La idea de esta, y las notas subsiguientes, es de presentar algunas ideas acerca de los cultivos transgénicos, los cuales se siembran en nuestro país desde el año 1996, es decir estamos transitando hacia los 30 años de cultivo. Analizaremos los prolegómenos de su autorización para la investigación, la siembra, su cultivo y consumo en Argentina. Desde el Centro de Estudios sobre Tecnologías Apropiadas de la Argentina (CETAAR) y la Red de Acción en Plaguicidas y sus Alternativas de América Latina (RAPAL) comenzamos las tareas de investigación, sensibilización, denuncia sobre estos cultivos en el año 1995, desde estas experiencias, e historia, plantearemos nuestra cosmovisión sobre los cultivos transgénicos.
Desde la década del `50 se alteraron los modelos de la producción agrícola a nivel mundial, los cuales obligaron a un replanteo en la Argentina respecto a la política económica en general y a la política agropecuaria en particular. El paradigma productivo conocido como la Revolución Verde, si bien posibilitó un incremento de la producción agraria con la aplicación de nuevas tecnologías; semillas mejoradas, fertilizantes, la explotación intensiva por medio de nuevas maquinarias y la utilización masiva de agroquímicos, ocasionó un fuerte impacto socioambiental, cultural y político. Más acá en el tiempo, los procesos de globalización, integración comercial, los cambios en las políticas económicas surgidas a principios de la década del `90 tuvieron influencia decisiva en las actividades agrarias. En dicho período se introdujeron profundas reformas en el sistema económico del país, basadas en los ejes de apertura comercial, estabilización de precios, desregulación de actividades productivas y comerciales, integración comercial, privatizaciones, eliminación de diferencias en el tratamiento impositivo y cambiario agropecuario.
¿Qué es una semilla Transgénica? Comencemos comentando que cada ser vivo (Plantas, Hongos, animales, bacterias) contiene en sus células estructuras denominadas cromosomas constituido por genes (El ADN) que poseen información acerca de cómo será y funcionará cada organismo vivo. En términos muy figurativos, se trata de “un plano” donde se detalla “el modo de construcción” y características que tendrá cada ser vivo. Cada organismo de una especie posee la potencialidad de poseer características compartidas con otros seres vivos como respirar y otras muy propias como volar, nadar, pensar…
Ahora bien, aquello que no está “escrito” en los genes no puede ser desarrollado por el organismo algo que se ha vulnerado con los transgénicos. En este caso desde el desarrollo de técnicas biotecnológicas se ha logrado introducir un gen de un organismo de una especie, por ejemplo de una bacteria, en otro ser vivo, una semilla de soja, para que esta planta exprese una característica que naturalmente no poseía. En el caso de la soja transgénica, las plantas pueden resistir el contacto y acción, vía pulverizaciones, del plaguicida glifosato.
En el momento de autorización para la siembra de los cultivos transgénicos, año 1996, las instituciones oficiales (el INTA y las universidades) organizaciones de productores, medios de comunicación y empresas vinculadas a la investigación, aprobación y difusión de las semillas modificadas genéticamente trataron de impulsar la utilización a partir de pregonar una serie de “ventajas” asociadas a la producción agraria, basadas en la utilización de dichas semillas, entre ellas se mencionaron:
a-El incremento en los rendimientos
Esta fue una de las promesas más difundidas. Los cultivos transgénicos no han demostrado tener mejor rendimiento que los agroecológicos. Los desempeños varían de acuerdo al tipo de cultivo, país/región y otras condiciones locales (por ejemplo la presión de los insectos, las características de los suelos, o las experiencias prácticas desarrolladas por cada agricultor/a). A su vez, el cambio climático es una amenaza para el rendimiento de los cultivos transgénicos. En Argentina, si tomamos el caso de la soja RR de Monsanto, su “éxito” productivo es relativo, ya que el aumento de su rendimiento por hectárea estuvo condicionado por el incremento de aplicación de agroquímicos (fertilizantes y plaguicidas), que se relacionan con un incremento en los costos de producción y en impactos socio-ambientales negativos. En general, los rendimientos orgánicos son típicamente más bajos que los rendimientos convencionales. Pero estas diferencias de rendimiento dependen del contexto, según las características del sistema y del sitio ecológico donde se realiza el cultivo, pudiendo oscilar entre una merma del 5% al 34% más bajos en los planteos orgánicos. Sin embargo, bajo ciertas condiciones (con buenas prácticas de manejo, tipos de cultivos particulares y condiciones de crecimiento) los sistemas orgánicos pueden casi igualar los rendimientos convencionales (Seufert et al., 2012).[1] Respecto al trigo transgénico, en el año 2021 el promedio a nivel nacional utilizando trigos tradicionales fue de 3,14 t/ha; mientras que el rinde de las variedades transgénicas fue de 2,4 t/ha, es decir un 27% inferior a la media nacional (Agrobio, 2022)[2].
b- Reducción en la utilización de plaguicidas.
