Mientras la izquierda anda todavía buscando la absolución, mediante justificaciones extemporáneas (que no le sirven ni a ella misma), la administración Trump pone en ejecución la “Doctrina Trump”, denominada “Nueva Estrategia de Seguridad Nacional”.
Lo que no dice la “Doctrina Monroe”, ahora se lo dice abiertamente, una vez recuperado el “patio trasero”. Con los últimos resultados en Chile y el fracaso premeditado en Bolivia, acaban de resetearse los vectores de disuasión estratégica de USA frente a China en Sudamérica (ello es el marco de los recientes acuerdos que Perú y Paraguay firman para garantizar, en su suelo, la presencia militar gringa).
Con la victoria de Katz, la posesión del triángulo del litio, forma parte de la ventaja estratégica de reposición unipolar. Esa es la carta furtiva que le permitió a Trump dar el paso para intensificar el acoso a Maduro, en vistas de remover su presidencia, y luego la de Petro.
Lula y Sheinbaum, con su relativa autonomía de maniobrabilidad política, en semejante amenaza en curso, tendrán que tomar, con todos los riesgos que implica, decisiones históricas para sí mismos y para la región. Porque la geopolítica de Washington ahora pretende recrudecer el diseño centro-periferia en la bifurcación global “core and the gap” o sea “El orden y el infierno”.
En ese contexto, podemos señalar que el bloqueo naval a Venezuela, es un bloqueo a toda Sudamérica. En esta geopolítica de contención estratégica contra el RIC (Rusia más el reciente e inédito acercamiento China-India). Trump intenta disolver, tanto el G8 como el BRICS, y propone el Core-5: USA-Rusia-China-India-Japón (adiós a Europa de la historia).
Al fenecer el mundo unipolar, ya no puede haber Imperio, pero USA puede negociar y arrastrar a las potencias vigentes a repartirse el mundo. Y eso es lo que pretende la implementación de la “Doctrina Trump”: el mundo ya no será para los sobrantes (arrinconados en el Infierno) y Latinoamérica deberá financiar, con la vida de nuestros pueblos, el MAGA.
