En el recorrido Enzo, un tanguero que intenta examinar sus actos en una situación particular (que no contaré), pinta con pocas pinceladas su mirada sobre el cotidiano, y deja en claro las dificultades que permiten entender ¿en qué fallamos? Yendo un poco más allá con la tozudez de este hombre, en creer que tener razones, dota a las decisiones de universalidad.

Y tal como adelanté, la película me impresionó o por apelar a un sentimiento más preciso, me conmocionó. Intentaré contar algo de lo que sentí como espectador.

En principio, aunque este análisis resulte de una reflexión luego de que apagué la televisión, fruto de la interpretación del libro de su autora, Alicia Muñoz -de quien debo decir que nada conocía hasta que pude buscar y encontrarla hablando en uno de sus estrenos teatrales de esta obra- deduje que en la historia del común de los hombres amerita examinar las “pequeñas cosas” de la vida, en momentos en los que las reflexiones sirven a quienes han tomado decisiones, y masticar la postergación de las demostraciones. Creo que la gran lección de tamaña dramaturga es que nunca es tarde para hacerlo, aún cuando en apariencia ya no haya nada que hacer.

Tal vez en mi conmoción no queden afuera algunas de las tantas situaciones que ameritan la tan esperada conciencia crítica cuando parece estar ausente. Y digo esto porque algunas de las “pequeñas cosas” que muchas veces son, en apariencia, grandilocuentes, no estarán exentas de que venga alguna factura. Al menos eso se espera, sobre todo cuando con ciertas decisiones “del común de los hombres” se afecta a todos y todas.

Una de ellas quiero extrapolar: la particularidad de la historia de vida, es cuando la educación, el arte y la cultura, ámbitos en los cuales no me queda ninguna duda que sobreviene un carácter subversivo, son afectados directa e indirectamente, pues hacemos de su contenido carne en nuestras interpretaciones de todo aquello que sucede en nuestras vidas. Claro está, acusamos recibo cuando de su retaceo quedan en riesgo de ser diezmadas.

Y así, buscando algo más sobre el asunto, llegué como dije a una de las representaciones teatrales sobre esta obra (2006). Descubrí en uno de los parlamentos de Enzo algo que resulta por demás elocuente, y que forma parte de la conciencia crítica, que es la de muchos y, porque no decirlo, de todos y todas:

“Yo pensé que la felicidad estaba más adelante”

He aquí la gran metáfora de la postergación, la cual en tanto juicio a nivel individual afecta a pocos, pero que no es así cuando en esa postergación caemos no pocos y pocas.

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