Alguien dijo, hace no mucho tiempo, que el “pensamiento crítico era dañino para Argentina”. ¿Se habrá perdido él mismo y así estamos…?

Nos hemos ido acostumbrando a aceptar todo lo que es difundido por los medios, sin más. La reiteración permanente de algo forma parte de instalar dicho tema como verdadero. ¿Es democrático un gobierno solo por haber asumido gracias a los votos que obtuvo?

Nos vendieron mentiras y aceptamos que nos borren la memoria histórica. Consentimos en que íbamos a volver a ser como la “gran Argentina” de principios del siglo pasado. Pero, como siempre aparece un pero, la realidad histórica nos indica que a comienzos de la década del 30 se manifestaban en la Argentina visiblemente los efectos de la crisis económica y financiera mundial. El capitalismo hacía agua y millones de personas eran condenadas al hambre y la desocupación.

Los países desarrollados, también envueltos en la crisis, atenuaban los efectos de la misma transfiriéndolos a los países productores de materias primas. En Argentina se derrumbaba el mito de ser “el granero del mundo”, caen los precios de las exportaciones, se devalúa el peso y comienza así la crisis con sus consecuentes secuelas de miseria, hambre y desocupación, iniciándose lo que se denominó la “década infame”.

Pero entonces tuvimos un Raúl Scalabrini Ortiz, quien con su análisis crítico de los mecanismos que someten a nuestra patria a la indigna condición de colonia del imperialismo de turno, despertó el adormecido pensamiento nacional. Hoy no lo tenemos, y el pensamiento nacional parece haber caído en un profundo letargo.

Y nuestra historia, al igual que la moda parece volverse cíclica.  Cambian los personajes y los personeros, pero las fichas se mueven siempre en la misma dirección. Se vota a alguien que va a solucionar todos los problemas. Como no puede plantear puntualmente mejoras políticas envuelve todo en la lucha contra la corrupción, que se vocifera a través de los medios que responden al poder y se les echa la culpa a los antecesores. Eso deja un margen de esperanza a la ciudadanía. Todo está “perfecto”, los medios acompañan u ocultan temas.

Scalabrini había llegado a la conclusión en el ayer de que Argentina no era una colonia, pues no había un ejército de ocupación extranjero que dominara su territorio. Tampoco era un país verdaderamente soberano, pues no controlaba ni un solo resorte fundamental de su economía. Pero tenía la apariencia de ser soberano pues tenía bandera, himno y hasta un presidente. ¿Es muy diferente a la Argentina de hoy?

En 1938 asumía la presidencia el abogado de empresas inglesas, Roberto Ortiz, quien además fue cabal expresión de la década infame, atravesada por el fraude electoral y la corrupción. Concluye su análisis en que la Argentina había entrado de lleno en lo que dio en llamarse la división internacional de trabajo, por lo que quedamos reducidos a la producción de materias primas que exportábamos a los grandes centros manufactureros europeos, principalmente los ingleses.

Pese a todo lo que se promete de modernización, se apunta a destruir la ciencia, la salud, la educación, y por lo tanto, nos llevan nuevamente hacia aquel viejo “destino”.  Como una película que se reproduce por tercera vez (menemato/alianza, macrismo y el gobierno actual) y se establece un programa de financierización de la economía. Se facilita la fuga de divisas que se llevan los mismos de siempre, se le pide “ayuda” al siempre dispuesto FMI, mientras se avanza en la desindustrialización del país, sembrando desocupación y miseria. Ejército de ocupación no tenemos, pero tenemos al «Cuerpo de Ingenieros» del Ejército de EE.UU. injerencia en el Paraná, río troncal de Argentina y principal vía navegable del modelo agropecuario. Todo gracias a un acuerdo entre gobiernos, a la par que se avanzó en la desregulación de la actividad portuaria, con la disolución de la Junta Nacional de Granos y el desarrollo de puertos de exportación privados. Es la expansión de un nuevo complejo agro-portuario, esta vez en manos de corporaciones multinacionales ligadas al comercio de granos. Y todo pasa, casualmente sobre el Acuífero Guaraní.

Por otro lado, quienes gobiernan se llenan la boca con la palabra libertad. Pero claramente vaciaron de sentido a esa palabra, y mientras la esgrimen, reprimen a los jubilados, atacan a los que protestan y casi le quitan la vida a un fotógrafo.

La libertad existe en nuestra tierra, sólo para lo que hagan nuestros únicos dos aliados, Israel y EE.UU. Mientras uno se asienta en nuestras aguas, el otro estudia nuestro territorio sur. En hotel Onda Azul ubicado en Lago Puelo, ubicado en la provincia de Chubut, se ha evidenciado la presencia de oficiales de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI), que arriban a la República Argentina como si fueran mochileros presentándose como turistas ordinarios.

El cónsul de Israel en la Patagonia incita a traerlos en modo descanso, después de prestar 3 años de servicio militar, asesinando niños y niñas palestinas, como aún hoy sucede. Para el medio especializado en análisis político, Encuestas y Estadísticas Latinoamericana, @Estadisticas_LA, existe preocupación sobre posibles acuerdos encubiertos entre ambos gobiernos, argentino e israelí y el verdadero propósito de estas actividades en territorio argentino.

Mientras todas estas situaciones nos sobrepasan, hay una realidad de quienes gobiernan: fracasaron. No hay dólares genuinos y tienen que rogar al FMI por la entrega de recursos que van a usar, como hacen siempre en esta clase de gobiernos, tan solo para garantizar su modelo de endeudamiento y fuga. Y mientras tanto eso ocurre, para nosotros, el consumo, las jubilaciones, el empleo y los salarios seguirán reduciéndose. Y la única respuesta que encuentran es acusar, agredir, insultar, amenazar, mentir.

Somos un “barco al garete”, que se encamina a seguir el mismo derrotero que el Titanic. Sólo nos queda una pequeña oportunidad, una mínima esperanza. El cambio de rumbo será difícil, pero es la única alternativa al naufragio. Puede llegar a ser un primer paso hacia el rumbo correcto. Se vienen elecciones de medio término y tendremos la responsabilidad de coordinar esfuerzos entre las fuerzas políticas comprometidas con la democracia.

Tenemos que poner límites al autoritarismo desenfrenado de Milei y asociados varios.

Hagamos que la Democracia sea más grande que un acto electoral, empecemos a hacerla crecer para que sea verdaderamente participativa. Scalabrini no está presente, pero sus obras, su espíritu, el espíritu de la argentinidad deben de ser renovados y hacernos crecer como Patria.

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