“¿Dónde estabas tú / Cuando yo estaba herido y desamparado?” (Pink Floyd “Coming back to life”)

Podría iniciar esta editorial semanal refiriéndome a lo que ya todos han visto, oído y hablado. Un acto de tono muy menor en parque Lezama, la presentación del Primer Mandatario en un programa de TV sin alcanzar el éxito de rating soñado, la pobreza que aumenta, la fiesta sin fin de unos pocos, sectores de la oposición que se regocijan ante un hipotético avance político de la actual vicepresidenta, y otros sectores de nuestra benemérita oposición parlamentaria, que juegan vaya uno a saber por qué oscuras razones, a esmerilar al referente de su propio bloque nacional y popular con mejor posicionamiento e imagen de cara a un futuro no lejano.

Pero no. Vayamos a nuestras cosas, de una buena vez.

El desmoronamiento

Mientras nuestros mejores esfuerzos profesionales languidecen y comienzan a quedarse sin oxígeno, y se vuelve imposible optimizar el ritmo de trabajo y producción ante la ausencia de recursos para que ello funcione de esa manera, el cuadro socioeconómico general transita en consecuencia, con lo cual transitamos paso a paso rumbo a un escenario de lento e irrefrenable decaimiento de una propuesta que pretendió accionar como modelo del potencial de lo colectivo, plural y dinámico, pero que quedó en evidencia no es posible sostenerlo desde un predicamento entre idílico e ingenuo, e incluso sólo quizás, pseudo desconectado de los disvalores hegemónicos en nuestro tiempo.

Demasiados pedidos operativos para tan pocas concesiones y retribuciones que permitan enriquecer y cubrir con un halo de razonabilidad a esta propuesta periodística genuinamente autónoma.

Ello podría comprenderse cuando el reclamo procede de postergados de nuestra tierra. Pero indigna y desalienta, ocasionando un pozo de escepticismo muy difícil de remontar, cuando dichos accionares nos llegan desde actores o sectores de la vida social con sobrado respaldo, y que curiosamente consideran que hacemos periodismo y estudiamos durante años, sólo para desarrollar un “hobbie” en medio de una tragedia sociocultural sin precedentes, al menos desde el retorno a la democracia hace más de 40 años.

A quienes corresponda, va mi desprecio más sincero y permanente, en tanto ciudadano y desde mi rol de profesional de la comunicación. Había que decirlo. Y se dijo.

Hermanos de caminos y resistencias

“Ya ve paisano, yo anido entre pajonales / pase si gusta compartir necesidades” (“Garza Viajera”, Aníbal Sampayo)

Tiempo atrás lo señalé y la experiencia me lleva a reafirmarlo, sencillamente porque es una matriz conceptual personal que jamás me abandona: Entre pobres nos comprendemos. Entre pobres nos ayudamos.

Cuando el barco de quien escribe estas líneas, se hundía del todo y arreciaba un airecillo a cosa juzgada, allí aparecen mis semejantes. El padre Paco Olveira y vecinos de su barriada popular de Libertad, para tender sus manos fraternas y hacerme volver al ruedo… en todo aspecto.  Para que los abrazos jamás escaseen, aunque los sueños de justicia social yazcan bajo el sepulcro al que los llevó una camándula de explotadores, oportunistas y transas de todos los colores y banderías habidas y por haber.

No se puede siquiera ansiar prosperidad social sin exigir primeramente igualdad de condiciones.

Incluso, atravesado por este contexto de desgobierno sostenido por el chantaje financiero y la violencia represiva, rescato a Rafael Barrett, quien nos enseña que “Hace falta curarnos del respeto a la ley”. ¿Cuál ley? ¿Aquella que se convierte en obstáculo para todo progreso y justicia social? Retomo al colega de inicios del siglo XX: “Las leyes y las constituciones que fueron impuestas a gobernar los pueblos por la violencia, son falsas. No son verdaderas hijas del estudio y el común ascenso de hombres y mujeres. Son hijas de una minoría bárbara, que desde siempre se ha apoderado de la fuerza bruta para satisfacer su codicia y su crueldad”.

Podrán cambiar de figuritas en Balcarce 50. Los oportunistas de hoy que venden en el Congreso nacional su alma –y más- por beneficios personales sin remordimiento alguno, cuando cambie el rumbo de las olas y el “clima político” general, se mostrarán como los primeros combatientes de aquellos con los que ahora realizan toda clase de genuflexiones y posturas denigrantes, contra las más básicas necesidades del pueblo.

Pero el agua seguirá fluyendo, y eso es imparable.

Los fueguitos aún fraccionados, calientan poco a poco desde abajo. Cuando más tensen la soga unos, y más cálculos probabilísticos hagan otros también de espaldas a la sociedad, más dramático será el desenlace al final del camino. Tanto en términos políticos, institucionales, financieros como en cuanto cimiento quede en pie de la construcción deformada y desigual de país que supimos confeccionar.

Recupero una vez más a Barrett, tan amigo de los fueguitos que calientan desde abajo. Tan cercano a Fierro, a Moreyra, a tantos otros perseguidos que enseñaron con su ejemplo a clavar el taco en tierra y decir “basta”. Dar la espalda a quienes nos dan la espalda en las peores circunstancias, y avivar esas llamitas de nuestros iguales, sin preocuparnos por las formas futuras. La realidad las revelará. Estemos ciertos que serán más bellas, dignas y nobles que el jueguito para pocos de las alternancias demoliberales, esas mismas que se construyen con el pueblo ausente de los banquetes del poder. Sin excepción.

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