Ya va siendo hora que alguien pueda explicar, con claridad meridiana al conjunto de nuestro pueblo, quiénes y cómo representarán al amplio colectivo de masas, muchos de los cuales el pasado miércoles 18 volvieron a demostrar su potencial.

Asumamos de una vez el estado de nuestras miserias: Es imposible ponerse de acuerdo a escala de la totalidad de nuestra sociedad. No improbable: Imposible. Y con sus matices, siempre fue así. Ningún argumento es capaz de convencer en absolutamente nada a la parte contraria. Cuando se intenta exponer alguno, sólo se consigue avivar el fuego.

Nadie escucha. Nadie admite. Casi nadie tiene al menos, honestidad intelectual. No la hay entre quienes deberían admitir que durante el kirchnerismo hubo ingredientes de corrupción a distintas escalas… corrupción como también la hubo, más o menos, en todos los gobiernos precedentes. Vamos, hipocresías acá, no. Y mucho menos habrá esa reclamada honestidad intelectual entre los que debieran aceptar que la Causa Vialidad… es un engendro.

Mientras tanto, el desempleo oscila según regiones entre un 7 y un 10 por ciento… en buen romance, unos 2 millones de personas. Crece la cantidad de quienes buscan trabajo hace más de un año… la informalidad ya supera el 40 por ciento. Supermercadistas del interior dicen que la malaria es TOTAL (aunque luego, claro está, muchos de ellos corran a las urnas para volver a votar a quienes les destrozan cada uno de sus proyectos). El consumo se desploma y es fácilmente advertible cuando uno observa el estado de los comercios de todo rubro, cual película ya repetida innumerables veces. Un verdadero bodrio que, sin embargo, muchos deciden elegir una y otra vez, sin solución de continuidad a la vista.

El gobierno que cercena de facto libertades de expresión varias desde el mismo instante en que todos estamos bajo la lupa investigadora de las fuerzas policiales comandadas por la señora Bullrich, celebra el cheque en blanco vigente para seguir sumando una deuda descomunal, semana a semana, por vía de empréstitos y bonos. Pero bueno, la “macro” está ordenada, la “yegua” está detenida, el periodismo vergonzante tiene su show para llenar horas de espacio mediático y seguir rindiendo interesadísimas pleitesías al oficialismo, y enfrente sigue habiendo más poco que mucho.

Asimismo, en menos de lo que canta un gallo, vuelven a aparecer las zancadillas por los armados de listas y liderazgos en pugna que a casi nadie, pero a casi nadie de verdad, del pueblo trabajador le importa un pito. Y nada se construye, si sólo es el pasado lo que se instaura como idea de futuro. El pasado enseña, pero el pasado no puede dirigir.

Justamente es toda esa dirigencia la que debe saber dónde ubicar las ambiciones de poder, y de una vez decidir quiénes encarnarían mejor desde lo realmente existente, la posibilidad de –en lo inmediato- evitar una catástrofe electoral. No dividirse, aunque el runrún del radio pasillo nos murmure que determinado(s) sector(es) “se muere(n) de ganas por asegurar una derrota” en provincia de Buenos Aires, que fuerce de la peor manera imaginable una reestructuración absoluta de los liderazgos y caciqueadas regionales.

Si este 2025 augura unos cuantos golpazos electorales para el amplio conjunto de fuerzas políticas ajenas al oficialismo nacional, a mediano plazo se espera que ya trabajen para dentro de dos años, en la configuración de una nueva mayoría, lo cual implica que, indispensablemente debe forjarse desde cimientos amplísimos. Todo ello visto desde el hoy, y sin contemplar infinidad de imprevistos de los que somos capaces de recrear, por obra y gracia de situaciones propias o externas.

Para los desencantados de jamoncito, para los desencantados del último gobierno popular, o si es para exponer un trazado convincente de hacia dónde iríamos en materia productiva, laboral, educativa, asistencial, de alianzas estratégicas… la nostalgia del pasado ya no sirve. De hecho, inmoviliza y bloquea a aquellos que pretendan andar nuevos caminos.

La interna peronista está muy lejos de haberse terminado. Del otro lado, tampoco quiero ver ni escuchar dentro de un tiempito a ningún dirigente llorando sobre la leche derramada. Mover piezas irracionalmente, una vez más cegados por odios ancestrales que, de una y otra manera, recaen sobre la fe y esperanzas del pueblo trabajador, sólo derivan en la construcción de nuevos mitos. De suceder eso, sépanlo ahora y siempre, será toda de ustedes. Y el drama que venga de aquí en más, tendrá una elevada cuota de vuestra propia responsabilidad.

Pasada la emoción de las recientes movilizaciones de masas, pasadas las caras cinematográficas de los “haters”, esos nietos y nietas del “viva el cáncer” que ni siquiera alcanzan placer ni cachondeo suficiente ahora sabiendo a CFK presa y con una tobillera electrónica, ni con eso tienen paz esa claque de malas yerbas… tomemos conciencia, una bendita vez, de que se requiere de un “para qué”. Sólo cuando eso esté expuesto, llegarán las alianzas estratégicas desde diversos sectores, para que dicha unidad, sólo quizás, acontezca justo a tiempo y salve a esta nación de un estrepitoso ocaso final.

Un comentario en «En mitad de la pesadilla»
  1. Ya es momento de que alguien aclare cómo se representará realmente a las masas. El desempleo y la informalidad siguen creciendo, afectando a millones. Los supermercados y el consumo muestran una decadencia preocupante. ¿Por qué se insiste en elegir a quienes no ofrecen soluciones reales? WordAiApi

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