El ejercicio de análisis, balance y evaluación de perspectivas permite sacar conclusiones de toda experiencia. Como la vida, tiene la fiabilidad que le imprimas para ver con sinceridad, o bien caso contrario, termines auto-engañándote.
Vivir es conocer. Una frase que encierra lo que muchos no pueden expresar. “Muchas cosas” diría alguien educado por pantallas. “Digamos, este… o sea…” sostiene el limitado obsesivo que oficia de presidente.
Durante tres generaciones vivimos cuatro veces el mismo experimento social: con la dictadura y el plan Martínez de Hoz; con Carlos Menem la mentira monumental de la convertibilidad… ¿Quién podría creer que la moneda de un país en desarrollo, chico y odiado por sus propietarios, es equiparable con la de la primera potencia imperial? Pero allí estuvieron millones de argentinos que querían creerlo.
El macrismo halló la manera de generar la expectativa de un cambio, una palabra hueca llenada con el (¿suicidio?) del fiscal Nisman, la operación de la “morsa” contra Aníbal Fernández, el desgaste de una mujer que se atrevió a desafiar a los verdaderos poderes y las miserias del peronismo.
Y pasó lo que tenía que pasar. Si ponés a un contrabandista experto en estafar al Estado a través de sus miembros más corruptos, obtendrás un plan de negocios y una deuda impagable.
Ahora llegó el tiempo de un hombre solitario, maltratado, apegado a su peluche “vivo” hasta la adoración y con pocas creencias muy afincadas, ha logrado llegar al sillón mayor. Allí puede desplegar todas las manías que supo acumular en su existencia para intentar empardar un país, ya abundante en conflictos, con sus propias neurosis.
Uno puede convertirse en un/a viejo/a sabio/a, o simplemente en alguien que amontonó años sin aprender nada.
El ejercicio de análisis, balance y evaluación de perspectivas (cualquiera que haya estudiado al viejo alemán bibliófilo) permite sacar conclusiones de toda experiencia. Como la vida, tiene la fiabilidad que le imprimas para ver con sinceridad, o bien caso contrario, termines auto-engañándote.
La medida, el reglar el tiro, la aproximación más exacta para evaluar una situación para modificar algo en el difícil arte de mover el elefante social, aún sabiendo que debe hacerlo por sí mismo.
Este oficio se hace de modo colectivo y humilde, o no se logra. Nadie puede solo comprender toda la realidad. Cada vez que escuches un “yo te lo explico”… o quieran darte una lección de “cómo es la cosa”…tendrás enfrente a alguien que no entendió lo básico. Que se requieren compañeros de ruta y sentido para, en conjunto, darle un poco más de claridad una parte y un momento de este mundo.
Y aún compartiendo con muchos compañeros el debate y la síntesis que te permita actuar, organizarte es sólo el primer paso.
Que una huelga, que mil huelgas, movilizaciones, tomas de lugares de trabajo, resistencias pasivas o activas, planes de lucha prolongados, paros generales por tiempo indeterminado… todo servirá para mover un poco la aguja, pero no para mover al poder. Y aún hay que hacerlo y lograrlo.
Mil elecciones y todo el Congreso, los medios de comunicación bajo control, jueces decentes y hasta militares democráticos… sólo te darán un porcentaje del poder necesario para condicionar a los que mueven los dólares, exportan nuestra comida, concentran los alimentos y la industria pesada, levantan el celular y hablan con la Embajada… Los que generan el clima de producción de tu vida porque (lo demostraron cortando rutas en 2008) pueden paralizar la economía con la gran botonera.
Basta estudiar la historia de las revoluciones para ver la persistencia de estos seres para resistir a que les quiten la botonera. Masacres, sabotajes, terrorismo, bombardeos de su propia población, asesinatos selectivos de líderes, bombas colocadas en lugares especiales, golpes de estado…
Son capaces de todo para proteger sus posesiones y privilegios. Quien no esté dispuesto a enfrentarse a eso, pues que no intente enfrentarse al poder real. Ahí vieron lo que un grupito proxi-tercerizado le hizo a Cristina…
Lo otro será intentar arrinconarlos un poco, hacerse lugar, disputar algunos botones. Sobrevivir con algo de decencia sin cuestionar el orden, amenazar su propiedad apropiada, sus prebendas y franquicias. Nuestros partidos progresistas o populares han hecho eso desde que se retiraron los milicos frustrados en 1983.
Quizás haya que empezar a pensar, seriamente, hasta dónde estamos dispuestos a luchar en pos de diseñar y construir otro país.


