El drama indescriptible de vivir en la calle y el deterioro integral que ello va trayendo aparejado con el transcurrir del tiempo, y la pesadilla para vecinos, frentistas y pequeños comerciantes del barrio, por no poder desarrollar actividades ni vida cotidiana medianamente en paz. La inacción o débil accionar institucional, como telón de fondo para que la bola de nieve siga agigantándose.
Un drama por donde se lo mire, y una falta de resolución para el mismo, desde donde se lo mire. Así acudimos al barrio que rodea al hospital municipal de Morón, con enclave principal en la intersección de las calles Monte y Córdoba, para atender al pedido de ayuda que nuestro medio recibió de parte de vecinos y comerciantes, cansados de recurrir a organismos del estado y no obtener ninguna clase de solución, ni perdurable ni tampoco provisoria.
No romantizamos ni demonizamos: Simplemente describimos en estas siguientes líneas una realidad tan lamentable, decadente como tangible, que conlleva los efectos de marcado deterioro físico, mental y moral de estas personas que soportan una prolongada situación de calle, en contraposición al derecho básico de vecinos y comerciantes a vivir en paz y desarrollar sus labores con un menor margen de peligro e inseguridad, real y cotidiana.
Como señaláramos, en el barrio que rodea al hospital municipal de Morón pululan varias personas en situación de calle. Todos atravesando condiciones inhumanas de existencia, arrastrando las devastadoras consecuencias de ello, junto al consumo sistemático de diversas adicciones, diarias crisis nerviosas (al parecer, también de salud mental) muy lejos del alcance de un autocontrol y ausencia absoluta de la más mínima regla de higiene y convivencia ciudadana, que conforman un marco espantoso para transeúntes, frentistas y comerciantes que, tasa municipal al día y en mano, hablaron con este cronista en numerosas ocasiones para exponer al detalle la incómoda y de a ratos, pestilente escenografía con la que conviven desde hace incontables años.
Un drama de muy vieja data
Cuando uno camina por las distintas calles que conforman un micro-barrio más o menos delimitado entre Avenida Yrigoyen y primeras cuadras de Arenales, Curupaytí, Vicente López y Boquerón, no creería que se encontraría con tamaño malestar y sensación de inseguridad entre numerosos vecinos y vecinas. Pero así sucede, en efecto. Y con probadas razones.
Mate en mano, en una glacial mañana de inicios del presente mes, nos entrevistamos con algunos comerciantes y vecinos que habitan muy cerca del cruce entre Montes y Córdoba, y me testimoniaron las siguientes cuestiones, que hacen al entendimiento desde dónde surge esta problemática irresuelta (por razones de seguridad, ninguno de ellos quiso que expusiéramos sus nombres, por lo cual reservamos el derecho a su privacidad):
“Desde lo que recordamos, el tema comenzó así: cuando el país se «murió» en el 2001, mucha quedó en la calle, por entonces el hospital de Morón se convirtió en un hospedaje de gente pobre y también de malandras. Un poco de todo. Dormían en cualquier lado, entre cartones, sillas y hasta en el piso. Como suele suceder, tarde o temprano el tema desmadró, se había vuelto cualquier cosa, ponían la música a todo volumen, se vestían y desvestían en los pasillos, y los baños ya no se podían utilizar”.
… “Tiempo atrás la situación se puso más picante aún, empezaron a faltar cosas, tanto dentro como fuera (del hospital): se sucedieron robos en toda esta zona, y ahí se tomaron algunas decisiones contundentes”
Entre las decisiones que mencionan, se expulsó a esas personas del nosocomio y también de estas cuadras del barrio, según indica José… pequeño comerciante muy cercano al área central del conflicto. Y subraya: “Algunas de esas personas desaparecieron y otros hicieron rancho en las veredas del hospital. El alcoholismo era constante. De hecho, seis o siete de ellos (los peores y más violentos) acamparon a pocos metros de los comercios de esa cuadra, y a uno de los laburantes a cargo de uno de esos negocitos de barrio, le ´fichaban´ continuamente sus movimientos, hasta que un buen día, le ´afanaron´$200.000”
Momento exacto en que uno de los vecinos denunciantes es intimidado con un arma blanca por una de estas personas en situación de calle, al grito de «animáte a llamar a la policía, animáte…!»
La gestión prometida, versus la inacción concretada
Añade Claudio, frentista de ese pago moronense: “Los tipos estaban armados. Uno de nosotros habló con diversos actores de la vida comunitaria local: Por caso, con el jefe de Seguridad de la zona, con el jefe de calle, con la UGC 1 varias veces… con el político que maneja el barrio (sic). En la UGC estuvimos 25 minutos ´a los gritos pelados´. Nadie nos brindó la más mínima respuesta” protestan, si bien muestran copias de la recepción de sus reclamos en dicha área distrital, mientras la mañana avanza y el solcito invernal engaña un poco las bajas temperaturas. A todo esto, divisamos a una de estas personas, femenina, en situación de calle, delirando a los gritos echada sobre el medio de la vereda en calle Monte, rodeada de mugre y probablemente orines y materia fecal, entre otras cuestiones.
