Los representantes de 30 de los 33 países reunidos en la IX Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (CELAC), desarrollada en Tegucigalpa, acordaron por mayoría la declaratoria al cierre del encuentro.
Pese a la oposición de Paraguay y Argentina, el canciller Enrique Reina dijo que se contaba “con el consenso suficiente de 30 de los estados participantes, a excepción de tres, de adoptar la declaración de Tegucigalpa”.
Argentina y Paraguay argumentaron de distinta manera pero siempre por derecha: para el representante de Milei no había que criticar los aranceles de Trump y para el gobierno guaraní no había que hablar de género, sino de hombres y mujeres.
En medio de un desbarajuste global nunca visto del comercio internacional como producto de la guerra, ahora también arancelaria, lanzada por EEUU, el gobierno de Javier Milei acaba de rechazar la posibilidad cierta de un intercambio de opiniones regional latinoamericano y caribeño sobre esta crisis con la treintena de países reunidos en Honduras, en una nueva Cumbre de Jefes de Estado de la CELAC.
No es tan solo que se proclamen aliados del imperio declinante, son agentes directos de quienes hoy, en su afán pretencioso de “volver a hacer grande a los EE.UU.”, están amenazando al mundo con una guerra híbrida de alta peligrosidad.
Ya antes, apenas iniciado su desgobierno, habían rechazado la invitación que brindara desde Johannesburgo el floreciente grupo de países BRICS para que la bandera celeste y blanca flameara digna junto a las de China, India, Brasil, Sudáfrica, Rusia y otras que se van sumando, en pos de la construcción de un mundo multipolar y policéntrico, democrático y equitativo.
Nicaragua, el otro país no firmante de la declaración, reclamo más dureza y crítica ante las políticas de EEUU.
La Declaración resalta «la plena vigencia de la Proclama de América Latina y el Caribe como Zona de Paz, sustentada en la promoción y el respeto a los propósitos y principios de la Carta de la Organización de las Naciones Unidas y del Derecho Internacional».
Se añade «la cooperación internacional, la democracia y el Estado de Derecho, el multilateralismo, la protección y promoción de todos los derechos humanos, el respeto a la autodeterminación, la no injerencia en los asuntos internos, la soberanía y la integridad territorial».
En este punto de la declaratoria, los países rechazan la imposición de medidas coercitivas y unilaterales contrarias al derecho internacional, incluidas las restricciones al comercio internacional.
Asimismo, entre otros temas, 30 países de la CELAC acordaron refrendar el respaldo a la estabilidad de Haití.
La saliente presidenta protempore de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), Xiomara Castro, pidió durante la IX Cumbre realizada en Tegucigalpa, que se debata el nuevo orden económico mundial impuesto por Estados Unidos con sus medidas arancelarias y la política de migración.
Demandó que la Celac sea más que un foro: debe ser una herramienta de emancipación soberana y justicia ambiental, de socialismo democrático y de autodeterminación de los pueblos. “No podemos salir de esta histórica asamblea que ha reunido a los 33 pueblos latinoamericanos y del Caribe sin abordar los temas que nos afectan, sin debatir el nuevo orden económico mundial que nos impone EEUU con sus medidas arancelarias y su política de migración”, externó.
Igualmente, condenó el bloqueo económico por más de 64 años al pueblo cubano, de quien dijo: “Cuba no exporta terroristas, exporta maestros, científicos, médicos y la dignidad que demandan nuestros pueblos”.
Reconoció por los derechos de Venezuela, la revolución sandinista en Nicaragua, la soberanía del pueblo argentino por las Islas Malvinas, el clamor por la paz por la Franja de Gaza, hay que detener la guerra de agresión contra Palestina. Asimismo, mencionó la resistencia de Haití cuyo destino sea definido por su pueblo y no por injerencia extranjera.
Se solidarizó con la expresidenta de Argentina, Cristina Fernández por ser víctima del ‘lawfare’ (instrumentalización de la justicia), y envió condolencias a República Dominicana por la tragedia tras el desplome del techo en una discoteca que deja más de un centenar de fallecidos.
Reconoció que aunque la Celac no es una organización perfecta, “pero es nuestra” que nació de un sueño y un ideal o utopía de los libertadores y de los próceres para la integración de América Latina y el Caribe frente al colonialismo de las grandes potencias.
“No podemos seguir caminando separados cuando el mundo se reorganiza sin nosotros, pero tampoco podemos unirnos repitiendo las recetas del fracaso. El modelo neoliberal promovido por el consejo de Washington en los años 90, depredador y excluyente ha vaciado nuestras economías endeudado nuestros países, concentrando el capital en pocas manos y privatizando los servicios públicos”, expuso al tiempo que clamó para que la naturaleza no siga siendo botín del capital.
Se despidió parafraseando una frase del extinto Hugo Chávez: “La utopía está en el horizonte y caminamos hacia ella para no dejar de caminar. ¡Qué viva la integración! ¡Qué vivan nuestros pueblos! ¡Qué viva la Celac!»
Esta Comunidad de Estados de Latinoamérica y el Caribe es una instancia superadora de la vetusta OEA de Washington.
Allí participan todos los gobiernos en su diversidad, desde los golpistas de Perú y los ultraderechistas de Noboa en Ecuador, hasta los comunistas cubanos, los sandinistas de Nicaragua y los socialistas bolivarianos de Venezuela. Y allí, en ese foro, tendría que ser el presidente uruguayo, Yamandú Orsi, quien reafirmara “el derecho de la Argentina sobre las Islas Malvinas».

