidades, trabajadores que me pasan «chismes», como aquel mozo de la película «Sostiene Pereira», para quienes la hayan visto (y para quienes aún no, se las recomiendo ampliamente).
Lo cierto es que uno acumula lo que bien podría denominarse «informantes», siempre bien desde el llano, laburantes, camareros, trabajadores de farmacia, trapitos, algún que otro propietario de comercios, y naturalmente, vecinos y vecinas del barrio.
Esta mañana me llegué hasta una pizzería señera del casco central de Morón, donde he concurrido durante muchos años. Y si bien esta vez no degusté el clásico cortado, cuadernito y lapicera en mano, uno de los trabajadores gastronómicos más antiguos del lugar, se acercó hasta la vereda ni bien me vio, para saludarme y pasarme algo de «data».
Me confirma, casi con un tono socarrón, «no paran de bajar las ventas, la gente viene menos y ya comienza a sentirse con claridad». A lo cual yo le ratifico que, cada vez que paso por allí, no encuentro el desborde de concurrencia que había al menos en horas del mediodía durante los días laborales, y sábados mediodía y noche, con algún ocasional agregado del domingo al mediodía también a salón lleno.
«Olvídese de eso Daniel, ahora es al 50% con suerte, y por las tardes y a media mañana, andamos a salón semi vacío».
Y como he venido notando un recambio bastante frecuente del personal de camareras y mozos, se lo hice notar, tras lo cual, mi amigo volvió a punzar en una verdad incómoda «Yo sólo espero poder llegar a jubilarme. Pero los más jóvenes, y no tanto, van y vienen… porque cada día se les ofrece un sueldo más de miseria, y como la gente viene menos, y muchos de los que vienen se han puesto cada vez más ´cuidadosos´con las propinas que dejan… realmente ya no les rinde el laburo, y se van a buscar otra cosa, aunque sea hacer repartos o manejar un auto por aplicación. Es así la cosa Daniel, lo que pasa es que algunas personas están tan en su mundo que ni se dan cuenta de lo que pasa. Y a otros, seamos claros, LES ENCANTA que esta desgracia les pase a los más pobres. Por eso se callan la boca y fingen no darse cuenta de cómo se va derrumbando todo rápidamente».
Y finalizamos la charla, porque él tenía que volver rápido al interior del salón, y por supuesto, no era mi intención comprometerle su laburo en tamaño contexto.
Saludé a un par de personas conocidas a lo largo del resto del camino, y cuando cruzaba plaza San Martín, camino hacia la catedral de Morón, volvió a mi mente la última frase del experimentado amigo mozo, con vasta experiencia en el trato humano directo durante décadas…
…Y esas palabras, las palabras que nadie quiere mencionar para no lucir como un renegado, un «Políticamente incorrecto» en épocas de ropitas planchadas, calzones limpios y zapatos lustrados… me golpearon la cabeza, una y otra vez: «Se callan la boca y fingen no darse cuenta… porque les encanta la desgracia de los más pobres».
