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La interna del poder en el bloque Atlántico occidental es más influyente de lo que desearíamos, dado el peso descomunal de la deuda en nuestro destino, de sus tropas en el territorio y de sus negocios por aquí.

Cuando el peligro acecha, sube la adrenalina y el cerebro se activa.

El hundimiento generalizado (cultural en síntesis, viendo quién lidera el show) mueve la sesera de quienes deben hallar respuestas a preguntas claves. Una de ellas es con qué fuerzas resistir, cómo superar el plan de los grupos concentrados desplegados en el gobierno y a la vez, prepararse para lo peor de la tormenta y marcar rumbos superado el control de daños.

Nada es obvio y tampoco es inevitable que nuestro pueblo reaccione irreflexivamente ante las humillaciones de un equipo presidencial, cuyo origen es producto del premoldeado de su público.

Se puede descender mucho más antes de ver claramente el origen y causa final del cataclismo. Y accionar es fruto de registrar, entender y comprender, que no son lo mismo.

¿Qué es la unidad en tiempo de derrumbe económico – político – social – cultural generalizado?

¿Los que fueron parte de la demolición pueden resolver los cimientos del nuevo edificio? Es indudable que si hay buena voluntad, intereses en común y coincidencias ideológicas, pueden aconsejar. Los errores enseñan a quien puede identificarlos y calibrarlos. Para eso las autocríticas: para evaluar las responsabilidades y balancear problemas. Pero quienes deben hacerse cargo son los nuevos pilotos, los que son capaces de mantener el barco a flote, con la menor cantidad de daños y la moral de la tripulación en alto. Aguas, luchas y coyunturas se renuevan, requieren/surgen conocimientos y destrezas que ponen a prueba conducciones colectivas.

Ecos, no reproducciones

Hay quien cita sin analizar a fondo, que la historia se repite. Pero la configuración de factores multidimensionales se enmarca en un siglo de redes, en los que juegan la geopolítica, los desarrollos combinados y desiguales a nivel regional, en un país federal con un conurbano burbujeante de liderazgos… con cada proceso interdependiente de los anexos y con su propio tiempo de despliegue y desarrollo. Es un mapa/mosaico móvil de realidades no fractales (las realidades no se reproducen en escala mecánicamente), no lineales (cada factor incide de modo propio), entrópicos (se ve como caos inicial, si uno no planifica consecuencias y preveé escenarios), síntesis cada uno de su propio desarrollo… Es cuasi inabarcable siquiera fijar un momento.

Pasar del caballo al ferrocarril supuso revoluciones. Ni hablar de lo que estamos intentando comprender quienes nacimos antes del ordenador portátil…

En cada momento histórico se construyen de conjunto sus propios liderazgos, conducciones y equipos de quienes crean las respuestas. Surgen si hay quienes los considera, sigue, apoya, protege. No los produce objetivamente la época, sino las subjetividades de quienes se hacen cargo de buscar esas respuestas, caminos y soluciones.

Nuestra sociedad supo ser homogénea, desde un proyecto que intentó ser industrialista. Buscaron impedirlo los propios dueños de la tierra, la comida y gran parte de las estructuras y relaciones del poder. En los años ´30 se asociaron a extranjeros para ensayar un modelo propio atado a sus negocios: carne congelada y ferrocarriles si. Pero hasta ahí nomás,. Ese mismo grupo para regularlo, inauguró la era del bombardeo a la propia población, y luego contrató (para desechar después) uniformados para la aniquilación de una generación de militantes políticos, sociales, culturales que se preparaban para cambiar la vida pastoril a medio camino de la fábrica…

Es la misma que hoy gobierna mediante un bonzo místico y su bandita tecno.

Esa sociedad fue rota en pedazos cada vez mas pequeños, con la destrucción física de la conducción obrera y popular. Después, con el desmantelamiento de las empresas publicas y sus cuadros técnicos. En medio, rompió en 24 pedazos el sistema educativo y malvendió todo lo que, en manos del Estado, era negocio. Finalmente (por ahora) con la demolición sistemática, por un lado de la red de consumidores capaces de sostener un entramado de industrias y talleres sobrevivientes.

Destino o valla?

Toda esa experiencia de generaciones, ¿Puede ser borrada en la memoria de nuestro pueblo? ¿Estamos tan entumecidos por los golpes históricos e hipnotizados por las pantallas?

Es una conclusión de este enfoque, que la fragmentación social necesariamente genera la multiplicación de intereses, de formas organizativas y conducciones que representen lo nuevo. Cuando la mitad de los que trabajan lo hacen en relación formal, mientras el resto lo hace en formas tan variables como precarizados, informales, monotributistas (peluquerxs, contratadxs por el Estado, trabajadorxs de redes, y así hasta pedazos cada vez más chicos de formas laborales), o la creciente columna dispersa de changuistas, transportistas del día a día, orgullosxs de su intemperie… Un colectivo como “ la juventud”, por pensar un ejemplo, contempla situaciones que van desde los que sobreviven amontonados en villas a sus propias historias familiares, aspirantes a empleo fijo en fuerzas de seguridad, jugadores de redes, tribus urbanas con sus propias identidades cambiantes, militancia aprendiendo el difícil ejercicio del encuadramiento… un caos de formas de pensar y aproximarse a un mundo confuso y revuelto, al borde de la extinción de la especie.

Necesariamente lo que surja de las peleas de nuestro tiempo será múltiple y diverso.

La unidad es la máxima tarea de nuestros máximos referentes, aquellos que asuman a gusto o disgusto, el hacerse cargo de este paquete bullente, exigente, en beligerancia y contradictorio en sí.

Salvo que las banderas y peleas sean tan nítidas y esperanzadoras, que cada uno sea capaz de ver allí la expectativa de subordinar lo propio en lo común.

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