Las nuevas canciones seguirán desafinando mientras continúen siendo saboteadas por gerencias con grandes laudos de antaño pero muy limitado poder actual al interior de la organización -ú orquesta, o comparsa según quieran caracterizarlo dentro de la misma metáfora musical…
Días aciagos pero absolutamente esperables, éstos que nos tocan padecer. Un préstamo que aún el propio FMI no revela en el cuánto ni en el cómo, pero que cualquiera puede saber que más de la mitad de la suma que se proporcionará, irá a parar a que el Fondo se pague a sí mismo en un asiento contable de postergación de pagos. Y el resto irá a parar bajo el rótulo de Libre Disponibilidad, mero eufemismo para fumárselo con la cotización del dólar. Devaluación clavada, ya sea antes o después de las elecciones.
Y a los justificadores que se la pasan de energúmenos a esta altura de los acontecimientos, que la cuenten como quieran. Farsantes y cómplices de principio a fin.
De todo ello dependerá que el gobierno llegue a las elecciones en, tan sólo siquiera, aptitud de solidez dibujada.
Se trata de observar hasta dónde aguanta, ya que el cómo terminará tarde o temprano, será lo que toda la vida culminó de la misma manera.
Mientras tanto, el caso de la crypto estafa crece a nivel internacional a niveles siderales, mientras la «justicia» argentina se devanea entre proteger a rajatabla a los hermanitos presidenciales, o soltarles la mano. Y ya. Sur, paredón y después.
Y mientras el oscuro devenir nacional camina sin prisas pero sin pausas de la mano de estos hacedores conscientes de la destrucción institucional más rotunda de la que podamos tener memoria, desde la vereda opuesta aún no existe contraste alguno que aproveche tamañas debilidades en el oficialismo.
Por caso: Hay que llamar de una vez a las cosas por su nombre, y dejar de callar o romantizar dirigencias, sean de donde provengan. En este caso, lo que ocurre en la provincia de Buenos Aires no es una mera «interna», sino el embate permanente de la ex Presidenta y su grupo (séquito) contra Axel Kicillof. En el mejor de los casos y para no caer en conjeturas -de las que tendríamos sobrado derecho a manifestar, y de hecho, lo iremos haciendo en aras de sostener la honestidad intelectual del medio – nadie termina de comprender bien el sentido de esa disputa (¿O sí, pero no quieren atravesar el escarnio público que asesta en este caso el kirchnerismo, acusándo(nos) de «funcionales a la derecha» y mantantirulirulá?), o peor aún, nadie acaba por asimilar tamaña torpeza política en tamaño contexto general.
¿Una lucha por lapiceras, mientras el pueblo se hunde en una ciénaga financiera, social e incluso de inquietantes raíces morales? Al ser así, porque ES así, la bronca es más grande, teniendo a oponentes extremistas con quienes lidiar. Todo ello mientras los «compañeros» pelean por chirolas. Es más lamentable que increíble.
A la vez, es notorio el astillamiento frenético de la derecha en todas sus variantes, aquello que desde los grandes medios licúan caracterizándolos como «centroderecha», amparándose en el delirio de que ya no hay derechas ni izquierdas como si, por un decreto intelectual de alta banalidad, pudiera liquidarse el marco conceptual que desde hace más de 200 años sirve para ubicar, en grandes rasgos, a unos y otros.
Y todo lo anterior es posible, lo mismo que jamoncito siga remando en dulce de leche con su plan financierizado de exclusión social; o que el acuerdo con el FMI es una nueva estafa que no le arregla ni un ápice a la insolvencia macro, y al gobierno le importan tres pitos los desaguisados de la hermana de Javier, aún a costa de sumar poco en los números electorales. Incluso que la solidez del modelo no estaría absolutamente en riesgo en medio de semejante maremágnum interno, todo ello se presenta de tal modo precisamente porque en la otra vereda no se ponen de acuerdo en nada estructural.
De momento, la cultura del odio se mantiene fuerte, incluso en amplios segmentos de la sociedad. Aunque a la larga, como ya sucedió con los genocidas, sobrevendrá la justicia más elemental y luchada, y les va a caer con todo su peso.
Consejito en medio del desierto
Voy a desempolvar un poco de pensamiento marxista, tan pero tan necesario para pensar nuestro tiempo, y la imprescindible construcción de mayorías (con lo que haya en cada contexto histórico).
En tiempos de la etapa donde se conformaba la caída del zarismo, y para impedir el golpe (contrarrevolucionario) de Kornilov, sin duda alguna los bolcheviques debieron coincidir -desde su propia perspectiva y aún tapándose las narices- con el ultra «centrista» Aleksandr Kerensky, que no era lo mismo que Kornilov. Así las cosas, consultado acerca de la estrategia y los pasos a seguir con respecto a los dos antes mencionados, don Lenin aseveró:
“No, no ha llegado el momento. Apoyad el fusil sobre el hombro de Kerensky y disparad contra Kornilov. Después, ajustaremos cuentas con Kerensky” ( L. Trotsky; Historia de la Revolución Rusa, tomo II, p. 165, edit. Sarpe, 1985).
Dedicado para contadores profesionales de costillas ajenas, principistas irremediables y saboteadores de lo propio en aras de enquistarse en las marquesinas más luminosas… aún cuando enfrente están los Kornilov de nuestro tiempo, y una tragedia social y nacional en pleno desarrollo.
La unidad más amplia posible, para reconstruir desde nuevos cimientos un estado y una cultura democrática. O descubriremos, evocando al tango «Sur», qué es lo que hay más allá del terraplén.
Hacen desafinar a las nuevas canciones
Las nuevas canciones corren serio riesgo de colmarse de pobres intérpretes puestos por esa otrora gerencia con ambiciones de propietaria absoluta, con la finalidad de evitar que, precisamente, esas nuevas canciones arrasen en popularidad, entusiasmo… y alianzas multisectoriales.
Mariscales de numerosas derrotas que devinieron en las consecuencias actuales a nivel nacional, parecen honrar aquel dicho del saber popular que reza eso de que, donde se yergue un pino, nada crece ni prospera a su alrededor.
De ser así, y todo indica que así sucede desde hace demasiados años al interior de la jefatura en disputa del campo nacional, una urgente e indispensable etapa refundacional del país y desde las entrañas mismas del pensamiento popular, ameritará remover toda la tierra, apostar por nuevas semillas, y regar.
Vinos nuevos se sirven en odres nuevos. Ya lo dijo aquel moreno nazareno hace más de dos milenios. Pero seguimos sin aplicar esas enseñanzas en nuestra cotidianidad.
No inmolemos nuestra última oportunidad (sí, remarco esto, es la última chance real que nos queda) como conjunto nacional, sólo por colgar nuestros cuellos para apuntalar los caprichos obsesivos de control del poder a manos de un puñado de dirigentes, que por muy relevantes que sean y experiencia probada ostenten, ya no garantizan cohesión interna ni mucho menos, un rumbo per se que nos guíe a una gran victoria de nuevas mayorías.
Así las cosas, al menos apostemos por apuntalar renovaciones genuinas, tal como la gran mayoría de la sociedad viene reclamando, seamos claros, desde hace una década.
