La mitad de la humanidad se congrega en un sistema de acuerdos comerciales y de modo creciente, en políticos, con banco propio: el BRICS. Varios de sus países ya acuerdan comerciar en sus monedas propias.

China avanza con un mecanismo propio de intercambios automáticos (en segundos) para sus transacciones internacionales, el Yuan digital, eludiendo las sanciones norteamericanas y el sistema Swift, que tarda días a costos varias veces superiores.

A su vez, junto a Japón y Arabia Saudita se desprenden de sus bonos de deuda norteamericanos. A propósito, deuda que ha llegado a dimensiones imposibles de solventar y que generan severos problemas de sustentabilidad para la principal economía mundial. Estos han entrado en un primer trimestre de recesión.

El dólar como moneda de cambio mundial está cuestionado por las potencias emergentes.

Un símbolo de los sectores medios para viajar y consumir fuera del país y del empresariado concentrado para liquidar y fugar sus ganancias está ingresando en una decadencia y no se ven signos de que cambie o se revierta ese proceso.

El actual gobierno  argentino sobrevive al borde del colapso: agotadas las reservas por ineptitud de gestión, de posibilidades de préstamos privados por desconfianza profunda de sus posibilidades de éxito, desgastado al límite por la rapacidad de los socios del mismísimo ministro de Economía en sus reflejos de fuga de dólares a refugios fiscales, sin respuesta por la voracidad de los exportadores agrarios, con vencimientos de deuda y bajo el monitoreo exigente del prestamista.

Sólo pudo rescatar un blanqueo que roza lo ilegal al habilitar que capitales producidos por actividades de variada índole -muchas de ellas, más que presuntamente delictuales- ingresen limpios al mercado.

El mismo ministro de Economía tiene siete cuentas en paraísos fiscales (eufemismo que enmascara el no pago de impuestos y la oscuridad de su origen) y gran parte del equipo gobernante practica ese deporte, tan argento como el mate.

La mitad de la economía, dato confesado por los mismos funcionarios obligados a combatirlo, está en negro y no paga impuestos.

Un punto central de la agenda y el programa de un proyecto de país nacional y popular debe hacerse cargo de desdolarizar la economía, perseguir la fuga, investigar la deuda y poner orden en las transacciones que no tributan.

Para eso, las y los trabajadores debemos conocer y estudiar para asumir responsabilidades en esas tareas. Con cuadros preparados para sostener las medidas necesarias. Columnas conscientes listas a respaldar las acciones que cierren estos agujeros por donde se escurre la riqueza que nosotros producimos, y que terminan en manos privadas mediante acciones ilícitas e indebidas.

Existen esos equipos, como Cifra/Cta o el IEF/Cta Autónoma, o bien la Escuela Superior Peronista de la CGT.

Si el pueblo maneja pesos, toda la economía interna debe estar en pesos y estar legalmente controlada. Para esa gesta nacional estamos preparándonos.

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