“Inventamos o erramos”, Simón Rodríguez

Ello de la mano de un deliberado intento de ocultamiento de las decisiones más polémicas que va tomando el Ejecutivo, con manos libres para casi todo desde que más de 140 diputados nacionales y 36 senadores decidieron integrarse al oprobioso otorgamiento de alas para que todo ese drama se desarrolle con proa hacia ningún destino agradable para las mayorías.

El misterio de las valijas con lingotes de oro

La afrenta de volver a llevar oro a Gran Bretaña no es sólo la resultante de una ruleta financiera, ya de por sí perniciosa para los intereses reales del ciudadano común en su vida cotidiana, sino que asesta otro cachetazo a lo poco que queda de moral nacional genuina, en el marco de un pueblo que mayormente se limita a exacerbar un, cuando menos hipócrita, reverdecer nacionalista durante competencias deportivas, y el resto del tiempo observa cómo le desguazan cada área institucional que obran de cimientos invisibles – pero allí están- para el desarrollo básico de nuestras vidas.

 Y eso por no ahondar en un análisis de los amplios sectores medios que gozan en el corto plazo con la caída en la desesperación y el hambre de las clases más desprotegidas, sin ahorrarse en ese placer inconfesable toda clase de epítetos racistas, xenófobos y discriminadores de toda índole contra el que no “pertenece” ni merece serlo.

En tamaño marco, el gobierno consigue avanzar en sus peores propósitos, arriesgo a señalarlo por ahora, fácilmente. Con los aplausos de la mayoría de las líneas editoriales de los grandes multimedios, y las falacias en la que incurren los pocos medios opositores, ávidos por insistir en supuestos resquebrajamientos internos del gobierno con sus numerosos aliados… que aunque así estuviesen sucediendo, el plan continúa dando pasos firmes en su cometido. Y el futuro asoma cada vez con mayor fuerza y cercanía bajo un halo de escenario-invivible.

Los sospechosos de siempre

Por supuesto que nada de lo anterior saldría a la luz de no haber sido por un par de valientes comunicadores que denunciaron esas maniobras, gracias al accionar de integrantes de La Bancaria que echaron luz sobre lo que estaba sucediendo con el envío de oro hacia nuestra principal y cuasi eterna hipótesis de conflicto, como lo es Inglaterra.

Tras cartón, la indignación y encolerización del recurrente fugador de divisas a gran escala, Toto Caputo, en particular contra nuestro colega Ari Lijalad.

En la misma sintonía inquisitorial, las de Caín que le tocan atravesar al economista y periodista Alejandro Bercovich, acusado ni más ni menos que de “terrorista” por la ultraderechista DAIA, a propósito del análisis que el excelente colega realizara en referencia al ocultamiento de pruebas en el caso del atentado a la AMIA. Nuestro respaldo incondicional a ellos, y nuestro agradecimiento por echar luz en medio de las penumbras informativas generalizadas que nos circundan.

Y en el mismo lodo…

Alevoso y explícito empobrecimiento del pueblo argentino, programado y orquestado en sintonía con una mega fiesta de transferencia de riquezas para pequeños grupos de millonarios de cabotaje y, esencialmente, internacionales. Junto a ello, ataque y persecución con intento firme de amordazamiento a comunicadores con sentido crítico de la realidad que nos afecta. ¿Qué podría salir mal con semejante cócktel?

Económica, cultural, moral y políticamente, es un escenario que va adquiriendo demasiadas similitudes a la Década Infame (1930-1943)… con un potencial de peligrosidad social casi digno del terreno de la ciencia ficción. Pero que ya está sucediendo. El futuro ya llegó, y no es como lo esperábamos, diría el poeta.

Opción de salida, aún por verificar

La perversidad ancestral ancestral y global de las clases acomodadas en su afán por llevar al extremo su control financiero y también moral de las sociedades, está harto demostrado que no cede ante tímidos pedidos de dirigentes proclives a arrodillarse o, en el mejor de los casos, rogar que algún día se concrete esa mentira abyecta de la Teoría del Derrame.

Las sociedades y sus derechos se toman por prepotencia de trabajo, organización de la voluntad, lucha e insistencia incansable en la verdad de sus propósitos. Aunque la “maquinaria de la (pos) verdad” que aplican con inversiones multimillonarias desde los medios y las redes sociales, lleven todas las de ganar en el corto plazo.

Por ello mismo, el sentido del título de esta editorial: Como piedra basal no precisamos nuevas y enésimas roscas políticas para negociar lugares en las listas electorales, cargos de asesores, secretarías, invención de direcciones –tan patéticas como absurdas- para pagar favores, o la mar en coche.

Los sectores pluripartidarios, de organizaciones sociales, sindicales, religiosas y la mayoría de la población que resiste a este estado de las cosas, y que es netamente independiente en su pensamiento y acción, precisan ir al llano y construir desde la re-elaboración de valores básicos que hacen a una ética comunitaria, regional y nacional, y que incluye el repudio a toda pequeña o gran acción espuria fuera y también dentro de las propias filas, engrandecer lazos solidarios, de misericordia, de humanismo y humanitarismo por el desvalido que hoy se cuenta por millones. En aprender a mostrar que una sociedad más sana y amable aún es posible de ser forjada, pero que para eso quienes sean nuestras futuras dirigencias, entre múltiples capacidades como tales, deben tener una probada conducta intachable, para obrar realmente con el ejemplo, en un universo social donde los modelos y paradigmas a reflejarse, aún se construyen de arriba hacia abajo. No nos mintamos con fantasías. El verticalismo rige como nunca antes, aquí y acullá.

“Las estrellas guían al navegante. Apuntemos enseguida al lejano término. Así señalaremos el camino más corto…” (Rafael Barrett)

Es aquello, por más difícil que parezca. O recordar una y otra vez, que el presente nos lleva a un no lejano abismo. Y que la falsa puerta del andar a tientas pidiendo permiso, una vez que alguien concede que se abra un ratito, nos mostrará con escasa sorpresa, que tras la misma se oculta una pared de ladrillos y concreto. Porque esa alternativa de la timidez y el “dialoguismo” tan en boga nos guía sin paradas intermedias… hacia ninguna parte.

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