El voto con los pies es efectivo, democrático y pacífico como herramienta de protesta y demanda. Aunque – una vez más planteamos – mil paros y movilizaciones son el combustible indispensable, insustituible para luchar, si bien la herramienta que finalmente permite transformar esta situación de crisis y destrucción de la economía productiva en movimiento de salida, sea siempre la política.

El contexto internacional es negativo: en lo macro, el planeta tiene nubes de guerra nuclear en el horizonte, de desastres naturales como el del sur de Brasil, de guerra económica abierta entre el imperio norteamericano declinante y la emergencia de la potencia China (entrelazada por un enjambre creciente de economías del BRICS).

Nuestro país es una trinchera de estas disputas. Nuestro presidente holograma, en un gesto de sobreactuación (lamebotas, diría el gigantesco Fidel) nos metió en el conflicto ucraniano enviando helicópteros e invitando al nazi Zelensky a su asunción.

Con el proyecto de ley de bases, llama a los “inversores” internacionales a saquear rápido y sin control a nuestros recursos naturales. Viaja de emergencia a Ushuaia para ponerse a los pies de una generala de segunda categoría del Comando Sur, la misma que declaró abiertamente que EEUU considera como suyos toda la reserva estratégica de América del Sur. Todo cierra.

Si alguien cree (aín) que la dolarización era para mejorarle la vida y estabilizar los precios… no sabe nada de historia, de política, de economía, de sociología… no lee diarios, no escucha radio o televisión, perdió la memoria, es pensado por otros y obedece lo que las redes le imprimen en la cabeza.

Que nada de esto te importe, habla de hasta dónde les empujaron moralmente los medios y redes de los dueños de todas las cosas.

Estamos tan en riesgo que, al implicarnos en el conflicto Palestino, basta con que un par de místicos de chalecos explosivos y la policía -más interesada en acordonar las veredas que en prevenir delitos- sólo será útil para recoger pedazos de víctimas.

Pareciera que sólo resta que el desembarco habilitado de financistas y sus dólares en diciembre para la bicicleta financiera, huelan que llegó la hora de irse, para que estalle su precio y salte lo que quede por destruir. 

En el mismo sentido, los agroexportadores pisan sus dólares, el Fondo Monetario le niega recursos a Caputo, la Canciller de té canasta no logra que los chinos le posterguen el vencimiento de los préstamos, las deudas se acumulan, las protestan se suman, la bronca madura…

Alguien dijo por ahí: es un gobierno vacilante, pero no tiene quién lo empuje.

Es un momento en que debemos pensar y acordar un programa de salida de la crisis: impuestos a la inmensa riqueza acumulada y congelamiento de bienes para quienes tienen sus patrimonios fugados al exterior, plan de viviendas masivas, distribución interna, empezando por los jubilados para dinamizar el consumo, controlar hasta el último dólar circulante, priorizando lo que se necesita para producir, desarrollo de ciencia, educación y salud. Control exhaustivo de lo que exportan nuestros oligarcas y de qué se hace con los dólares generados con la tierra y el trabajo que nos pertenece a todos los argentinos, y que ellos sólo usufructúan.

Basta de respeto religioso de la propiedad privada: la propiedad es social, tal como lo decían los peronistas valientes en 1949.

Poner en debate a nuestra sociedad para mejorar la educación, empezando por la palabra de los propios docentes y sus organizaciones sindicales.

Armonizar criterios, desde los jardines maternales hasta las universidades. Planificar y sumar formación profesional y especialización en las tareas más necesarias en corto, mediano y largo plazo para una economía industrial, pero también para los circuitos productivos internos de provisión de bienes y servicios… controlar hasta el mínimo detalle respecto al intercambio digital, priorizando lo útil, lo bueno, lo bello y necesario.

¿Qué podemos hacer por la igualdad de género? Eso requiere la respuesta de las compañeras, pero sin duda sin ceder poder no habrá políticas de prevención, cuidado y reparación para víctimas de la violencia, igualdad absoluta en lo económico, social y político. En la calle ya lo tienen.

Reconstruir sistemas ecológicos, algo que requiere mucha mano de obra, con estudios hídricos preventivos de inundaciones, reforestación masiva, producción de alimentos en cada escuela, sociedades de fomento, patios y espacios no utilizados del Estado… hay mucha tarea posible y cerebros para afinar propuestas que impliquen una fiesta de esperanzas y épicas de construcción.

Eso no se hará con odios acumulados, serruchadas de sillas ni negocios chiquitos para cajas políticas, sino con espíritu de gesta nacional para la construcción de una Patria Para Todos.

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