El ataque inmundo a un hospital de excelencia como lo es el Garrahan, tendría que ser un límite contra la bestialidad de quienes gobiernan Argentina. Pero los villanos se permiten redoblar la apuesta. Quizás esta vez les haya entrado la bala del descontento masivo contra la actitud del oficialismo en esta temática, y retrocedan un poco… sólo para volver a atacar un poco más adelante.

Genera asco que se instale la supuesta sobreabundancia de empleados administrativos en el citado nosocomio. ¿En serio ya nos convertimos en una sociedad tan pestilente? ¿De verdad le resbala a la mayoría de los argentinos, que un grupúsculo de malparidos se tomen la licencia de preguntar si acaso tener un hijo con discapacidad no es un problema individual, que el Estado no tiene por qué atender? 

Y me quedé cortísimo con la adjetivación contra estos energúmenos, aclaro por caso que lo que pienso respecto a ellos es mucho peor que lo que escribo.

¿De verdad no pasa nada si una comisión bicameral deja acéfala a la Defensoría Nacional de Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes, con los votos de LLA y de la mayoritaria parte asociada del radicalismo a las huestes de jamoncito en absolutamente todo lo que a él le plazca sentenciar?

¿No les alcanza ya con la naturalización de reprimir todos los miércoles a un puñado de jubilados y militantes, a quienes gasean a mansalva y con explícito placer en cada semblante de los uniformados?

¿La Corte Suprema deja firme la condena por lavado contra Lázaro Báez, mientras relegan las andanzas de los fugadores seriales que ejercen de ministros libertarios?

Esas noticias no tienen trascendencia masiva, pero lo del hospital Garrahan sí la ha tenido. Y por eso mismo, esa bala penetró en Balcarce 50.

El antiperonismo, enfermedad demodé pero plenamente vigente, que arrastra al país a su desintegración moral, económica y territorial

De acuerdo a recientes encuestas, el 65% de los argentinos cree que la situación económica es mala. Las evaluaciones negativas sobre el gobierno continúan superando a las positivas. Se incrementa la preocupación por el costo de vida (ya venía siendo hora…). El alerta porcentual por la pérdida de empleo saltó de 30 a 41. El 74 por ciento tiene una percepción negativa del mercado laboral. Una mayoría del 53 por ciento observa negativamente el último préstamo tomado por el FMI. Lo irracional y ya devenido en un triste repertorio de payasos cansados de circo de última categoría, es que frente a todo ese cuadro, la imagen de Javier Milei está en ascenso. Con 50 puntos, es el líder mejor valorado del país, con más de 18 puntos porcentuales sobre quienes aparecen por detrás suyo, tales los casos de Cristina Kirchner, Victoria Villarruel, Axel Kicillof y Sergio Massa.

¿Alguien puede dar respuesta a tamaña bipolaridad social?

Milei  no enamora por fuera de su ratificado núcleo duro de alrededor de un tercio del electorado. Después está el famoso tercio flotante, ese mismo que votó a Cristina en 2011, a Macri en 2015, a Alberto Fernández en 2019 y a jamoncito en 2023.

Sigue dándose la disyuntiva Peronismo-progresismo de un lado, antiperonismo-conservadurismo del otro. Es la misma cantinela sin mayores novedades. Con la significativa diferencia que los del segundo bloque vienen conquistando a indiferentes, enojados y resignados, mientras los primeros dilatan sus públicas y encarnizadas peleas internas.

Algo relevante y muy inquietante es lo que planteó Artemio López en nota de días atrás, cuando señaló que a mayor vulnerabilidad social, menor concurrencia a votar. De este modo, se va construyendo un voto calificado indirecto. Estructural le llaman otros más avezados en la cuestión. Los sectores más humildes no van a votar. Es el sueño húmedo de la ultraderecha: que sólo voten los propios.

El peronismo en su crisis identitaria más profunda de su historia, se las ve contra un experimento de ultraderecha que arrasa con todas las conquistas sociales habidas y por haber, apoyado en acción u omisión por fracciones sociales que, desde la salida de la dictadura, fluctuaron entre variantes más liberales o más “progres”. Ahora los progres no terminan de formular una propuesta atractiva, y se las ven bien bravas contra el neofascismo.

Frente a tamaño desafío, es urgente convencer por fuera de los convencidos. Atraer a quienes se fueron a algo peor que la nada… algo que aplasta las necesidades de las mayorías y destruye todo a su paso.

La gente no percibe que haya riesgos para sus libertades individuales ni avances contra logros democráticos. Y el peligro radica, precisamente, en ello: En que mientras trazan la agenda para putear a Ricardo Darín por el precio de las empanadas, o se apropian de lo que diría Maradona, o sostienen que el Garrahan es un nido de ñoquis, entregan el país a una timba salvaje de la que muy difícilmente se salga con la frente nacional alta… y todo para que, el día que este infierno estalle, porque la historia demuestra cabalmente que no existe otro final posible para este rumbo, vuelva el “populismo” a salvar de nuevo las papas. Y todo vuelva a empezar. Salvo que éstos se dejen de joder de una bendita vez con sus internas conducidas por puras ambiciones personales y liderazgos en absoluto ocaso, de ésos que se niegan a asumir su condición de testimonio vivo de rica historia, controversial presente y nulo futuro… cuestiones cuya legitimidad jamás debieran estar por encima del interés colectivo que dicen, y a esta altura sólo dicen, representar y defender.

Demasiado jarabe de pico frente a tantas necesidades sociales totalmente insatisfechas.

Y a todo esto, horas atrás Telegram informó sobre voladuras de puentes y otros ataques de la OTAN en suelo ruso, Vladimir Putin convocó a una reunión urgente, la paz se desvanece casi definitivamente en Europa…  la OTAN ve con agrado una Tercera Guerra Mundial, la ONU muestra su patética complicidad resguardado en quejas estériles. Pareciera que la conflagración ya empezó. Sólo estaban esperando, en efecto, que de una vez se muriera el Papa Francisco, último gran dique de contención para la barbarie de magnitudes probablemente bíblicas que unos pocos piensan desencadenar para todos los demás.  

Si algo le faltaba a nuestra debacle nacional integral, de continuar el avance de la escalada bélica en el hemisferio norte, es que será la primera vez que Argentina no haga gala de su ejemplar neutralidad histórica. Y nos empujarán hasta la frente debajo del mismo fango de lágrimas y sangre donde el “primer mundo” palpita –en el mejor de los casos- chapotear por los próximos años.

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