La crisis económica nacional se acentúa cada vez más. Esta semana que concluyó tuvo el espectáculo de los dimes y diretes posteriores a los cierres de listas para las elecciones de septiembre venidero. No existen más –ni son reclamados por la inmensa mayoría de nuestra sociedad- los debates y documentos orgánicos, ni los programas, ni las manifestaciones que expresen a un conjunto. La agenda mediática sigue arrastrada por los chusmeríos berretísimos y por la cloaca que emanan las redes.
Ya son moneda corriente las operetas a gran escala, las cuales encuentran de dónde agarrarse con los escándalos opositores, que de este modo le dejan la cancha servida no pocas veces. El cierre de las listas bonaerenses fueron muy complicadas, y no es chicana aunque ameritaría serlo, que unos oportunos cortes de luz permitieron alargar definiciones, hasta arribar a una tregua… sólo aparente.
A su vez, la fortaleza del antiperonismo y la apatía, ayudadas ambas por el resentimiento contra el gobierno anterior, continuarían de mínima, empardándole a los síntomas de bolsillos flacos y malhumorados. Mientras tanto, un grueso de la población expone su exasperante indiferencia frente a las pornográficas declaraciones del futuro embajador yanqui en Buenos Aires, que en cualquier otro momento hubieran generado un repudio masivo de la dirigencia política de prácticamente todos los colores, y no sólo de la izquierda y una porción menor del peronismo como sucedió en las últimas horas. ¡Qué tiempos aquellos, en que la casi totalidad de nuestra dirigencia entendía de dignidad y respeto a la soberanía nacional! Patriotismo básico, que le dicen…
En tanto sería deseable, aunque a la vista de los hechos, imposible, que dejaran de hacer campañas electorales montadas sobre el eje casi exclusivo de la inseguridad (un filósofo contemporáneo añadiría “al menos por dos años”), ya que el nivel de hipocresía, al menos para el paladar intelectual de quien editorializa este medio, alcanza niveles vomitivos. Es una realidad no peor a la que transitamos antaño en esa materia, y atraviesa tanto gobiernos, banderías políticas como regiones geográficas. Sólo que los grandes multimedios tienen ojos exclusivos para el conurbano bonaerense… desde hace décadas. Dan asco, sin mayores volteretas retóricas.
Por si ese cuadro no fuera aún suficiente para encender antorchas, a pesar de los obscenos esfuerzos que viene realizando el FMI en tándem absoluto con la embajada norteamericana para sostener la economía mileiana más o menos “estable” a los ojos más de propios que de extraños, el nefasto órgano internacional de crédito antes citado, tuvo que advertir en forma oficial que la situación de las reservas monetarias es “extremadamente crítico”. Manierismo retórico para prevenir que estamos con la soga al cuello, y que quienes regulan el apriete no somos nosotros. Sólo por dar dimensión con datos contundentes, entre mediados de abril y comienzos de mayo se fugaron 5400 millones de dólares, el 44 por ciento del préstamo cedido por nuestros controladores políticos externos… mientras en lo concerniente a lo que vemos y padecemos en la cotidiana, las ventas en supermercados cayeron en junio un 6,4 por ciento; la pérdida del poder adquisitivo y el desempleo son los factores que explican la cuestión.
Así las cosas, se percibe un acostumbramiento al ajuste sin chances de mejora a la vista. Las propias encuestas que encarga el gobierno revelan una caída en la popularidad de jamoncito, con una imagen negativa que ya supera el 50 por ciento. Sus declaraciones, ya incalificables e inclasificables, despiertan disgusto y hasta repulsión incluso entre las franjas más conservadoras con las que tenemos en suerte convivir. Eso no bastaría, de momento, para un retiro total de la confianza, que deviene en resignación a considerable escala.
Una oposición aún demasiado disgregada, dispersa los efectos de las reacciones populares en distintos puntos del país. Falta dilucidar si la reacción más generalizada sucederá antes o después de que las consecuencias de esta pesadilla institucional, sean aún peores.
Para terminar de darle un marco didáctico a este tiempo presente, esta semana pasada, mientras los gobernadores de la región centro pidieron el fin de las retenciones al “campo”, como objetivo cuasi excluyente, en simultáneo hubo protestas durante varios días consecutivos de trabajadores rurales en reclamo por paritarias justas. Cortaron rutas en Mar del Plata, Santa Fe, Córdoba y Corrientes. Ustedes deberán decidir y tener la honestidad intelectual para saber situarse con toda claridad de qué lado de esa interminable “grieta fundacional” se ponen. Si del lado de los hambreadores, o del lado de los explotados.
Y las hipocresías y los cinismos pseudo democratistas, mientras unos la fugan y los otros no llegan a completar un plato de comida por las noches… de una puta vez, guardárselas allá donde las más de las veces, no logra alumbrar el sol.