Aunque están cambiando las estrategias llevadas a cabo por los productores/as respecto al manejo de los cultivos, se registra un bajo monitoreo del tipo de plantas silvestres (las llamadas malezas) que se hallan en un agroecosistema especifico y sobre la posibilidad de competir, infligir daños a los plantas sembradas, por lo cual la situación deriva en un “control” más que en un manejo integral, donde los herbicidas podrían incluirse entre un conjunto de prácticas. De esta manera la utilización continua de las mismas formulaciones de herbicidas, han generado la aparición de resistencias a partir de lo cual se incrementan las dosis o el número de aplicaciones. También se incrementa la utilización de herbicidas altamente peligrosos como el 2, 4 D, la atrazina y otros principios activos con gran impacto socioambiental. Dada la utilización en grandes extensiones de plantas uniformemente resistentes a los herbicidas, y al no utilizarse refugios, se ha generado también una gran presión de selección determinando la aparición de resistencias especificas a determinados insectos (gusanos de la espiga por ejemplo) determinando la necesidad de aplicar insecticidas pese a la siembra de semillas que poseen genes de resistencia a estos insectos. En las últimas tres décadas la superficie sembrada con cereales y oleaginosas se incrementó de 19.000.000 de hectáreas en 1990 a 41.182.000 hectáreas (117%), en 2023. En el mismo periodo, el volumen de producción se incrementó de 38.200.000 a 140.893.000 Tn. (269%), por su parte la utilización de plaguicidas en el periodo mencionado se incrementó de 35 millones a 580 millones de kg/Lt, es decir un gran incremento de 1.657%[3]
c-Mejoras en la calidad de los alimentos
Se preveía que en la segunda “ola” o generación” de OGM implicaría, dados los genes que se incluirían, una notable mejora en la alimentación de los consumidores, por ejemplo en el contenido de aceites, proteínas, etc. Se hablaba de “productos amigables” y que harían cambiar la opinión de las personas respecto de los Organismos Genéticamente Modificados (OGM). Se intentó mostrar sus posibles ventajas, un “gancho”, a fin de evitar las críticas sobre el probable impacto en la salud. También se hacía referencia a una tercera generación de OGM ligada a la prestación de servicios ambientales, por ejemplo la biorremedición y “el cuidado del ambiente”, incluso la posibilidad de cultivo sobre suelos erosionados. A 30 años de liberación de los OGM no existe en nuestro país ningún OGM con calidad nutritiva especial, se sigue investigando y comercializando OGM capaces de resistir a las herbicidas y a los insectos
d- Reducción en la deforestación
Se presentó a los OGM como cultivos capaces de incrementar los rindes por unidad de área y a su vez al poder adaptarse a “tierras o zonas marginales” aspecto que implicaría una reducción en la deforestación, a fin de incrementar la superficie de siembra, en los territorios bajo monte o selva. Nada más alejado de la realidad. De acuerdo con un informe de Greenpeace “Entre 1998 y 2022 la pérdida de bosques nativos en el país fue de cerca de 7 millones de hectáreas, equivalente a la superficie de la provincia de Formosa, de acuerdo a datos del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación. El agresivo desmonte que se registra en el país se traduce en un agravamiento de las consecuencias del cambio climático, que van desdemás inundaciones y desertificación hasta extinción de especies, desalojos de comunidades campesinas e indígenas y aparición de enfermedades”. (Greenpeace, 2024)[4]
e- Generar empleo
La expansión en la siembra de los OGM asociado al cultivo bajo la forma de siembra directa (con menor remoción del suelo), el cambio tecnológico que deriva en una mayor capacidad operativa de las maquinarias y el empleo de herbicidas sumando a la tercerización de tareas y servicios ha determinado la aparición de nuevos actores junto a la desaparición de otros lo que ha generado una menor demanda de mano de obra tanto al interior de las familias como en la contratada. Se registra, a su vez, una mayor demanda de mano de obra transitoria por sobre la permanente
f-Acabar con el hambre en el mundo
El argumento principal para promover el cultivo de OGM se vinculó con “alimentar al mundo”. ante el incremento en la población, y mejora en la calidad de vida, especialmente en su alimentación, de la ya existente, sumado a la dificultad de incorporar nuevas tierras para el cultivo. Se presentó a los OGM como indispensables para incrementar los rendimientos. Argentina ocupa el tercer lugar en el mundo respecto a la utilización de semillas transgénicas, luego de ocupar el segundo lugar durante casi 15 años. Para lograr esta expansión el país tuvo que generar un marco legal que lo posibilite, desarrollo que no estuvo exento de la influencia de empresas de semillas y agroquímicos como la transnacional Monsanto. En la actualidad en Argentina están aprobados 113 eventos de OGM y la superficie cultivada con semillas transgénica superó 23 millones de hectáreas, el año 2023. Al mismo tiempo en nuestro país y según un informe de Deudas sociales en la Argentina del siglo XXI (2004-2024)[2], el 28% de la población vive en hogares en condiciones de inseguridad alimentaria, y el 12,6% en hogares en inseguridad alimentaria severa. Personas, en su mayoría niños que ven hipotecado su futuro a fin de desarrollar una vida plena. Se está vulnerando un derecho inalienable como el constituido por la soberanía alimentaria. En las dimensiones productivas y de acceso a una alimentación sana dada la calidad de los alimentos dado que los OGM pueden poseer impacto en la salud de las personas así como las trazas de agroquímicos.
.[1] Seufert, V. 2012. Comparing the yields of organic and conventional agriculture. Nature 2012 May 10; 485 (7397): 229-32 USA
[2] https://www.agribio.com.ar/noticias
[3] Souza Casadinho, J. 2025. En Plaguicidas agrícolas en la CAN y Mercosur: Impactos, Normativas y resistencias desde los Territorios. IPDRS. La Paz, Bolivia (En prensa).
[4] www.greenpeace.org/argentina
[2] https://uca.edu.ar/es/noticias/deudas-sociales-en-la-argentina-del-siglo-xxi-2004-2024



Gracias Javier por tanta claridad y hacernos conocer datos historis y actuales sobre este modelo de envenenamiento y destrucción de los ecosistemas. Modelo que nos quieren hacer creer que es el único posible. Mientras destruyen todo en su camino, es siempre la misma minoria la que aumenta sus ingresos en base a estos modelos de pobreza y destrucción.
Sigamos demostrando que hay otra manera de habitar este planeta de manera respetuosa para todes y con el ambiente sobre todo.
Un gran abrazo! Gracias !