Javier Milei se negó a borrar un posteo en Twitter donde insultaba a un pibe autista, por todos conocidos, educado, brillante, de apenas 12 años de vida: Ian Moche.

El presidente de la Argentina, tal su estilo y condenable comportamiento cotidiano, se puso muy por debajo, ética y moralmente, de un chico de 12 años, lo maltrató públicamente, y ahora tiene el absoluto descaro de argumentar que lo hizo desde su cuenta personal y que no representa al Estado, ni a su cargo como mandatario, sino que es un espacio privado. En un escrito judicial, sostuvo que el contenido está amparado por la libertad de expresión y calificó la demanda como ideológica y carente de sustento jurídico.

La madre de Ian consideró que “la libertad de expresión tiene un límite, y el límite está en agredir”. Explicó que tras los insultos de Milei se desató una especie de “cacería de brujas”: acoso, exposición de su domicilio, y revelación de datos personales: “Solo pedimos que retire la foto de mi hijo y que se entienda que es un menor”, afirmó en Radio Splendid.

¿Qué más añadir a lo que cualquier buen ciudadano o ciudadana pueda pensar de todo este despropósito en el que se arroja de cabeza y sin frenos el presidente que nos gobierna?

En este medio nos declaramos #FanasDeIan

Por c2002403

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