La absurda bandera del recorte por el recorte mismo sólo va dejando víctimas por doquier. Ninguna posibilidad de mejora aparece en el horizonte, sino de desmejoras en la situación nacional. El primer detalle se pudo apreciar con el “famoso superávit” de enero. 

Mientras el gobierno la difunde como el gran éxito de su gestión, lo real indica que se logró a costa de la  ausencia de gestión y caída real de las jubilaciones y prestaciones sociales. La presencia permanente de un futuro promisorio que nunca llega, para afianzarse en sus cargos. Mientras que las víctimas siempre son las del mismo lado.

Burlonamente, en las redes, se puede leer la contraparte popular: “por fin se cómo llegar a fin de mes. Dejé de pagar las facturas de electricidad, gas y agua, dejé de comer, etc.”

El absurdo del recorte se puede encontrar en la inconclusa red de gas. El recorte, planificado como tal, dejará perjuicios por partida triple.  Por un lado, los perjudicados de siempre: las empresas que no van a desarrollar las obras y los trabajadores que quedarán sin sus tareas y por ende, sin recibir sus salarios. Pero en esta ocasión quedará perjudicada toda la sociedad, la Nación entera: debido  a la decisión del Gobierno, ya que no habrá abastecimiento para las provincias del norte a precios locales. Y además, no se logrará el autoabastecimiento programado, por lo que habrá que seguir importando energía, con la correspondiente salida de divisas.

El proyecto en marcha en 2023 apuntaba a modificar la matriz energética del país. Generaba múltiples beneficios, poniendo al país en condiciones de ahorrar más divisas, promover la producción nacional de gas e impulsar el empleo, entre otros hitos destacados.

Para este 2024 estaba proyectado superávit energético, pero en diciembre han pasado cosas… El mismo ha quedado comprometido luego de las demoras en que incurrió el gobierno para impulsar las obras pendientes del gasoducto Norte.

Enarsa licitó hace poco más de un mes los renglones 1 y 2 del plan de reversión, necesario para poder enviar a las provincias del Noroeste del país, a través de los conductos ya existentes, el gas extraído de los yacimientos de Vaca Muerta.

Según las previsiones técnicas, las obras recién quedarían terminadas para septiembre.  En síntesis, durante los meses más duros del invierno será necesario continuar con importaciones de energía de países vecinos y la compra de gas natural licuado (GNL) al exterior.

La constructora del empresario Carlos Mundin, BTU, resultó adjudicataria por parte de Enarsa de los renglones 1 y 2 de la licitación. Esto implica la construcción de un ducto de 22 kilómetros entre las localidades de La Carlota y Tío Pujio, además de dos ductos paralelos de 62 kilómetros de extensión. La empresa se impuso por sobre la unión de Techint-Sacde y a Pumpco, firma controlada por el cubano-americano Jorge Mas, dueño equipo de fútbol Inter Miami.

El plan original diseñado por el gobierno anterior incluía la reversión del gasoducto del Norte, con el fin de sustituir las importaciones de gas y petróleo, usufructuando la gran productividad de los yacimientos de Vaca Muerta. De ese modo, se aseguraba el abastecimiento con producción local para las provincias del norte del país con producción local.  Además, se garantizaban precios más económicos, además de sustituir importaciones desde Bolivia y exportar a Chile.

Al mismo tiempo incluía el tendido del gasoducto Néstor Kirchner, con una primera etapa desde la localidad neuquina de Tratayén hasta la bonaerense de Salliqueló. Luego seguiría otro tramo hasta San  Jerónimo en Santa Fe. A partir de este punto, se enlazaba con otros tendidos para poder exportar a Brasil. 

Existía otro proyecto por el que YPF se iba a asociar con la malaya Petronas, para construir una planta gasificadora en las costas patagónicas.  Desde allí se iban a enviar embarques al exterior. Habrá que ver ahora cuánto se demorarán, y de qué modo se desarrollarán estos proyectos. Lo cierto es que no existe ningún atisbo de defender lo nacional.  

En estos días se pudieron apreciar las consecuencias de las decisiones adoptadas por el gobierno nacional. No fue casual que, frente a la primer ola de frío, más de 100 estaciones de servicio interrumpibles en las provincias de Buenos Aires, Tucumán, La Pampa, Catamarca, Santiago del Estero, Neuquén y Río Negro, dejaron de vender GNC debido a la suspensión de suministro por parte de las distribuidoras Camuzzi y Gasnor. La decisión fue adoptada por las mismas, para reforzar el suministro de gas a los hogares debido a las bajas temperaturas.

El vicepresidente de la Cámara de Expendedores de GNC, Oscar Olivero, explicó que si bien en Vaca Muerta “hay sobrante de gas” y con ese recurso “alcanzaría para todo el país y también para exportar, lamentablemente no hay forma de transportar el gas hasta los centros de consumo porque el gasoducto Néstor Kirchner que llegó hasta Salliqueló, tiene pendiente de finalizar el tramo de Salliqueló a los troncales de gasoducto que van para las regiones norte este y oeste.”

«Cuando se termine dicho tramo, que aún está en ejecución, es probable que no haya faltante”, agregó Olivero. Mientras tanto, hay que abastecerse con los buques de GNL importado, y allí aparece el problema con la importación y las políticas de subsidio que lleva a cabo el Gobierno.

“Como no hay subsidios, el gas que viene en barcos cuesta entre 12 y 13 dólares el millón de BTU, y el gas que se vende en las estaciones cuesta 4 dólares cada millón de BTU”, por lo cual «ninguna empresa va a comprar a 12 dólares para vender a 4”.

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