Pareciera que estas líneas surgieron hace demasiado tiempo, pero en realidad, fue hace unos pocos días. Y entonces apareció Lamelas.
Se estaba volviendo harto difícil mencionar siquiera el término Soberanía, sobre todo en redes sociales, porque enseguida “saltaba” la turba de los “desconocidos de siempre” con sus argumentaciones absurdas o falseadas. Porque una cosa es la colaboración y otra el sometimiento.
Todo había comenzado, como una de esas casualidades permanentes, al mismo tiempo en que se desarrollaban las cumbres del Mercosur y los BRICS. Fue entonces en que resurgieron las remanidas preocupaciones de los EE.UU. por la presencia de China en la región, y los futuros problemas de militarización y seguridad global.
Y, como no podía faltar, reiteraron sus reclamos por la estación espacial ubicada en Bajada del Agrio, Neuquén, que es la Estación de Espacio Profundo CLTC-CONAE-Neuquén. La misma es resultado de un acuerdo entre China Satellite Launch and Tracking Control General (CLTC) y la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE) de Argentina, junto con la provincia de Neuquén, y que cuenta con una antena de 35 metros de diámetro y es la única de China fuera de su territorio.
Dicha estación fue el resultado de más de una década de cooperación científica y tecnológica entre China y Argentina, una alianza estratégica que se consolidó gracias a los acuerdos logrados entre la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE) y la Agencia China de Lanzamiento y Control de Satélites (CLTC). Dichos acuerdos garantizan a la República Argentina acceder al 10% del tiempo operativo para investigaciones propias.
Existe el reconocimiento, además, por parte de organismos internacionales, entre ellos el Comité de las Naciones Unidas para el Uso Pacífico del Espacio Exterior (COPUOS) y la Agencia Espacial Europea (ESA), que opera la Estación de Seguimiento de Espacio Profundo de Malargüe, en la provincia argentina de Mendoza.
No somos el único país sobre el que los estadounidenses proyectan sus infundadas sospechas. También tienen en carpeta a las estaciones de Amachuma y La Guardia (en Bolivia), El Sombrero y Luepa (en Venezuela), Cerro Calán (en Chile), Alcántara (en Brasil), y en forma indirecta (Iquitos, Lima, Piura, Pucallpa, Puerto Maldonado y Tacna (en Perú).
Gran parte de la “fauna autóctona” sale a esgrimir, sobre todo en las redes, que es una base militar que se les regaló a los chinos. Hay que recordarles que un gobierno que no se preocupa, precisamente, por lo nuestro, realizó una auditoría en 2024. Allí se comprobó que es un centro de investigación cuyo uso es estrictamente científico. Pese a la auditoría, desde siempre se puso en duda su funcionamiento, y lo peor es que medios de nuestro propio país se han encargado de difundir maliciosamente el tema.
Veamos algunos títulos mediáticos: “Misterio en la Patagonia: qué hay detrás de la base china en Neuquén” (Infobae 2023); “Base china en Neuquén: los puntos oscuros que nadie puede explicar del avance de Beijing sobre la Argentina” (TN 2024); El jefe del Comando Sur dijo que está «preocupado» porque la estación de observación lunar en la Patagonia se use para «apuntar» a los Estados Unidos (Clarín 2024); “Las 200 hectáreas de Neuquén que controla China y porqué violan nuestra soberanía” (La voz del Interior 2023).
Argentina ha sido un país apetecible para el ojo foráneo desde siempre. Ya sea por su territorio, por sus riquezas naturales, por los distintos climas, etc.
Es por eso que históricamente han tratado de dominarnos y apoderarse de lo nuestro. Hemos padecido invasiones, golpes de estado promovidos y apoyados desde el extranjero, o incluso actos propios de sumisión cuyos autores eran malos compatriotas.
En una somera línea temporal, podemos observar algunos hechos acaecidos: Durante el siglo XIX, en 1806 y 1807 sucedieron las invasiones inglesas. En 1833, la corbeta HMS Clio, expulsa a los argentinos de las Islas Malvinas, y toma posesión en nombre del Reino Unido. En 1845 se enfrenta a la flota anglo francesa en la Vuelta de Obligado.
Ya en el siglo XX, en 1916, al asumir como presidente Hipólito Yrigoyen, el embajador inglés le recuerda una vieja costumbre: “La consulta al gabinete londinense para elegir a los ministros…”. a lo que Yrigoyen se opone. En 1946, a instancias del Departamento de Estado de Estados Unidos, su embajador, Spruille Braden, promueve la creación de la Unión Democrática para oponer en las elecciones a la lista de J.D. Perón, que realizaría un gobierno de tinte nacional. En 1955, luego del golpe de estado, el almirante Rojas, se jactaría de que la Royal Navy le proporcionó las municiones en alta mar. En los 60s y 70s fomentaron los golpes de estado y luego la sumisión económica vía FMI. A mitad de la década de los noventa expandieron la creación global de las Academias I.L.E.A. para “colaborar” con la formación de jueces, fiscales y policías.
Y como si todo esto fuese poco, y todavía nos estuviera faltando algo más, apareció Lamelas.
Pete Lamelas es un cubano-estadounidense nominado por Donald Trump para ser embajador en nuestro país, aunque por sus dichos, más que nuestro parecería ser el suyo.
Lamelas sostuvo que: «mi rol también será salir al interior y asegurarnos de estar alerta a la corrupción y apoyar a Milei y su gestión en todo lo que se refiere al bombardeo a la AMIA y asegurarse de que Cristina Fernández de Kirchner reciba la justicia que merece».
Explícitamente manifiesta que el riesgo de nuestra organización política es que cada provincia podría negociar con los chinos y quedar así expuestas a su «corrupción».
Además de procurar «establecer justicia» para Cristina Kirchner, transparentando hasta qué punto la justicia argentina es, como ya sabíamos, un colador de la voluntad imperial, y que incluso determinarán qué hacer con la AMIA (quieren cerrar, desde EE.UU. vía juicio en ausencia, la voladura de dicho edificio y las muertes que causó).
Y se refirió sin que nadie le pidiese opinión, y como si sus dichos atrasaran décadas sobre eventuales «peligros» latentes: una fantasmal izquierda, que, según él, está más a la izquierda que el peronismo, y que representaría una amenaza. ¿Estará esbozando un cuadro de futura y brutal represión?
Lo cierto es que la Convención de Viena que regula las relaciones diplomáticas impide a los embajadores intervenir en la política interna del país donde estén acreditados, garantizando así la soberanía y la independencia de cada estado (algo que este personaje omite o ignora deliberadamente).
No es la primera vez que los EE.UU. tienen estas actitudes para con nuestro país. Hace casi ocho décadas, habíamos visto en 1946, otro personaje como éste, Spruille Braden, se involucró activamente en la política interna argentina. Ambos personajes reflejan una visión neocolonial que considera a América Latina como el «patio trasero» de Estados Unidos, donde sus representantes se sienten con derecho a dictar políticas, presionar instituciones y condicionar procesos democráticos.
Nada nuevo bajo el sol, ya que con su verborragia dejan aflorar en lo que realmente creen, en vez de fomentar la cooperación entre naciones, socavan los principios de no injerencia y respeto mutuo consagrados en el derecho internacional.
Es de esperar que la Cancillería Argentina rechace su acreditación. Además, el Congreso de la Nación debe declararlo persona no grata y nosotros, como Pueblo, rechazar la tutela que se arroga y pretende ejercer. Si no es Justa, Libre y Soberana, no habrá Patria dónde vivir.

