Roberto «El Polaco» Goyeneche: La voz inmortal del tango

Roberto Goyeneche, más conocido como «El Polaco,» fue una de las figuras más importantes en la historia del tango argentino. Nació el 29 de enero de 1926 en el barrio porteño de Saavedra, y con el tiempo se convertiría en un icono indiscutible de la cultura popular argentina. Su apodo, «El Polaco,» derivaba de su aspecto físico: delgado y de tez clara, rasgos que evocaban una ascendencia europea. Sin embargo, su verdadero legado se encuentra en su inconfundible voz, su capacidad interpretativa y su estilo único para «decir» el tango, lo que lo convirtió en un cantante irrepetible.

Roberto Goyeneche, 1960

Los primeros años: la formación de un mito

Desde su juventud, Goyeneche mostró interés por la música popular, en especial por el tango, que ya estaba consolidado como el género musical por excelencia en Buenos Aires. Sin formación académica en música, pero con una profunda sensibilidad, el joven Goyeneche comenzó a frecuentar los cafés y las milongas de la ciudad, donde escuchaba a los grandes de la época y absorbía el espíritu del tango.

Su oportunidad llegó en 1944, cuando participó en un concurso de cantores en el Café Nacional. Allí fue descubierto por Raúl Kaplún, quien lo invitó a unirse a su orquesta. Este fue el comienzo de su carrera profesional, pero no sería hasta su ingreso a la orquesta de Horacio Salgán que comenzaría a ganar notoriedad. Con Salgán, Goyeneche tuvo la oportunidad de desarrollar su técnica y de trabajar su particular estilo interpretativo, caracterizado por una cuidada dicción, un fraseo pausado y una marcada capacidad para jugar con los tiempos musicales.

           Raúl Kaplún   

         Horacio Salgan

Sus ojos se cerraron (1935) Música: Carlos Gardel; Letra: Alfredo Le Pera

Canta Roberto Goyeneche junto a la Orquesta de Horacio Salgan (1972) Teatro Colon

El salto a la fama: la etapa con Aníbal Troilo

En 1956, su destino cambió cuando fue convocado por Aníbal Troilo, uno de los bandoneonistas y directores de orquesta más reconocidos del tango. Trabajar junto a «Pichuco» fue un hito en su carrera, ya que no solo lo consolidó como un cantante destacado, sino que también le permitió explorar nuevos territorios interpretativos. La unión entre Troilo y Goyeneche fue perfecta: Troilo aportaba la profundidad emocional de su música, mientras que Goyeneche sumaba una voz que parecía estar hecha a medida para el tango.

Con la orquesta de Troilo, el Polaco grabó algunos de sus mayores éxitos, como «Garúa», «Sur», «Naranjo en flor» y «La última curda», interpretaciones que hasta hoy son consideradas definitivas dentro del repertorio del tango. En estas grabaciones, Goyeneche dejó en claro su maestría para transmitir las emociones de las letras de tango, logrando que cada palabra resonara con un peso dramático único. Su estilo no se limitaba a la técnica vocal, sino que se fundía con el contenido poético de las canciones, elevando cada interpretación a un nivel emocional profundo.

Sur (1948) Música: Aníbal Troilo ;Letra: Homero Manzi. Canta Roberto Goyeneche junto a la Orquesta de Aníbal Troilo (1971)

El estilo único de Goyeneche: La importancia del «decir» en el tango

Uno de los elementos que más distinguió a Roberto Goyeneche fue su enfoque en el «decir» el tango, más que simplemente cantarlo. El Polaco no era solo un cantante con una gran voz, sino un intérprete que sabía cómo desglosar cada frase, cada palabra, para transmitir el sentimiento que la letra del tango llevaba. Este estilo de interpretación estaba profundamente arraigado en su sentido del ritmo y su capacidad para jugar con los silencios y las pausas. Goyeneche tenía la habilidad de detenerse en una palabra o frase clave, estirarla y darle un significado adicional que el texto escrito por sí solo no podía expresar.

A diferencia de otros cantores de su época, su técnica no se basaba en el virtuosismo vocal, sino en la capacidad de conmover. Era un maestro en el manejo de las intensidades emocionales y sabía cómo utilizar su voz rasposa y quebrada para generar empatía en quienes lo escuchaban. Para Goyeneche, el tango era más que música; era una forma de contar historias. Sus interpretaciones eran pequeñas obras de teatro en las que la tragedia, la nostalgia y la melancolía del tango cobraban vida.

En este sentido, Goyeneche fue un precursor de un estilo más introspectivo y personal en el tango, que influyó enormemente en las generaciones de cantantes posteriores. Sus versiones de clásicos como «Malena», «Nostalgias», «Chau, no va más» y «Volver» aún se consideran referencias obligadas para quienes buscan entender el verdadero espíritu del tango.

