Se avecina el proceso electoral del 7 de septiembre, que va a reafirmar el proceso democrático.

Hay que otorgarle gobernabilidad a Axel Kicillof para los próximos dos años, frente al esfuerzo que se está haciendo ante la amputación de fondos y recursos del presidente Milei.

Hay que cambiar el humor social, que en el último año y medio estuvo signado por el miedo, la angustia, la depresión y el aislamiento. Han transformado a la sociedad argentina por la siembra del odio que ha realizado esta presidencia, de la mano de una situación económica, política y social sumamente complicada.

Milei ha gobernado casi sin legisladores, a fuerza de vetos y DNU, avasallando la Constitución Nacional con la complicidad de la Corte Suprema de Justicia de la Nación. Con su impronta perversa y cruel que lo lleva a traspasar los límites, apoyándose fuerte en su alianza con Estados Unidos e Israel.

Lo importante, para el movimiento nacional y popular en Argentina después de octubre, será no sólo frenar la entrega de patria que está haciendo Milei en este rumbo de colonización, sino más importante será inaugurar una etapa fundacional, que renueve los objetivos y profundice las políticas, que recupere los valores estratégicos de un peronismo que cambió las estructuras de la dependencia y evitó la colonización del país.

También precisamos cambios metodológicos y la irrupción de nuevos hombres y mujeres capaces, humildes, comprometidos, que escribirán las próximas páginas de la historia si son capaces de escuchar e interpretar los reclamos, las angustias y todo aquello que el pueblo argentino tiene para enseñar.

Un pueblo es trazar un camino común. Y lo trazaremos después de octubre para reformular aquello que desde hace 42 años es un sistema de dependencia, establecido por el Consenso de Washington y los Estados Unidos.

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