Se concretó el respaldo masivo de hinchas de fútbol, trabajadores independientes o sindicalizados y numerosos compatriotas que marcharon a Congreso y adyacencias para respaldar la habitual marcha de los jubilados de cada miércoles. A esta hora, cacerolazos en diferentes puntos de Capital Federal y otras ciudades del país, y una movilización espontánea rumbo a Plaza de Mayo.
Así empieza. Lamentablemente es algo que ya podemos intuir, pero no saber a ciencia cierta, cuándo ni cómo termina.
El gobierno nacional, desde la cara visible de la ministra Patricia Bullrich, le declaró formalmente la guerra al sistema democrático y al conjunto de los habitantes de nuestro país que nos sentimos cobijados y, en términos generales, integrados en la convivencia pacífica de una democracia limitada, pero democracia al fin, con 41 años de continuidad.
Afirma el excelente periodista Gabriel Fernández, de La Señal Medios: «ES TIEMPO. La situación se les ha descontrolado. Subrayen los nombres de los periodistas que descargan la responsabilidad en los «barras bravas»: esos, son los que cobran para mentir. La responsabilidad es del gobierno que promovió la represión sobre una marcha pacífica. La ministro de Seguridad, Patricia Bullrich, debería renunciar y ser enjuiciada».
Durante la tarde hubo una movilización muy numerosa, a la cual concurrió el periodista local e integrante de este medio, Manuel Garrido, quien se bancó estoicamente los efectos de los gases y la represión de las mal llamadas «Fuerzas de seguridad» , y nos trajo una amplia cobertura con testimonios de participantes que esta tarde coparon Congreso y alrededores para respaldar las marchas de los jubilados, en reclamo de haberes más dignos.
Previo a la feroz represión policial, que continúa hasta horas de la noche, y que ocasionaron mumerosos heridos de distinta gravedad, decenas de detenidos y un fotógrafo que se deba te entre la vida y la muerte, siendo intervenido quirúrgicamente en el hospital Argerich, luego que le apuntaran y partieran el cráneo con un cartucho de gas lacrimógeno mientras realizaba su trabajo, ni más ni menos. El fotógrafo Grillo padeció numerosas fracturas de su cráneo con pérdida de masa encefálica. Hay responsables directos, y hay quienes tomaron dichas decisiones políticas. Por si fuera poco, en posterior conferencia de prensa, la ministra Bullrich se limitó a reforzar sus estigmatizaciones, en este caso tildando al joven fotógrafo malherido de «militante K», prácticamente como si ello fuera un argumento suficiente para avalar todo lo que sucedió. Aberrante es demasiado suave adjetivación para sintetizar esas actitudes emanadas desde el oficialismo.
«La gente se despierta y dijo a los viejos no vamos a dejarlos solos», se esperanzó un abuelo en conversación con Manuel Garrido.
«Policía, policía / no te lo decimos más / si los tocan a los viejos / qué quilombo se va a armar…» cantaban hinchas de múltiples clubes de futbol, el indudable deporte más popular, pasión de multitudes.
«Esta movilización se va a triplicar» preanunciaba un simpatizante de fútbol, como tantos otros.
«Acaban de encender la mecha. Es hasta acá. Y acá se termina», clama un ciudadano de la Ciudad de Buenos Aires, autoconvocado tanto a respaldar a los jubilados frente al Congreso, como esta noche marchando hacia Casa de Gobierno para repudiar su accionar que atenta contra los derechos esenciales de la vida en democracia.
«Paro general» reclamaban trabajadores y trabajadoras de la salud enrolados en la CICOP. Como respuesta a los innumerables reclamos de medidas de fuerza por parte de la principal central sindical de nuestro país, la CGT esta noche prometió evaluar futuras medidas para repudiar los atropellos a los jubilados y la represión sistemática de la que se vale el gobierno para intentar acallar toda voz disidente.
Al cierre de esta nota, las imágenes televisivas exponen una masividad significativa de ciudadanos porteños que avanzan por avenida Corrientes rumbo a la Plaza de Mayo.
Es evidente que la situación llegó a un punto límite, y todo se le salió de control al gobierno de neta raíz represora. Como un deja vu sin solución de continuidad, cada estructura gubernamental que le entregó poco menos que un cheque en blanco en distintas carteras a la actual titular de Seguridad, acaban en un profundo divorcio con la mayoría de la sociedad, cada vez más reducidos a un microclima únicamente sostenidos por sus laderos de las diferentes fuerzas de «seguridad» que bailan esa misma y patética canción.





