Nada que se construya desde la violencia y la agresión en múltiples dimensiones, puede arribar a un destino de paz verdadera.
Una paz forzada por la sumisión al imperio del poder, sólo es un estadio momentáneo, hasta que por algún intersticio estalla una rebelión masiva, y no siempre necesariamente popular.
Un gobierno que reitera desde lo gestual, lo simbólico y hasta lo discursivo a diario, que les repele la idea de una democracia participativa y plural, con amplitud de voces políticas y socioculturales, y fuertes debates acerca del rumbo general a seguir en pos de sostener todos los derechos civiles adquiridos con anterioridad, sólo tiene destino de confrontación.
En este caso, dicha confrontación se percibe deseada y según pareciera, incluso premeditada a la luz de los distintos accionares del oficialismo, teñidos de provocación, encono, arbitrariedad y desprecio hacia diferentes sectores de nuestro pueblo.
Encender la radio, salvo excepciones aún demasiado escasas, en horarios centrales informativos, suele ser aún más perturbador que ver los noticieros televisivos, sean de TV abierta o por señales de aire. Y una preparación casi ensayística para la barbarie de las redes sociales.
Allí se tejen los mayores y apasionados esfuerzos por demostrar ad infinitum que la culpa es del conjunto de fuerzas y dirigencias sintetizadas o tildadas como peronistas, ahora y por los siglos de los siglos. Y se aferran a la supuesta bonanza circunstancial de la macroeconomía con la que ese horroroso Cthulhu Global que es el mundo financiero, procura blindar al gobierno libertario hasta que les asegure el saqueo más brutal, cruento y definitivo de todas las riquezas nacionales argentinas, habidas y por haber, hasta que realmente sintamos vergüenza de considerarnos habitantes de la fachada de pacotilla de lo que supo ser un territorio constituido en una nación soberana.
Entonces no puede sorprendernos que, si se fuerza la construcción desde directrices horrendas, concluyamos en la constitución de un entramado social también horrendo.
Así las cosas ,no sorprende demasiado el incremento permanente de situaciones de violencia –algunas alcanzando bordes de salvajismo con alarmantes ribetes de insania mental- preferentemente en diversos episodios cotidianos en centros urbanos más o menos caracterizados por pertenecer a sectores socioeconómicos medios.
En ese clima que se enrarece a diario de modo a veces poco perceptible, quizás la respuesta “pacificadora” del gobierno, pronto incluya la aplicación de la libre portación de armas, para que el aquelarre se masifique de un modo inconmensurable. Pero sumamente útil para continuar derivando nuestras miradas hacia dichas problemáticas, mientras la fuga de capitales y la transferencia masiva de riquezas a pocas manos, prosigue su marcha a paso de ganso, casi sin freno a la vista.
En el otro cuadrilátero, una dirigencia política que si bien ya estaría en condiciones de asumir, les guste o no a algunos de sus actores de mayor fuste, que hay un puñado de encumbrados dirigentes aptos para encabezar una amplia reconstrucción en términos de frente de unidad nacional (y omito deliberadamente otras denominaciones, muchas claramente ya pretéritas, para que no exista sectarismo alguno en un contexto en que el punto de encuentro debería ser tan básico como profundo: el amor por la patria, y nada más), no obstante, una y otra vez aparecen –y reaparecen- cuestionadores de unos y otros para en los hechos, postergar y dilatar dicha construcción, e incluso algunos que se sienten más importantes de lo que son, con mucha más vidriera mediática que impacto electoral, se pavonean por distintas pantallas defenestrando a algunos de los principales y más comprometidos líderes de la actual oposición real al gobierno de ultraderecha.
Así las cosas, es imposible no mascullar la consabida pregunta, ¿Para quienes juegan?, ¿A qué intereses responden?, ¿Quiénes los financian?
Aún así, todo lo anterior, siguen siendo árboles que, quieran o no, contribuyen a intentar tapar el bosque, ya en llamas, de nuestro escenario nacional integral.
¿Lo pueden lograr? Claro que sí, como le dijo hace unos 88 años Miguel de Unamuno al general falangista Millán Astray, tienen fuerza de sobra para alcanzar tales objetivos. Añado algo más: También poseen una masa crítica aún expectante y numerosa, ávida por regocijarse frente a la tragedia y el dolor ajeno; esos pensamientos y actitudes existen, conviven entre nosotros y los cruzamos en el cotidiano de nuestras vidas. Pero inexorablemente todo ello será transitorio, y se desmorona de la peor forma en cuanto la mayoría del pueblo acaba perdiendo la paciencia ante una vida invivible.
Aunque a diferencia de todas las experiencias pasadas de similar orientación y propósitos, esta vez aún está por verse qué quedará en pie cuando ese momento llegue en toda su potencia a nuestra realidad.
La movilización popular democrática demostró estar más vigente y potente que nunca el pasado 24 de marzo. Es el primer paso para demostrar que hay, y habrá, dura resistencia ciudadana frente al avasallamiento institucional, mediático y judicial que el gobierno procura perpetrar lo más rápido posible.
Darle un sentido de organización y unidad nacional, incluso desde fuertes discrepancias sectoriales hoy muy secundarias, es lo que recién podría empezar a asomar en nuestro firmamento.
En buena medida, ello dependerá de la dignidad, la valentía, la determinación y el sentir patriótico con la que la mayoría de la oposición política pueda estrecharse en defensa de la democracia que supimos conseguir, aún con todas sus imperfecciones y limitaciones, corregibles en su totalidad. Pero que de a poco ya nos la están haciendo comenzar a extrañar.

