Vamos llegando a un fin de año plagado de sensaciones contradictorias a toda escala. Y la mesa, ya está servida.
Remamos contra la corriente incluso más que en los diez años de nuestro anterior proyecto periodístico. Idas y venidas, encuentros que terminaron en desencuentros, reestructuraciones sin alcanzar la plenitud de los resultados soñados, sumas que terminaron en notorias restas. Y una perentoria necesidad de parar la pelota, apagar la maquinaria, desarmar todos los engranajes, sustituir o recortar aquello que esté inactivo o no funcione, barajar y dar de nuevo lo antes posible.
Sabiendo que en estos casos, menos es más, la prudencia es más sabia que la audacia o cualquier atisbo de romanticismo idealista, la humildad la sabe más lunga que la soberbia intelectual, y como telón de fondo para nunca perder el horizonte, reafirmamos que los proyectos comunicacionales que lidera quien suscribe, fueron, son y serán, a saber: Malvineros, antifascistas, humanistas y promotores del encuentro fraterno de ideas democráticas, priorizando totalmente las coincidencias y haciendo tábula rasa de las disidencias o espinas de pasados lejanos. Hay que madurar mucho como sociedad, de lo contrario será imposible dar siquiera unos pocos pasos adelante.
Aclarado una vez más estos principios básicos que motorizan al microuniverso huellero, diagnosticada apretadamente nuestra llegada agonizante al final de este sendero 2024, pasemos a señalar algunas cuestiones de nuestra coyuntura, tan ineludible como… insana.
Tú crees que me matas / yo creo que te suicidas (A. Porchia)
Aunque las cifras sean dibujadas, y lo padezcan los ingresos medios y populares, el gobierno saca pecho con la baja de la inflación, y con eso le sigue alcanzando para contar con un suculento grado de apoyo social. Paralelamente, la pareja presidencial de hermanos siguen avanzando sobre lo que queda del deshilachado Pro. El último esfuerzo político –no operaciones, claro está- de Mauricio Macri, parecería haber sido cuando le puso el cuerpo a la derrota allá por 2019, amén de desfilar cómodamente a posteriori por los medios amigos para decir poco menos que una constante sarasa.
A su vez, hay una relación inversamente proporcional entre la fortaleza que intenta mostrar el gobierno y la debilidad que exhiben el peronismo, el movimiento obrero, las organizaciones sociales y de todos aquellos sectores que se oponen al modelo nuevamente vigente.
Aún así, las variables macroeconómicas de las que pende el gobierno son un escándalo. Según Alfredo Zaiat, el superávit fiscal primario es trucho, el superávit fiscal financiero está dibujado, la inflación oficial es más elevada que la del INDEC, la deuda pública se incrementó considerablemente, los salarios privados, públicos e informales no se recuperaron, la recesión no terminó. Industria, comercio siguen con severas caídas… y así en otros rubros. Y así las cosas en términos generales, cada vez con más familias completas, cartoneando o revolviendo la basura por las noches (a veces a plena luz del día).
Las reservas netas del Banco Central continúan negativas pese a las constantes compras de dólares. La inversión privada es pésima, mientras la bicicleta financiera goza con su enésima fiesta en nuestras tierras, y en el trazo grueso general, en tanto sociedad, nos volvemos a colocar el gran bonete para celebrar un nuevo diploma de pseudo analfabetismo cívico y político, que nos lleva en caída libre por un tobogán bordeado de espinas, una y otra vez al mismo destino de crisis estructural. ¡Bravo por nosotros, chin chin!
Aumentaron el desempleo, la pobreza y la indigencia. Zaiat explica pacientemente en sus brillantes columnas de los fines de semana, que el análisis económico liberal libertario es uno de los engaños colectivos más formidables expuestos en décadas de democracia.
Subraya que la economía de Milei es una inmensa burbuja financiera, cuya actividad de hidrocarburos es la principal y casi única privilegiada. Con dos dedos de frente, ¿Quién puede atreverse a evaluar como positiva la marcha económica? Como contraste ya merecedor de un número estelar circense -que esto es lo que somos, no jodamos más- tampoco nadie niega la popularidad que conserva e incluso incrementa el propio Milei, aún en este marco de situación espantosa.
¿Será que la memoria colectiva ya no llega más allá de unos meses, con muchísima suerte? ¿Será que el Papá Noel de la multinacional híperconsumista terminó de aplastar al mensaje de la fraternidad y profundamente revolucionario del niño Jesús que pregonaba compartirlo todo con equidad? ¿Será que frente a la ausencia casi total de alternativas, queda implícito refugiarse en “lo que hay”? ¿Es que no hay forma de evitar que repitamos la historia hasta que en algún momento nos disolvamos definitivamente como sociedad?
Mientras tanto, nadie imaginaba que el mileísmo se iba a fumar al macrismo de un modo tan abrumador, al tiempo que las huestes de Karina Milei ya apuran la construcción de fuerza propia, y el jamoncito salió a bancar a un Cristian Ritondo ya pasado totalmente a las filas libertarias. Tema tabú si los hay, ciertamente, en los medios oficiales, las denuncias contra Ritondo y su mujer… ¿Y algunos otros también?
Los hermanos macana también pusieron contra las cuerdas a la vice, Villarruel, acusándola de que no puede conducir el Senado. Y van derrotando a sus enemigos íntimos, uno a uno.
Eso sí que la derecha “moderada” (si cabe ese concepto), realmente no vio venir.
Para adornar nuestros arbolitos un poco más de verde… verde bien oliva, el gobierno finalmente dispuso que las Fuerzas Armadas puedan colaborar con la policía en espacios considerados de “vital importancia”. ¿Cuáles serían? ¿Alguien recuerda aún, qué líder del siglo XX clamaba por “espacio vital”? ¿Ahora los villanos serán los bagayeros de Salta, los feriantes de Jujuy, y como siempre los manteros del Once y Flores?
El informe de Amnistía Internacional ha dado cuenta de las alarmantes cifras de la represión en el primer año de Milei. Al Congreso lo cerraron sin ningún problema. Total normalidad para los grandes medios y para los legisladores en general, mientras el entramado de un marco de gobierno inclinado hacia el fascismo avanza casi sin oposición.
A la Corte Suprema le van a enchufar dos jueces por decreto… en Enero; y por supuesto, se vendría un nuevo programa de endeudamiento con el FMI, para reeditar las relaciones carnales.
Quienes pretenden plantarse como oposición real –no los que juegan a las mentiritas negociando favores de toda clase- no crean novedad alguna que genere expectativas ciertas. Y ya dilapidaron un año enterito, con todas las necesidades de más de la mitad de la población a cuestas.
El ombliguismo, así la situación, es aplastante. Desde las pretensiones, dicen algunos, ya de carácter monárquicas de unos, hasta la defensa propia de otros que se aferran a una visión por ahora “internística” e incapaz de componer nuevas canciones… mientras no se resuelvan esos dislates (si es que…), entonces el oficialismo podrá seguir su fiesta prácticamente haciendo la plancha… a menos que el pueblo argentino vuelva a sorprendernos, como tantas otras veces ya lo ha hecho, cuando por alguna o algunas razones, se hartan de su presente y toman breve consciencia de lo que pasa. Y la olla a presión estalla en mil pedazos para todas partes.
Parecería que, de momento, eso no va a suceder. Pero el margen para la sorpresa, acá en Argentina, siempre está.


