Por: Kurt Lutman

Tuve un montón de héroes a lo largo de mi vida. Mi viejo fue el primero a mis 3 años. A los 5 fue El Zorro. Quise ser Massinger Z y Pitufo valiente.
Mi maestra Norma de 1º grado y Ezequiel, que corría rapidísimo en los recreos. El Chapulín Colorado. También Reynaldo, que en los fichines del Bar salió campeón en el videojuego de Boxeo nokiando al temible retador Mexicano y firmando REY arriba de todo y de todos.
Llegó Maradona y sus dos goles a los que mataron a muchos chicos en una isla del sur.

Un episodio marcó el derrumbe de mi primer ídolo.

En la cuadra se juntaban pibes mas grandes y coleccionaban figuritas al igual que yo. Mi «toco» era de 110 figus y al notarlo me propusieron jugarlas. La ventaja etaria y motriz de ellos sobre mí era abismal. El juego era el siguiente: se lanzaban figus y quien arrime mas cerca de la pared, se llevaba las del resto. Y así fue. Los 4 pibes mas grandes, casi como una organización delictiva, me fueron ganando todas. Cuando me quedaban 10 me largué a llorar y entré a mi casa angustiadísimo.

Mi viejo me vio y me preguntó qué pasaba. Paso siguiente, me pidió las 10 figuritas restantes y salió a la vereda, mientras yo lo seguía de atrás. Los desafió en mi cara y les dijo que eligieran ellos la pared para jugarlas. Los 4 muchachones accedieron sin inmutarse. Y así fue. Mi viejo me miró, lo miré, se arrodilló, calculó cerrando un ojo en un estilo propio y empezó a jugarlas y perderlas sin prisa pero sin pausa. A los 5 minutos, los dos nos volvimos a mirar. Mi padre sin ninguna figu y sosteniendo ante el enemigo un esfuerzo por mantenerse estoico. Yo sintiendo que se desmoronaba un héroe vital para mí. Mi sostén.

Desde ese día me costó apoyarme en él.

Pasaron 40 años.

En tiempos de «exitosos» héroes de cartón, reivindico esa paliza hermosa que él se comió en mi nombre. Sólo los héroes de verdad están dispuestos a anteponer su cuerpo como un pararrayos, ante las angustias que este puto mundo les depara a sus pichones, y perder.

Prendo la radio y suena «El tesoro» de fondo y casi distingo tu voz diciendo:
«…me gusta estar de nuevo acá, aunque no hayas preguntado por mí, voy a quedarme un poco acá, cuidarte siempre a vos en la derrota… hasta el final. El final»

Por c2002403

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