Uno de los más reiterados y garrafales yerros políticos que tiene un amplio porcentaje de la ciudadanía, aquella que se reivindica a sí misma como integrante del campo nacional, popular, y también entre quienes simpatizan con las fuerzas de la izquierda, es la subestimación del adversario –o enemigo- político, al que busca ridiculizar desde constantes chicanas, bordea las teorías conspirativas, y se crean un microclima en el cual unos festejan las ocurrencias de otros, o señalan alguna afirmación hilarante de algún dirigente de esos que se dicen representantes de los segmentos más populares de nuestro país.
Una y otra vez, mientras todo aquello acontece hasta el aburrimiento, las fuerzas herederas de las siniestras facciones conservadoras – liberales de primera mitad del siglo XX, en apariencia caóticas, disgregadas, en apariencia padeciendo feroces internas… en apariencia siempre a punto de desbarrancar… logran consensos a como dé lugar, cooptan voluntades por las buenas o por las otras, de alcahuetes y serviles miembros de los partidos políticos mayoritarios, al menos durante los últimos 100 años, y así avanzan, ejecutan, saquean, entregan un país entero a manos extranjeras, nos comprometen en la horrenda eventualidad de insertarnos en dos conflictos armados, tan lejanos como inauditos para la intervención argentina en los mismos…
… y con tamaños hechos consumados o en vías de serlo, continuamos regocijándonos con los defectos estéticos e incluso físicos del primer Mandatario, o los múltiples yerros (que a ellos ni les importa) discursivos de su troupe de empleados menores, haciendo el trabajo sucio para un puñado de magnates que jamás dan la cara, pero supervisan todo. Y, al menos hasta ahora, a lo largo de nuestra historia (por sólo remitirnos a la nacional)… terminan ganando una y otra vez.
Una oposición mareada, entre debilitada y vendida
El vacío dirigencial de la oposición no permite pensar en alternativas, lo cual facilita que el gobierno logre conservar –haga lo que haga con nuestras vidas durante los próximos meses – aún y a pesar de todas sus vicisitudes y atropellos, un apreciable apoyo ciudadano, potencialmente también electoral.
Habrá que ver quiénes logran capitalizar la fuerza de las movilizaciones populares en las calles, porque la avanzada destructiva de los libertarios y aliados, es totalizadora.
“Es tiempo social antes que político. La calle puso acción como nunca. Ahora falta que la dirigencia que dice representarla… esté a su altura” señaló Eduardo Aliverti en su editorial radiofónico del pasado 27 de abril.
En marcha el proyecto de un país a la venta
Con una cámara del Senado de la Nación tan alejada de las necesidades más acuciantes del grueso de la población, idéntico al sentir de sus propios jefes, a cargo de numerosas gobernaciones provinciales, se avecina una cercana aprobación de la Ley Ómnibus, gracias al apoyo tan incondicional como fervoroso del PRO y también de la UCR más allá de sus idas y venidas y un puñado muy minoritario de dirigentes que en vano luchan desde adentro buscando torcer el rumbo comprometido por el centenario partido, en contra de la mayoría de sus banderas históricas. A ello hay que añadirle más color con numerosos «peronistas dialoguistas» y orgánicos del PJ que, por convicción o en cumplimiento de órdenes de gobernadores, también se suman a la cumparsa indigna de los levanta-manos contra el destino de un país entero.
Y si bien el texto de la ley podría sufrir modificaciones y volver a Diputados, la resultante sería igualmente catastrófica para el futuro inmediato de la Argentina, y más allá: privatización de once empresas públicas, facultades extraordinarias para un Presidente portador de evidentes rasgos mesiánicos y fundamentalista radicalizado en su línea de objetivos antipopulares pautados, la eliminación de la moratoria previsional, la restitución de Ganancias para trabajadores, una reforma laboral y un régimen de inversiones con obscenos beneficios impositivos. Ello sin mencionar aún a la “tregua” aceptada con dirigentes políticos y sociales en Diputados, pero que el gobierno romperá una vez promulgada esta “ley base”, y que implicará destruir el sistema de monotributo social, arrojando así, concienzudamente, a la informalidad total y seguramente de por vida, a más de un millón doscientos mil compatriotas. Se verá dentro de 3 meses qué sucede, de acuerdo a la tregua acordada durante la reciente sesión en Diputados que le otorgó una “goleada” favorable a Milei en la media sanción de la ley “Bases”.
¿A reconstruir todo de nuevo, o a crear todo otra vez… hasta las instituciones?
El movimiento obrero organizado –no siempre con sus dirigentes a la cabeza-, los diferentes actores de diversas manifestaciones artísticas y culturales, y una emocionante perseverancia en la vocación de amplios sectores de la ciudadanía por permanecer en estado de movilización y deliberación colectiva, asoman como las nítidas trincheras que aún persisten de pie para resistir a la nueva hora de las derechas autoritarias en nuestro país, esta vez con mayor cohesión y pactos intestinos en pos de avanzar rápidamente a la reconfiguración integral de una Argentina donde haya ricos muy ricos, y una versión del siglo XXI de siervos de la gleba, sin derechos sociales ni laborales, muchos de ellos sometidos a trabajar hasta morir.
Pero allí están, estamos, esos millones que salen a las calles, marchan, venden muy cara la derrota de sus dirigentes, no se resignan al sometimiento con marcado sesgo de vasallaje y humillación popular que ya comenzó a desplegar el gobierno nacional junto a sus tentáculos asociados de circunstancia.
Allí está, esa porción golpeada y vituperada de nuestra sociedad, que se siente a la deriva, traicionada o cuando menos, decepcionada con la mayoría de los dirigentes que afirman representarles, y allí va ese pueblo, aprendiendo un poco de modo espontáneo, a movilizarse en este tiempo hostil, a transitar este período en clave de resistencia, con muy poco o nada de conducción política que les delinee un rumbo y estrategias a seguir.
El poeta y cantautor Daniel Viglietti lo habría puesto mucho mejor que este modesto escriba, y nos recordaría esos versos esenciales, que dejo a continuación
Yo pregunto a los presentes
Si no se han puesto a pensar
Que esta tierra es de nosotros
Y no del que tenga más
(…)
A desalambrar, a desalambrar
Que la tierra es nuestra
Es tuya y de aquel
De Pedro y María
De Juan y José
A los tumbos, iniciamos ese eterno retorno a las definiciones que intentaron echar luz sobre un camino circular en nuestra sociedad. Hace 50 años ya lo advertía Rodolfo Walsh, y nos enseñaba a través de la literatura en “Un oscuro día de justicia” aquello de que “(…) el pueblo aprendió que estaba solo y que debía pelear por sí mismo, y que de su propia entraña sacaría los medios, el silencio, la astucia y la fuerza…” Es el punto de partida hacia un hacer todo de nuevo, y estar dispuestos a renovar y a descartar dirigentes.
No sólo es posible todo ello. Es absolutamente imprescindible.

