Era un deporte de masas, estimulado por la gran mayoría de los bocones de la tele, insultar a presidentes y políticos que hacían posible esa vida de derroches, en que la energía era más barata y los precios se “atrasaban”, los planes podían comer un poco más regularmente con “la tuya”… en el 50% de una economía (los que realmente pagan impuestos).

Los millonarios se hacían más ricos, florecían los barrios privados, los laburantes del Estado seguían con contratos renovados automáticamente, los monotributistas y las mil formas del autoempleo podían comprar algunos dólares.

Como hace mucho tiempo, desde el inicio mismo del Estado-nación que ellos mismos diseñaron a martillazos y fusilamientos, nadie se acordaba de los “círculos rojos” y otros clubes exclusivos de fugadores. Los mismos que ganaban carradas de billetes verdes abrigados por la lenidad de quienes querían llevarse bien con ellos y les permitían fugarla a las cuevas externas, siempre y cuando los dejaran repartir un poco de una economía que crecía para todos.

El sueño terminó cuando los soñadores que creían que era posible una Argentina de armonía entre ganadores, se encontró con que los obreros que compraban ceros km, desocupados con planes y sobrevivientes encallecidos de villas, apostaron por un millonario y famoso de ojos claros. Alguien que fue presidente de Boca Juniors, Jefe de Gobierno de la ciudad más rica (a costa de 24 provincias y sus postergaciones), era capaz de contrabandear sin ser preso, sacarle plata al Estado con su familia por generaciones… un bon vivant de apellido siciliano y sus socios, no podían fundir un país rico y próspero. Sólo era conservar lo que estaba bien y mejorarlo…

¿Qué queda de aquella burbuja, ahora que el inyenieri compró un socio nerd místico, pero mejor vendedor de polvo de estrellas?

Hay quien mastica videítos, apuesta online a falta de otras drogas que nos hagan olvidar de la miserabilidad cotidiana, quienes no pueden o no quieren enfrentar sus vacíos y jamás responder preguntas demasiado profundas: Qué es ser decente, sobrevivir sin esclavizarse, ser mejor persona, qué es vivir en comunidad o pensar en alguien más que en sí mismo…

Y ahora…

Nos han presentado un showman, con la boca grande, pocas pero eficaces ilusiones, mucho pelo y capaz de las mayores groserías y ridículos… convertido por la magia de las pantallas en un mesías.

Nos gobierna un señor que insulta a jefes de Estado de medio planeta, postula extravagancias como ideas geniales (ineficaces), escupe tosquedades delante de ricos extasiados por el espectáculo de quien les promete grilletes para los trabajadores… mientras bombardea sus fábricas…todo aquí es grotesco, bufonesco, ridículo… pero es lo que hay.

La producción se hunde, porque los sueldos y jubilaciones no pueden comprar. Los que ahorraron en dólares con el peor gobierno de la historia, son obligados por la sequía a gastarlos por el aspirante a premio Nóbel que vino a cambiarlo todo. A hacerte sufrir un largo tiempo para generar una potencia como Alemania…no: como Irlanda…en 15… no, en 35… no; en 45 años.

¿Qué hacer?

¿Es posible que sólo con los dedos en V, el escudo y la marcha podamos crear la fuerza que resuelva este nudo neoliberal? ¿Qué se hace con aquellos que no adhieran a la mística de sentirse los dueños de la historia? ¿Es necesario repetir el error de las autodenominadas izquierdas, que sostienen conflictos justos, llamando a que todos los demás se encolumnen a su conducción?

Para los que piden definición de las bases: ¿Cuántas unidades básicas están abiertas realmente, juntando vecinos y militantes? Los casa a casa, práctica interesante que requiere del despliegue de muchos, lleva tiempo, paciencia y síntesis organizada; Pero en tales prácticas, ¿Escuchan, o sólo buscan convencer? ¿Dónde se junta la información clave para medir el pulso de la opinión pública? ¿O confiamos en las consultoras pagas por otros armando respuestas al dente?

¿Es posible la reconstrucción de un movimiento unificado si solamente desplegamos campañas un mes antes de una elección?

Movimiento obrero

Las organizaciones sindicales están de pié, aunque sufriendo la pérdida de aportantes por la malaria generalizada y provocada. Sus prácticas internas llegan a los que aún tienen trabajo. Gran parte de nuestro pueblo está quedando fuera de cualquier amparo. Ahí necesitamos la herramienta política.

Nosotros pelearemos por el trabajo y la producción. Podemos acercar apoyo y experiencia, incluso algún recurso a los que resisten desde las ollas. Alzar el reclamo y la voz con ellos, pero no sustituir la fuerza organizada de los movimientos sociales. Menos convertir en síntesis partidaria que abarque mayorías, con todas las variables y sectores sociales de nuestra población.

Y si hay que crear nuevos instrumentos para resolver, pues a generarlos. Hoy están probándose los nuevos cuadros de batalla en los conflictos. La única escuela de la política en serio es la lucha.

El rey loco quiere quemar todo. Por ende, no es momento de prender un pucho en el incendio y ponerse a pensar qué haremos mañana.

Ahí tenemos la salud de medio Conurbano en peligro por los despidos en el Hospital Posadas. Ahí están quienes sostienen comedores y ponchean para dar un día más, una comida más.

En las antípodas, secuestran niños quién sabe con qué fin o se asesina a una mujer en los barrios.

Hay que abrazar a las familias, acercar ayuda, difundir información para encontrarlos o protegerlos. Estar atentos con los vecinos y comerciantes de cercanía para evitar asaltos, cuidarnos entre todos sin esperar resultados de los que administran chorros o transas. Ni  tampoco matar como perros a quienes ya están desesperados por la marginación, la desocupación y la indiferencia social. Nadie nace chorro.

Ser parte de ayudar en una escuela es tan útil como sumarse en un club de barrio o la comisión de una parroquia. Hacerse cargo de los problemas de una comunidad y unir lo común, sin esperar recompensa personal. De ahí nacen las mejores epopeyas.

Si no es de abajo y desde el abrazo, no hay dirigencia ni proyecto.

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