La historia que me narran, en un marco de enorme angustia, prosigue así: “Esos tipos estuvieron ahí apostados unos tres meses, la convivencia se volvió inaguantable. Una mañana llegué a mi laburo y ya no estaban: en un operativo la policía los levantó de ahí, pero… Se instalaron en la cuadra de Córdoba entre Balcarce y la avenida (Yrigoyen)”.
Esto es, se movieron a menos de 200 metros de donde habían sido denunciados.
Inacción que deriva en irracionalidad vecinal
Cansados de la situación y de la ausencia de soluciones que, como reclaman estas mismas personas, brinden el derecho a una vida digna tanto a vecinos y comerciantes como una solución efectiva a esas personas en situación de calle, se supone que personas que viven en las cuadras donde se habían mudado esos mencionados compatriotas sin techo, les prendieron fuego los colchones y escasas pertenencias.
Entonces, lo que se pudo haber hallado vías de solución desde hace años, ante la incertidumbre y el hartazgo y la desesperación de una convivencia que incluye amenazas con armas blancas y golpes, cuadros de consumo de diversas adicciones y relaciones sexuales en plena vía pública, focos de contaminación constantes… decidieron encarar el peor de los caminos, al estilo del Far West del siglo XIX, y ejecutaron justicia “popular” para “persuadir” a esas personas que se vayan a otro barrio.
Retomo las declaraciones de los vecinos que acudieron al semanario Huellas para buscar que alguien arroje luz sobre esta realidad que les toca vivir día a día, y que pareciera no formar parte de la agenda política de ninguna fuerza interviniente en este marco electoral: “Desde ese momento fueron desapareciendo uno a uno, hasta que ahora quedan pocos, entre ellos la femenina” que recientemente supo amenazar, cuchillo en mano, a más de un transeúnte.
Extracto de la recepción de la denuncia vecinal ante autoridades pertinentes de la UGC Nº1 de Morón
Una solución menos que a medias
El Juzgado de Familia Nº1 de Morón ha tomado cartas en el asunto respecto a las numerosas denuncias contra la mujer que vive en la vereda y evidencia continuos brotes psicóticos y amenazas constantes a vecinos y comerciantes. Allí se acercaron vecinos, presentaron evidencias, materiales fotográficos y las debidas explicaciones para que se tomen las medidas correspondientes.
En presencia de quien redacta estas líneas, se montó un pequeño operativo policial, y llevaron a esta persona a realizarle diversos estudios en el hospital Posadas. Allí se llevó a cabo una evaluación interdisciplinaria en salud mental.
En el informe judicial, que se encuentra en poder de los denunciantes de la problemática, y que mostraron a Huellas, se espeta que: “A los fines establecidos –ut supra- considerando que se desconoce el domicilio exacto de Carolina (apellido), hágase saber al personal de Acción Social del municipio de Morón que deberán arbitrar los mecanismos para efectuar el cumplimiento de la manda judicial, debiendo presentarse en el lugar donde se encuentra la misma para el cumplimiento de la evaluación ordenada”.
Posteriormente, la llevaron a la Casa de Abrigo, sita en San Martín al 900 donde le ofrecieron quedarse, pero la mujer decidió irse. A las pocas horas, estaba nuevamente afincada en la vereda sobre calle Monte, frente al hospital. Unas pocas horas alejada del árae donde fuera reiteradas veces denunciada, y un poco de aseo circunstancial, esa fue la resultante básica tras tamaño operativo. Cabe destacar que la determinación para llevarla a la casa de Abrigo fue operada desde el Juzgado de Familia, y articulado con personal municipal.
De momento, todo el resultado se revela en su propia impotencia, ya que la mujer ahora expone mayor encono y accionares violentos contra los vecinos que, probablemente ella sospecha como sus denunciantes, y en caso que se avance en las visitas evaluatorias, ello puede conllevar bastante -y demasiado valioso- tiempo de espera. Algo que la comunidad de esas cuadras ya está cansada de conceder. Los años pasaron, y las soluciones que pretenden no entienden de los laxos plazos del estado. Necesitan y desean soluciones inmediatas, que garanticen dignidad, estabilidad y seguridad a todas las partes involucradas.
Toma fotográfica reciente, lunes 11 de agosto a primera hora de la mañana. Nuevos compatriotas sin techo que llegan con sus últimos enseres a «vivir» malamente frente al hospital municipal de Morón. Una historia de nunca acabar.
Y mientras tanto… la pesadilla se acrecienta
Esta mañana, mientras terminaba de redactar estas líneas explicativas de lo que acontece en ese barrio, volví a recibir una llamada de uno de estos vecinos, para mencionarme que acaban de sumarse otras personas sin techo a dormir sobre calle Córdoba. Las definió como “tres camas-tumba… personas que sólo esperan que les llegue la muerte”. Estremece al redactor, la visión de los materiales fotográficos recibidos, los testimonios escuchados, mucho de todo lo cual por decoro y sensibilidad humanitaria, decidimos omitir en esta nota.
Lo concreto es que con cada sacudón financiero a escala nacional, está claro que estos cuadros empeoran y se multiplican más y más.
Entre la lentitud de unos, la inacción de otros, la desesperación de éstos y la rendición existencial de aquellos… el panorama luce sombrío. Y tras la fachada amable de esas calles con un suave sol invernal, se esconden noches donde los demonios esparcen toda su obra, y entre alaridos y horrores, edifican una convivencia, a todas luces, ya imposible.




