En lo profundo de un mundo perdido, sujeto a condiciones externas, estallado en marrones violentos, entre moras que ensangrentan la tierra y sauces cubriendo las casas del humo, viven los miserables. Las aves de rapiña. Los protagonistas de una historia impropia y de una vida impiadosa que transcurre lejos de las luces del poder y de los hombres que lo ejercen. Son los thets griegos previos a Solon y los obreros esclavizados del primer Manchester industrial. Son los gauchos de los trece ranchos cuya sangre no hizo falta ahorrar, y muertos de la Semana Trágica. Las almas sempiternas de los desangelados de todos los tiempos.

Miel de palo, pan mohoso, latas oxidadas con mate cocido quemado. Olor a café, olor a facturas y olor a zanja. Olor a pizza, olor a asado y olor a tierra caliente mezclada con heces agusanadas. ¿Qué es ajeno y que es propio?. Es propia la miseria, es propio el hambre y es propia la mierda. Todo lo demás es ajeno. Son propios los sueños, son ajenas las realizaciones. Son ajenos los tiempos, esos son de los políticos, es propia la urgencia. Es propia la demencia y cuando sea propia la violencia, va a ser propio el castigo del corregidor.

Los derechos. La inclusión. Las mareas de colores. Y todos los planes. ¿De quién era la inclusión si nunca fue justicia social?. De nadie. Tampoco se echen culpas y no se molesten en señalar a nadie, señores de la real politik. El pueblo no es un día estúpido y al otro estupendo porque los vote o los deje de votar. El Status Quo son ustedes, la oligarquía hoy llamada establishment son ustedes. Son el ala popular de la oligarquía. Son ustedes desde sus ‘orgas’ los que perpetúan el elegante sport y condenan a andar descalzos a millones de latinoamericanos argentinos. La miseria huele a caca y, a veces, a menudos de pollo.

Acá no sé trata de generalizar, pero el pueblo tiene enemigos internos organizando su ‘resistencia’ y eso está claro desde las consecuencias de esa ‘resistencia’. Son los hijos de las instituciones del sistema: universidades, iglesias, empresas, bancos y escuelas. La patria obrera y popular no puede, según esta casta iluminada, darse a sí misma una organización. Tampoco necesitan conocer a Derrida como ustedes. No le importa Foucalt. Necesita su identidad de vuelta. Necesita reconquistar sus tareas inconclusas. Ese conocimiento, que brilla por su ausencia en sus instituciones (incluidas las universidades del conurbano), lo tienen tan encanutado como sus sueldos en sus cuentas bancarias mientras la clase obrera lo único que puede encanutar es rabia y dolor. No tienen idea, ni les importa, lo que se siente que un hijo te mire con hambre. No les interesa.

Acá no se trata de generalizar, pero el pueblo tiene enemigos internos organizando su ‘resistencia’. Faltan poco más de seis meses para que nos inunden con spots publicitarios con fondos de paisajes bucólicos y frases estilo Bucay para ganar una elección. Eso no importa más. Si lo que van a hacer es masturbación dialéctica y mantener el sistema financiero, entonces queda de lado aquello que realmente importa. Las cosas, las que importan porque transforman la estructura social de manera permanente, esas por ahora no tienen lugar en ningún programa ni proyecto. Esas siguen en la memoria colectiva, por ahora duermen el sueño de los justos en la conciencia de los hombres de abajo, en las aves de rapiña, en el mundo material.

Cuando ardan, ustedes también van a arder. Y no, chitos la boca. Por qué acá sí vamos a generalizar. Y se van a quemar junto con sus mandantes, bajo el fuego nacional, harto, popular, cansado, revolucionario.

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