Debería ser surrealista e hilarante a la vez, pero no. Porque mientras las políticas gubernamentales someten a la deriva y una gradual y sostenida desesperación social en aumento a causa del plan sistemático de empobrecimiento y transferencia de activos a pocas manos, un culebrón acerca de ejes muy delicados se yergue como telón de fondo de quienes toman las decisiones que afectan a la vida de quienes habitamos Argentina
Era un secreto a voces, pero un periodista, que ya ha tenido varios cruces picantes durante las rondas de prensa en Casa Rosada con el peculiar y recientemente ascendido a secretario de Estado, Manuel Adorni, metió el dedo en la llaga, y realizó una pregunta que aclaró, sería posiblemente «banal»: Quiso saber si los perros que posee el presidente Javier Milei, realmente son cuatro, o cinco, como asegura el primer Mandatario, a pesar que es de público conocimiento la existencia física, actualmente de cuatro de los mismos.
La escena, digna de una comedia picaresca del cine italiano de mediados de siglo XX, obtuvo una respuesta tan contundente como polémica, que encierra una fuerte matriz ideológica y de pensamiento en el propio Adorni (y tras de sí, a toda la cúpula gubernamental): «Qué te importa si son cuatro, son cinco perros o 43 conejos? ¿Cuál es la diferencia?… Si el presidente dice que hay 5 perros, hay 5 perros, y se terminó».
Claro que tras ese cruce, que esperamos los pochocleros y cinéfilos natos, algún día se lleve al cine, aún sabiendo que será imposible remontarla más allá de una película Clase C, subyace otro secreto a voces, que son ciertas dudas respecto al cuadro de salud mental del Presidente, eje que despertó controversias ya durante plena campaña electoral, cuando se viralizaron dos videos de diferentes situaciones, en las cuales el mencionado protestaba por escuchar supuestas voces que le entorpecían el desarrollo de sus explicaciones, en lugares probadamente silenciosos.
A ello podemos sumarle rumores fuertes referidos a supuestas sesiones espiritistas junto a su hermana, Karina Milei, antes de tomar decisiones cruciales, tales como intentar detener los aumentos obscenos perpetrados por los dueños de las prepagas contra sus afiliados.
Pero detrás de ese mega-blindaje más externo que interno, Argentina se desnuda cada vez más ante propios y extraños, como un lamentable rehén de los designios de dirigentes que con sus propios accionares, siembran de dudas acerca de sus propios comportamientos y tendencias, y cuyo único norte es rematar una nación completa, transferir todas las riquezas a grupos megapoderosos de las finanzas, y sacrificar en la pobreza, concienzuda y deliberadamente, a la mayoría del pueblo argentino.
Como bocadillo a modo de cierre reflexivo, y meditando en la explicación intelectual a la que recurrió Manuel Adorni «si el presidente dice que son 5 perros, son 5, y se terminó», no puedo dejar de evocar aquella escena de la película 1984 en la cual el representante de la «policía del pensamiento» y torturador, flagela y somete mediante suplicios físicos y psicológicos al personaje central, Winston, para que allí donde hay 4 dedos, no vea 4, sino 5… o los que el torturador decida que hay, de acuerdo a cada ocasión.
Quizás… y sólo quizás… esta post-verdad continua, persiga y fantasee con convertirnos en un gran público acrítico como el de aquella ficción, basada en la novela de George Orwell.
La movilización popular se revela como una herramienta que aterra a toda la cartera de gobierno. Por eso las amenazas. Por eso la represión sistemática. Es el terror ante la imposibilidad de controlar y someter bajo sus designios y anhelos de forzar un cambio radical del sentido de realidad, a esta gran parte de la sociedad, que sigue apelando a la organización, a la confraternización, a la construcción de debate en democracia, y al pensamiento crítico. Lo cual, en definitiva, es el summum horrorem para quienes se han apropiado del concepto «libertario».