Su relación con Astor Piazzolla y su apertura a nuevos estilos

Aunque Goyeneche es asociado mayormente con el tango tradicional, también se destacó por su apertura a las innovaciones que proponían nuevos músicos de su tiempo, como Astor Piazzolla. Con Piazzolla, el Polaco tuvo una relación artística fructífera, marcada por el mutuo respeto y la admiración. Uno de los momentos más recordados de su colaboración fue la grabación de «Balada para un loco», una pieza que rompió con las estructuras tradicionales del tango y que, a pesar de la polémica que generó en su momento, se convirtió en un hito dentro de la música popular argentina.

La colaboración con Piazzolla demostró la capacidad de Goyeneche para adaptarse a los nuevos tiempos sin perder su esencia. Mientras algunos cantores de su generación se resistían a las transformaciones del tango, Goyeneche supo encontrar un equilibrio entre la tradición y la innovación, lo que le permitió mantenerse vigente durante varias décadas.

Astor Piazzolla

La ultima curda (1956) Música: Aníbal Troilo; Letra: Catulo Castillo

Canta Roberto Goyeneche junto a la Orquesta de Astor Piazzolla (1982); Teatro Regina

Roberto «El Polaco» Goyeneche y Osvaldo Pugliese: Una colaboración de maestros del tango

Entre sus colaboraciones más memorables están las grabaciones de «Pasional» y «La cieguita». En «Pasional», la orquesta de Pugliese aporta una intensidad dramática que complementa la voz desgarradora de Goyeneche, quien en su estilo característico no solo canta, sino que vive cada palabra, transmitiendo un profundo sentido de dolor y desesperación. «La cieguita» es otro ejemplo destacado, donde la narrativa conmovedora del Polaco es acompañada por la solemnidad y profundidad musical de Pugliese, creando una de las versiones más icónicas de su repertorio.

La colaboración entre estos dos gigantes del tango se destacó por la forma en que fusionaron sus estilos. Goyeneche, con su capacidad para transmitir emociones humanas a través del tango, representaba el alma del género. Pugliese, en cambio, aportaba una visión modernizadora y técnica, siempre buscando nuevas formas de enriquecer el tango sin perder su raíz popular. Ambos compartían una comprensión profunda de lo que el tango significaba para la cultura argentina, creando un equilibrio entre tradición y modernidad que se refleja en sus interpretaciones conjuntas.

En conjunto, las colaboraciones entre Goyeneche y Pugliese dejaron un legado importante en el tango. A través de sus interpretaciones, lograron elevar el género a nuevas alturas, combinando la precisión técnica de Pugliese con la emoción teatral de Goyeneche. Aunque su trabajo conjunto no fue extenso, cada grabación es un testamento de la poderosa sinergia que lograron, y su legado sigue vivo en la historia del tango argentino.

Mano a mano (1923) Música: Carlos Gardel / José Razzano; Letra: Celedonio Flores

Canta Roberto Goyeneche junto a la Orquesta de Osvaldo Pugliese (1989)

Osvaldo Pugliese y Roberto Goyeneche

Una carrera de éxitos y reconocimiento

Durante su carrera, Roberto Goyeneche grabó más de 30 discos, tanto con orquestas como solista. Su discografía abarca desde los años 50 hasta comienzos de los 90, y en cada etapa dejó joyas interpretativas que aún siguen vigentes.

A lo largo de su vida, Goyeneche recibió múltiples premios y reconocimientos, tanto en Argentina como en el extranjero, que valoraban su contribución al tango y su capacidad para representar el alma de Buenos Aires a través de la música. En 1991, fue galardonado con el Premio Konex de Platino como mejor cantante de tango de la década, un reconocimiento a su influencia en la música argentina.

Roberto Goyeneche falleció el 27 de agosto de 1994, dejando un vacío irreparable en el mundo del tango. Sin embargo, su influencia sigue viva. Su estilo interpretativo marcó un antes y un después en el tango, y hoy es recordado no solo como uno de los más grandes cantantes del género, sino como una figura esencial de la cultura argentina.

Para las nuevas generaciones de músicos y cantantes de tango, Goyeneche es una referencia obligada. Su capacidad para vivir el tango, para sentirlo en cada palabra y cada nota, lo convirtió en una leyenda que trasciende el tiempo.

El Polaco, un inmortal del tango

Roberto Goyeneche no solo fue un cantante de tango, sino un poeta en su manera de interpretar. Su voz rasposa, su fraseo inconfundible y su sensibilidad artística lo elevaron al estatus de mito. Su estilo innovador y emocionalmente profundo sigue vigente, haciendo que su figura sea recordada como uno de los más grandes intérpretes de la historia del tango.

El Polaco, con su capacidad única para contar historias a través de la música, nos enseñó que el tango no solo se canta, sino que se vive. Y, gracias a eso, su voz sigue sonando con la misma fuerza y emoción, manteniéndolo como un ícono eterno en la cultura argentina.

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