La historia argentina no es posible de ser entendida desde una sola dimensión: como parte formal del relato de un país, diferentes dimensiones deben de cruzarse para que con su desarrollo logremos formalizar la fisonomía compleja de los tiempos que han pasado, entender quiénes somos y en qué lugar habitamos y anticipar el futuro. Son parte de ese universo poco traslúcido, aquello que tal vez no ha sido, las desapariciones forzadas y el ocultamiento que han intentado ser parte de un olvido forzado, recuperado en cambio diariamente, y que ha tomado forma ligado con los derechos esenciales del hombre.

Nuestra historia nos habla, entonces, de quienes han dejado de ser individuos para tomar la forma de entidades que pusieron en acto la tragedia e hicieron posible la recuperación no solo de la memoria, de los restos y de los descendientes cautivos. Estos actos políticos necesitaron de acciones altruistas que no han tenido precedente y que labraron la huella de la memoria activa en pos de recuperar ideologías, luchas y personas para poner en su lugar no pocas cosas, diferentes aristas que forman parte de nuestra historia.

Nora Cortiñas fue una de esas personas que dejó de ser individuo y dedicó su vida a la construcción de una memoria social y a la lucha por mantener en vigencia los derechos humanos. La desaparición de su hijo Gustavo, un militante de la juventud peronista comprometido con las causas sociales, le enseñó a abandonar su tranquila vida hogareña para dar combate. En la ardua tarea, se sumó a recuperar y sostener la búsqueda, labrar la memoria, sumarse a no pocas luchas sociales, exhumar los restos, las voces en pos de salir de la explotación impiadosa que los poderosos han hecho siempre.

De todas sus huellas, han quedado de Nora no sólo las luchas ganadas, sino el compromiso, la continuidad de las acciones conjuntas como Madre de Plaza de Mayo, las actividades académicas que impartió en pos de los derechos humanos y la entrega, encarnando en todos nosotros, quienes acompañamos su misión inalcanzable.

Por eso, creo que en Nora se capitaliza la racionalidad de una madre con un actuar proyectado. Aquella mujer que ha sabido combinar la templanza del esclarecimiento con escuela, y la paciencia de saber que las semillas seguirán germinando en las mentes, en los pensamientos, tarde o temprano. Así ha hecho carne el combate en una de sus tantas sentencias: “si quieren borrar los logros alcanzados, estaremos en la calle”.

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